Publicado:  11.11.2011 10:20 | Actualizado:  11.11.2011 10:20

Condenado un sargento de EEUU por ejecutar a civiles en Afganistán

Calvin Gibbs se enfrenta a una pena máxima de cadena perpetua sin libertad condicional

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Un tribunal militar ha declarado culpable al sargento estadounidense Calvin Gibbs de asesinar a civiles desarmardos y cortarles los dedos para guardarlos como trofeo mientras lideraba un pelotón "fuera de control" en la provincia afgana de Kandahar.

Gibbs se enfrenta a una pena máxima de cadena perpetua sin libertad condicional. El tribunal, compuesto por cinco miembros, ha declarado a Gibbs culpable de los 16 cargos que pesaban contra él —entre los que destacan el asesinato de civiles, conspiración y agredir a un compañero— después de una investigación de 18 meses. También ha sido declarado culpable de violar el código del Ejército al amputar los dedos a los cadáveres.

Durante el juicio se han mostrado varias fotografías en las que se podía ver a Gibbs y otros soldados posando al lado de varios cadáveres ensangrentados, lo que provocó paralelismos con la publicación de varias fotos sobre abusos a presos en la cárcel iraquí de Abu Ghraib en 2004.

El sargento Gibbs eligió a las tres víctimas al azar y entre todos las ejecutaron

La investigación, que comenzó por el consumo de drogas en una división, apunta a que los militares tenían la costumbre de mutilar a sus víctimas para llevarse recuerdos de sus actos. De hecho, uno de los soldados implicados, Jeremy Morlock, reconoció ese mismo mes que se habría llevado consigo un dedo de uno de los cadáveres.

Asimismo, Morlock agregó que Gibbs eligió a las tres víctimas al azar, después todos participaron en su ejecución y al finalizar lanzaron granadas contra un muro para poder presentar sus muertes como bajas en combate.

Gibbs era el cabecilla del Equipo asesino, tal y como se denominaron ellos mismos. Una de sus víctimas fue Gul Mudin, hijo de un agricultor de la provincia afgana de Kandahar. Mudin se acercaba desarmado a las afueras de su aldea, La Mohammed Kalay, en enero de 2010, cuando el soldado Morlock arrojó una granada al suelo para crear la ilusión de que el joven era un talibán. En ese momento, otros militares abrieron fuego contra el afgano, matándolo en el acto.

Después, los miembros del autodenominado Equipo Asesino se jactaron de la muerte de Mudin y planearon otras. 

Gibbs ha mantenido su inocencia a lo largo de todo el juicio y ha argumentado que dos de los asesinatos fueron en defensa propia y que no jugó ningún papel en el otro. Además, negó haber colocado armas cerca de los cadáveres para hacer pasar a los civiles por combatientes.

El grupo agredió y amenazó a un compañero que les denunció por uso de drogas

Gibbs hizo un alegato en defensa propia el pasado viernes en el que aseguró haberse "disociado" de sí mismo durante sus acciones en combate y vinculó la amputación de los dedos de los cadáveres con cortar la cornamenta a un ciervo como trofeo de caza.

Sin embargo, el fiscal militar Dan Mazzone ha afirmado que Gibbs mató simplemente porque quería matar. En este sentido, ha añadido que el acusado lideró a un grupo de soldados que agredió y amenazó a un compañero que denunció el uso de drogas en la unidad.

En marzo, Morlock, de 23 años de edad, fue condenado a 24 años de prisión. En agosto, Adam Winfield, también de 23 años, fue condenado a tres años de cárcel, mientras que en septiembre, el tercero de los acusados, Andrew Holmes, de 21 años de edad, fue condenado a siete años de cárcel.

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