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A los conservadores británicos no les salen las cuentas

Los tories se equivocan en el uso de estadísticas para desacreditar al Gobierno

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Los tories necesitan urgentemente una calculadora. En su empeño por pintar una imagen tétrica de la Gran Bretaña gobernada por los laboristas, los conservadores han cogido la mala costumbre de tropezar con las estadísticas. Y lo malo es que les pillan muy rápido.

La última incursión les ha dejado en evidencia. Los conservadores denunciaron ayer la decadencia social del país y el fracaso de las promesas laboristas de conseguir una nación más igualitaria. Como muestra, presentaron un informe que incluía el escandaloso número de embarazos adolescentes.

Hablan de un 54% de adolescentes embarazadas, cuando es el 5,4%

En diez de las zonas más deprimidas de Gran Bretaña, decían, el porcentaje de chicas embarazadas de 15 a 17 años era ya del 54%, mientras que en las zonas más ricas sólo era del 19%. En el prólogo del documento, el líder de los tories, David Cameron, era contundente: 'Este informe revela la verdad: después de 13 años de Gobierno, el partido que alardea de trabajar por la igualdad ha ofrecido lo contrario. Los laboristas han dejado tirados a los más pobres'.

Lástima que a la cifra de embarazos le falte una coma, porque la real es 5,4%. La errata se repetía tres veces en el documento. Pero también se equivocaban con el 19%. Aquí la realidad también era diez veces menos dramática.

De hecho, los embarazos de jóvenes han descendido un 10,5% desde 1998, según los laboristas, aunque en 2009 hubo un leve aumento sobre el año anterior. 'Están decididos a vender una imagen negra de Gran Bretaña dijo la ministra Harriet Harman y por eso no te puedes fiar de sus números'.

El presidente del Instituto Estadístico dice que angañan a la opinión pública

Si fuera la primera vez, se podría achacar todo a un error producto de las urgencias de la precampaña. Pero hay ya unos cuantos precedentes. En febrero, el partido envió a sus sedes locales estadísticas de inseguridad ciudadana que ponían los pelos de punta. El incremento en el número de delitos era espectacular. Los tories no se habían dado cuenta, o sí pero prefirieron obviarlo, de que la forma de registrar las denuncias había cambiado en 2002. Los policías estaban obligados a computar cualquier denuncia, incluso si se refería a un perro paseando sin correa. En una intervención poco habitual, el presidente del Instituto de Estadística acusó a los conservadores de 'engañar a la opinión pública' al hacer un uso equivocado de las cifras.

En cierto modo, los laboristas se lo tenían merecido por su intento de congraciarse con la prensa sensacionalista prometiendo mano dura no sólo lógicamente contra los delitos sino también contra lo que llaman 'conductas antisociales'. Es un concepto tan amplio que puede abarcarlo todo e incluye comportamientos difíciles de solucionar a corto plazo.

Los laboristas no pueden presumir de haber conseguido una sociedad más justa que la que recibieron cuando Tony Blair ganó las elecciones de 1997. Al menos tienen a su favor las estadísticas del crimen. Aunque no siempre son fáciles de interpretar, revelan un claro descenso, un 45%, en el número de delitos, según la revista The Economist, desde que en 1995 llegaron a su punto más alto. La tendencia es similar con los delitos más graves, como homicidios y robos violentos.

David Cameron intenta vender una imagen negra de la sociedad británica

Sin embargo, la inseguridad ciudadana es también un asunto de percepción. Los británicos creen que ha aumentado en todo el país, aunque se da la paradoja de que, si les preguntan sobre su entorno, responden que ha descendido o que no es un problema serio.

En lo que coinciden es en el pesimismo sobre la situación actual de Reino Unido. Un 70% opina que vive en una sociedad 'rota', perseguida por profundos problemas sociales, según una encuesta reciente del diario The Times.

Es precisamente uno de los lemas más empleados por los conservadores. El partido de Cameron juega con el viento a favor. Sólo tiene que aprender a no hacer el ridículo con los números.