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Un conflicto global atizado por el fanatismo

Las causas del enfrentamiento religiosos

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¿Por qué es tan grave para un musulmán quemar un Corán?

'Noble'. 'Glorioso'. 'No creado'. Para los musulmanes, el Corán es la palabra de Dios revelada al profeta Mahoma. La doctrina musulmana clásica cree que el Corán no fue creado y que siempre ha existido, como parte de la unidad de Alá; por ello debe ser tratado con la mayor reverencia. Antes de tocarlo, los fieles deben efectuar una ablución, como recomienda la sura 56:77-79, que dice: 'Pues este es en verdad el honorable Corán, el libro bien conservado, que nadie podrá tocar salvo quienes son limpios'. El creyente no puede tampoco llevar el libro a un lugar impuro (por ejemplo, el baño) y, cuando no lo lee, debe colocarlo en una estantería o en un atril. El respeto hacia el Corán es inseparable de la fe religiosa de muchos musulmanes, que consideran cualquier atentado contra una de sus copias como una grave blasfemia equiparable a la de insultar a Alá.

Cuando en 2003 George W. Bush promete a los iraquíes liberarlos de la dictadura de Sadam Husein, las opiniones de la población de los países de Oriente Próximo ya son muy críticas con la política de Estados Unidos, aliado de Israel desde su creación en 1948 y maestro de ceremonias en la guerra de Afganistán desde 2001. En un país como Arabia Saudí, fiel aliado de Washington y considerado la cuna del islam radical tras el 11-S, las encuestas muestran una población cada vez más antiestadounidense. A lo largo de los años, los sueños de democracia no se hacen realidad ni en Irak ni en Afganistán. El escándalo de la prisión de Abu Ghraib, donde son torturados presos iraquíes por soldados estadounidenses, causa la indignación de Occidente y refuerza los sentimientos anti EEUU en los países islámicos. La base estadounidense de Guantánamo (Cuba), donde permanecen aún 95 presos supuestos miembros de Al Qaeda, es otro ejemplo.

En 1993, dos años después del fin de la Unión Soviética, el profesor de política de la Universidad de Harvard Samuel Huntington define en la revista ‘Foreign Policy' una nueva teoría de las relaciones internacionales para sustituir la Guerra Fría. Según Huntington, los nuevos actores son las civilizaciones, y las tensiones que sacudirán el mundo seguirán modelos culturales y religiosos. Las 'civilizaciones' de Huntington son las ocho siguientes: Occidente (Europa del Oeste, América del Norte, Australia y Nueva Zelanda, de cultura cristiana); el mundo islámico (se distingue entre turcos, árabes, persas y malasios); la civilización china (se incluye Corea, Vietnam y Filipinas); la japonesa; la hindú (India y Sri Lanka); la latinoamericana; la africana y la ortodoxa (Rusia, Europa del Este, Grecia).

El salafismo es, según la profesora de Estudios Islámicos Luz Gómez García, 'la ideología internacionalista que propugna la instauración de un orden islámico universal que recupere las esencias del islam, hoy en día corrompidas'. En la práctica, es la ideología en la que se basan grupúsculos que defienden la lucha armada en el nombre de Alá. Los más radicales se distinguen del wahabismo, corriente conservadora del islam suní practicado en Arabia Saudí. Los partidarios de otras ramas del islam critican a los salafistas por seguir al pie de la letra el texto del Corán. Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, los ataques terroristas se han multiplicado en países islámicos, donde los grupos radicales pretenden derrocar a líderes (muchas veces dictadores) respaldados por Occidente.

El takfirismo es la corriente más radical del salafismo yihadista: la que practica Al Qaeda. Esta ideología mesiánica parte de la idea de que la decadencia del mundo musulmán y el debilitamiento de la Umma (la comunidad de creyentes) es el resultado del alejamiento de la religión de los propios musulmanes. Para los takfiristas, todo musulmán que no sigue su interpretación fanática del islam es un impío y, por lo tanto, debe ser asesinado, al igual que los infieles. Por ello, estos fanáticos atentan sin reparos también en países musulmanes. En realidad, los takfiristas violan el precepto del Corán que prohíbe a los seres humanos juzgar a sus semejantes: 'El juicio pertenece sólo a Alá'.

El 18% de los americanos creen que Obama es musulmán

Los grupos de ultraderecha, fundamentalistas cristianos (a menudo evangélicos como el pastor Jones), están representados en el ala más conservadora del Partido Republicano. Estos colectivos, claramente islamófobos, asimilan al conjunto de los musulmanes con los terroristas yihadistas. Ya antes de la llegada de Obama a la Casa Blanca, la ultraderecha norteamericana aprovechó que el padre del entonces candidato demócrata era musulmán para dar pábulo a los rumores sobre su religión. Una vez en la Casa Blanca, las maledicencias sobre la fe del presidente nunca han cesado, alimentadas por movimientos ultraconservadores como el Tea Party, uno de cuyos iconos es Sarah Palin. Este movimiento, que está consiguiendo radicalizar a todo el Partido Republicano, es tan conservador que tilda al liberal Obama de socialista 'sovietizante'. Pero sus proclamas llegan al estadounidense medio. Una encuesta del Pew Research Center de julio arrojó un resultado sorprendente: casi uno de cada cinco encuestados (18%) creía que el presidente es musulmán, mientras que sólo el 34% lo identificaba correctamente como cristiano.

Jones no es el primer fanático que decide quemar un Corán, pero sí es el primero que ha tenido tanta repercusión mediática. Entre julio y agosto, concedió 150 entrevistas, según ‘The New York Times'. Este diario recordaba ayer cómo lo que empezó con la amenaza de un fanático se ha convertido en un serio problema a causa de la bola de nieve que echaron a rodar los medios.