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"Condéneme aquí a 20 años"

La fiscalía mantiene la petición de expulsión del joven kurdo que lanzó un zapato a Erdogan

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'Si me expulsan, que no sea a Siria, o condéneme aquí a 20 años', fue lo último que dijo ayer al juez Ohkman Joma, el joven kurdo con pasaporte sirio, que el pasado febrero en Sevilla lanzó un zapato, de la talla 39, al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. Ayer se celebró el juicio por el zapatazo, que quedó visto para sentencia, y en el que la fiscalía mantuvo su petición de tres años y ocho meses de prisión, sustituibles con la expulsión, por un delito de atentado contra la autoridad y otro de resistencia grave, con el agravante de ser contra la comunidad internacional. La defensa pidió la absolución.

Una nube de fotógrafos recibió a Joma, de 27 años, a las puertas de los juzgados. Dos amigos kurdos y algunos activistas sociales intentaban animarlo con aplausos y gritos. Entró en la sala de vistas cabizbajo, con semblante serio y nervioso, y con la misma camisa blanca y azul con la que recibió a Público en la cárcel, en la que permanece desde que decidió lanzar el zapato que le gustaría recuperar y que la justicia aún no le ha devuelto. Joma rehusó el uso de intérprete y habló en español, tal vez para demostrar que tiene arraigo social. La jueza aludió en su día a la supuesta falta de arraigo para enviarlo a la cárcel.

'Expulsarme a Siria es condenarme a muerte', explicó Ohkman Joma

Los dos policías que participaron en su detención fueron llamados por el juez como testigos. Explicaron, por videoconferencia, que el zapato no impactó en el primer ministro turco y que el activista kurdo fue 'barrido por la espalda' en un intervalo de tiempo de 'dos segundos'. Ya en el suelo, tras mostrar una resistencia calificada por uno de ellos como 'de leve a moderada', fue engrilletado. En ese momento intervino uno de los escoltas de Erdogan, que tapó la boca, la nariz y los ojos de Joma para que no siguiera gritando en contra del primer ministro y a favor del pueblo kurdo. Uno de los policías recordaba esta intervención, el otro no.

El abogado defensor, Luis Ocaña, basó su alegato en que el lanzamiento del zapato es un acto 'amparado por la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Constitución Española: la libertad de expresión'.

El acusado dijo al juez que nunca quiso hacer daño físíco a Erdogan, sino llamar la atención 'para que los europeos sepan de la situación del pueblo kurdo'. También explicó, nervioso, que si lo expulsan a Siria será como condenarlo a muerte, algo que repitió al juez en varias ocasiones.

'Es increíble que la fiscalía sea más dura que la justicia en Iraq', dijo a las puertas del juzgado Ocaña, en referencia al periodista iraquí Muntazer al-Zaïdi, que lanzó un zapato contra el entonces presidente de Estados Unidos, George Bush, por lo que fue condenado a un año de prisión.