Publicado: 25.10.2015 10:07 |Actualizado: 25.10.2015 10:07

Corbyn lucha por salir de
la burbuja de Westminster

El nuevo líder laborista británico, que basa su éxito en el apoyo de los militantes de base y en concreto de los más jóvenes, aspira a construir un movimiento extraparlamentario.

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Jeremy Corbyn, durante un discurso ante los reunidos en la catedral de Manchester. - REUTERS

Jeremy Corbyn, durante un discurso ante los reunidos en la catedral de Manchester. - REUTERS

MADRID.- Jeremy Corbyn ha revolucionado el Partido Laborista y, con ello, la escena política en Reino Unido. Cuando el pasado mes de septiembre se alzó con una victoria histórica en las primarias de la formación, rozando el 60% de los votos, se produjo un hecho sin precedentes: a pesar de este apoyo mayoritario, la división dentro del partido parecía más patente que nunca.

De hecho, Corbyn únicamente consiguió el apoyo del 10% de los diputados electos. La división interna en el Partido Laborista es, hoy por hoy, una realidad materializada en el enfrentamiento entre los laboristas más conservadores, fieles a los dictados de Tony Blair ─para muchos, en realidad, una versión edulcorada de Margaret Thatcher─ y los de Corbyn, que ha sabido labrarse la simpatía de los militantes de base pero no de estos diputados electos.

Una circunstancia, por otro lado, que el primer ministro, David Cameron, aprovecha a la mínima de cambio, como demostró el pasado miércoles en sede parlamentaria cuando apuntó irónicamente que “muchos en el Partido Laborista desearían ver a Corbyn subirse en su DeLorean y regresar a 1985” (jugando con el fenómeno vivido estos días en torno a la película Regreso al Futuro).



¿Cómo consiguió, pues, alzarse como nuevo líder del partido? En gran parte, por el apoyo de los militantes de base y, más concretamente, por el apoyo de los más jóvenes que, o bien regresaron al partido, o decidieron dejar atrás su histórico desencanto por la política. Así, si en las elecciones legislativas de 2014 había unos 200.000 afiliados, para las primarias se superaron los 600.000 y desde que Corbyn fue elegido la cifra sigue incrementándose en varias decenas de miles.

Detrás de buena parte de esta reacción de los más jóvenes se esconden las políticas económicas de los conservadores de Cameron y del que se perfila como su sucesor en el partido, George Osborne, ahora al frente del ministerio de Finanzas. Así lo indica Jack Storry, responsable del área Internacional de Young Labour (las Juventudes del Partido Laborista), al afirmar que “los jóvenes se han visto afectados por la austeridad del Gobierno conservador de una manera absolutamente desproporcionada”.

Desde su punto de vista, la juventud “se ha sentido ignorada por el sistema político” y ha sido precisamente ese vacío el que ha sabido llenar Corbyn. En su opinión, el nuevo líder del Partido Laborista “ha explotado con éxito este desencanto, esta ira, ofreciendo una agenda política que es muy diferente”. Para Jack Storry, a pesar del auge de los más jóvenes, “estas divisiones internas no son realmente algo que tengan que ver con la edad, sino más bien con diferencias en la opinión política que, además, se extienden a través de todos los grupos de edad”. Con todo, no deja de ser paradójico que mientras algunos hablan de vieja política frente a la nueva política, ésta sea encarnada por un veterano como Corbyn de 66 años.

El papel de Momentum

Según explica Storry, “el verdadero reto es si este nuevo entusiasmo entre los jóvenes hacia Jeremy Corbyn tiene continuidad y puede extenderse aún más”. Esa será una de las claves del éxito porque, de otro modo y como indica el responsable del área Internacional de Young Labour, “sería demasiado complaciente pensar que la elección de Jeremy Corbyn por sí sola es suficiente para borrar el desencanto juvenil con la política”.

Corbyn en un momento de la conferencia del Partido Laborista en Brighton. - REUTERS

En este contexto nació Momentum, una red formada por los militantes de base que aspira a ser una pieza clave en este cambio social que se pretende articular. Su responsable de Comunicación, James Schneider, asegura que “pensar en algo parecido a Momentum hace sólo seis meses parecía descabellado”. Sin embargo, Schneider apunta que “las palabras de Corbyn, su mensaje, tuvo el suficiente calado para activar a mucha gente, para despertar en ellos la ilusión e involucrar a miles de personas desde las bases”.

El objetivo principal de esta red, que trata de ser un nexo de unión entre activistas y sindicalistas, es “seguir aprovechando y amplificando toda la energía que se generó durante la campaña de Corbyn para poder construir no sólo un partido más democrático, sino también una sociedad más democrática”, indica el responsable de Momentum.

El gran reto al que se enfrenta Corbyn y, en definitiva, el nuevo Partido Laborista que se está configurando, es el de consolidarse como una auténtica alternativa de Gobierno y no simplemente como un movimiento de protesta liderado por el nuevo líder, con más alma de activista que de político.

Storry está convencido de que “Corbyn tiene que ofrecer una visión positiva y optimista de cara al Gobierno de Gran Bretaña”. En su opinión, “esta visión ha de mostrar al Partido Laborista no sólo creíble desde el punto de vista económico ─las teorías bautizadas ya como Corbynomics─, sino también apasionado en su lucha contra la desigualdad y la injusticia social”. Schneider, por su parte, niega que el Partido aparezca ante los ojos de los británicos como un movimiento de protesta ahora mismo, matizando que “es cierto que estamos en contra de la austeridad, pero presentamos una alternativa real, otro modo de hacer una economía mucho más equilibrada”.

El fantasma del marxismo

Paul Mackney es uno de los sindicalistas históricos de Reino Unido, enemigo declarado de la austeridad, no sólo de la impuesta por los tories, sino también desde Bruselas. De hecho, Mackney es uno de los que ha encabezado uno de los movimientos más activos en Reino Unido en solidaridad con el pueblo griego.

Para este sindicalista no cabe la menor duda de que “Corbyn hará muchísimo más que cualquier otro líder laborista que le ha precedido en la izquierda británica”. Desde su punto de vista, el riesgo de caer en ese rol de activista pero no de gobernante se diluye con apariciones en escena como la de Momentum. Mackney asegura que “no existe tal riesgo o, al menos, siempre y cuando él y sus partidarios sean capaces de construir y sostener el movimiento extraparlamentario, no centrándose sólo en la burbuja de Westminster”. Y ahí, definitivamente, entrarían en juego actores como esta red de militantes de base.

En ese sentido, Storry afirma que “tendrá que analizar exhaustivamente las razones por las que mucha gente no votó por el Partido Laborista en las últimas elecciones de mayo y, en función de eso, desarrollar una agenda para volver a ganar de nuevo”. En cuanto al temor de las clases medias de que la subida del Partido Laborista pueda llegar a perjudicarles, sentimiento provocado por cómo, incluso dentro de su formación, se han agitado los fantasmas del marxismo –considerado una amenaza en una de las cunas del capitalismo-, Mackney cree que la clave está en que “Corbyn apele tanto a su sentido de la justicia como de su propio interés, ya que también están siendo estafados por el 1%”.