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"Colombia está cansada y el discurso de Uribe se agotó"

El presidente de los abogados colombianos denuncia que los asesinatos de sindicalistas continúan pese a las promesas del Gobierno

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Su trabajo de abogado laboralista es ingrato en un país donde los sindicalistas son objetivo prioritario de los paramilitares. A pesar del miedo que le embarga, Suárez afirma que Colombia no tardará en salir de la época oscura en la que se encuentra.

¿Cuántos sindicalistas fueron asesinados en 2008?

43, que deben ser sumados a los 2.700 que han muerto en los últimos 25 años por acciones de paramilitares. La presión internacional ha logrado que la fiscalía inicie investigaciones para esclarecer los casos y que se haya creado un cuerpo especial para estudiar estos crímenes. Con todo, la impunidad supera el 95%, ya que hasta hoy se han juzgado sólo 48 casos y la mayoría de los imputados son absueltos. El paramilitarismo es terrible. Aún no conocemos su final.

Pero el Gobierno asegura que acabó con el proceso de desmovilización abierto en 2005.

Se dice que se desmovilizaron 30.000, pero la realidad es que muy pocos de ellos se incluyeron en el proceso. La mayoría de ellos regresó a la ilegalidad con el nombre de su grupo cambiado. Las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) se llaman ahora Águilas Negras.

El asesinato de sindicalistas se ha convertido en el gran obstáculo que tiene Uribe para arrancar la firma del Congreso de EEUU al Tratado de Libre Comercio (TLC). ¿Perciben algún cambio en el Gobierno colombiano para acabar con la impunidad de esos crímenes?

La centrales obreras colombianas viajaron a Washington para denunciar esta situación. Once senadores mandaron una carta a Álvaro Uribe mostrando su preocupación por la situación de los derechos humanos en Colombia. Uno de los firmantes de la misiva era Barack Obama.

¿Qué esperanzas albergan de la nueva Administración estadounidense?

Esperamos que presione a mi Gobierno para que cesen las acciones que violan los derechos humanos.

Algunas organizaciones sociales han denunciado que el Gobierno reacciona a sus críticas con falsas acusaciones de apoyar a las FARC, lo que les pone en el punto de mira de los paramilitares, ¿coincide con estas apreciaciones?

Absolutamente. Uribe intenta con sus falsas imputaciones estigmatizar a un movimiento civil que lucha por las mejoras laborales, por la seguridad social, por una educación digna, por una sanidad, por el respeto a los derechos indígenas sobre la tierra y el medio ambiente. En Colombia quien critica a Uribe es tildado de cómplice de la guerrilla.

El pasado año fue especialmente conflictivo en Colombia a nivel laboral. Hubo huelgas sindicales y manifestaciones multitudinarias contra la política económica del Gobierno. ¿Comienza el conflicto social a desplazar a la guerra?

Nosotros esperamos que la justicia de las protestas sociales hagan variar la posición del Gobierno. Pero Colombia es un país muy especial porque el Gobierno es dueño de los principales medios de comunicación. Lógicamente, esto influye negativamente en el nivel de conocimiento político de la sociedad. Somos un país desinformado, sin contraste. El pueblo está cansado del conflicto y el discurso guerrerista de Uribe se agotó. Ahora somos cada vez más los que estamos al margen del enfrentamiento armado y exigimos mejoras laborales, justicia para todos. Democracia, pues.

¿Cuál es la realidad económica de Colombia?

Mientras el Gobierno invierte casi el 5% del PIB del país en defensa, el sistema de salud, la educación pública o las infraestructuras del país están cada vez peor. Hay colectivos, como el de recolectores de caña de azúcar, que viven en un régimen semiesclavista. Las transnacionales no saben lo que es la responsabilidad social corporativa. Los servicios públicos están privatizados. No existen los convenios laborales. No está permitida la libre sindicación. Bajo la máscara de la guerra a las FARC, el Gobierno esconde un sistema muy poco democrático en cuestiones laborales y económicas. Y lo peor es que los medios de comunicación lo amplifica.

¿Tan difícil resulta que la lucha sindical tenga un espacio en los periódicos?

Sí, claro. El gran diario del país tiene vinculación con el vicepresidente del Gobierno. Un ejemplo fue la Minga indígena de noviembre una marcha de miles de campesinos en demanda de sus tierras ancestrales comenzó a tener repercusión real cuando el Ejército mató a varios de ellos.

Al poco tiempo de llegar al poder, Uribe realiza una reforma laboral para aumentar el rendimiento productivo en el país y crear empleo favoreciendo la inversión internacional. ¿Qué resultados ha obtenido?

Desde el punto de vista del trabajador, el resultado ha sido nefasto. Se han destruido miles de empleos, se rebajó el coste del despido, se aumentó la jornada laboral, se ha bloqueado el estatuto del trabajador, el propio Estado contrata sin protección social de ningún tipo.

Sin embargo, todo el mundo habla de Colombia como un país sólido para la inversión porque su economía está preparada para encarar la crisis global.

La economía colombiana creció hasta 2007, pero no tuvo repercusión sobre el empleo ni sobre el poder adquisitivo de los ciudadanos. Las transnacionales españolas, sobre todo los bancos, han ganado cantidades astronómicas que ya las han girado fuera del país.

¿Cómo afectará la crisis en Colombia?

Mi impresión es que será dramática. Sólo la oligarquía tradicional será favorecida y las clases medias perderán poder adquisitivo.

¿Tiene usted miedo?

Todos los que trabajamos en el mundo sindical y defendemos los derechos humanos tenemos miedo. Salimos de casa, pero no sabemos si regresaremos.