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Conflicto israelí-palestino Trump pone sobre la mesa un plan ambiguo para desatascar la negociación entre israelíes y palestinos

Unas de las promesas que Donald Trump hizo al entrar en la Casa Blanca en enero es resolver el conflicto entre israelíes y palestinos. Seis meses después, el presidente americano afina un plan que deja a Estados Unidos fuera de las negociaciones y que deposita toda su esperanza en una negociación directa que siempre ha fracasado.

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Donald Trump y el Primer Ministro de Israel Netanyahu. REUTERS/Ronen Zvulun.

La administración de Estados Unidos está ultimando un plan para la negociación entre israelíes y palestinos que se anunciará próximamente. El plan es demasiado ambiguo y deposita todas sus esperanzas en una negación bilateral directa entre las dos partes en conflicto, un experimento que ha fracasado una y otra vez durante el último cuarto de siglo, desde la Conferencia de Madrid de 1991.

Revelado por el diario Al Hayat, el plan contempla la creación de cinco comités bilaterales y separados que a lo largo de dos años discutirán las cuestiones centrales del conflicto: las fronteras, Jerusalén, la seguridad, los asentamientos judíos y el agua.

Según el rotativo de Londres, Donald Trump y su administración no intervendrán en las negociaciones y dejarán que las dos partes se entiendan entre ellas, de manera que israelíes y palestinos discutirán entre ellos los detalles de las negociaciones con el fin de llegar a un acuerdo en cada una de las mesas.

En medios palestinos se señala con decepción que la iniciativa no es clara y que Israel la acepta puesto que cree que dos años es un periodo de tiempo muy largo en el que pueden pasar muchas cosas, incluso la desaparición de la actual administración de Washington. Según estos medios, el primer ministro Benjamín Netanyahu está ganando tiempo, igual que ha hecho hasta ahora, con el fin de consolidar la ocupación de grandes extensiones de terreno en los territorios ocupados.

El hecho de que la administración Trump se desentienda de presionar directamente a Netanyahu, y ni siquiera muestre deseos de participar en las negociaciones, es una señal de que el primer ministro israelí tendrá el campo libre para hacer lo que desee, según las fuentes palestinas.

El ambiguo plan ha sido elaborado por los asesores de Trump, en especial por el enviado Jason Greenblatt, quien la semana pasada completó su última gira por la región reuniéndose con Netanyahu y con el presidente palestino Mahmud Abás.
Existen dos disputas centrales que han enrarecido el clima entre Abás y Greenblatt. La primera es que los americanos no van a obligar a Israel a detener completamente la construcción en las colonias judías de Cisjordania, incluida Jerusalén Este, donde el gobierno israelí está aprobando viviendas para colonos a millares.

Jason Greenblatt, enviado especial estadounidense para las negociaciones de paz entre Israel y Palestina.REUTERS/Ronen Zvulun

Greenblatt ha prometido a los palestinos que Netanyahu frenará parcialmente la construcción, aunque ni siquiera garantiza que renuncie a nuevos proyectos, y de grandes dimensiones, especialmente en el área de Jerusalén. Greenblat ha dicho a Abás que durante los dos años que duren las negociaciones Israel ralentizará la construcción, pero no la detendrá.

El enviado especial de Trump no ha sido capaz de poner un coto preciso a esa construcción, de manera que la interpretación de la ralentización queda en manos de Netanyahu, cuya voracidad es conocida. Según Greenblatt, la construcción israelí solo se detendrá si el comité bilateral dedicado a las fronteras logra un acuerdo, algo que parece de todo punto imposible en las actuales circunstancias y con Netanyahu al timón.

El segundo punto en disputa entre palestinos y americanos gira en torno a los “mártires” y prisioneros a los que la Autoridad Palestina está pagando unos salarios. Se trata de palestinos que han muerto, y que sus familias reciben una ayuda, o que han sido condenados por tribunales militares israelíes y están encarcelados en el Estado judío. Según Abás, es “imposible” que la Autoridad Palestina acepte esa demanda debido a la sensibilidad de la población palestina en esta cuestión.

Todo indica que debido a este último punto, que Abás no puede aceptar, Greenblatt ha puesto el contrapeso de la construcción israelí en las colonias judías, dando a entender que de esta manera cada una de las partes se ve obligada a hacer concesiones a la otra.

Coincidiendo con las fuertes tensiones de los últimos tres días en Jerusalén, tras el ataque que el viernes costó la vida a dos policías israelíes en una puerta de Jerusalén cercana a la Explanada de las Mezquitas, el gobierno israelí ha aprobado este domingo una proposición que requerirá que ochenta diputados de la Kneset –es decir las dos terceras partes- aprueben una hipotética concesión sobre la ciudad santa.

El gobierno israelí simplemente es consecuente con la política que ha desarrollado en los territorios ocupados desde la guerra de 1967, y está poniendo y seguirá poniendo palos en las ruedas del proceso de paz, tal y como ha hecho siempre hasta ahora.