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Costa de Marfil acude a las urnas contra la guerra civil

Son los primeros comicios desde el golpe militar de 1999

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'Ve a votar, no faltes', le dice el joven al viejo que se levanta, terminado su café en el único puesto de desayuno colectivo que abrió en una calle de Abiyán, la capital económica de Costa de Marfil. A escasos metros, permanece cerrado el colegio electoral. Una larga cola de gente espera las elecciones. Ya han aguantado cinco años. Era en 2005 cuando se habían previsto los comicios presidenciales que los 5,7 millones de votantes marfileños vivieron sin incidentes. Todos los colegios electorales del país africano abrieron a las siete de la mañana.

En Costa de Marfil, la cuestión de la identidad es delicada y ha suscitado muchos problemas. Hay muchos extranjeros de los países vecinos que respaldan a Alassane Ouattarra, candidato opositor con un potente apoyo popular. Pero difícil es medir su impacto en las urnas, porque muchos critican sus orígenes extranjeras (Burkina Faso). Al lado de Henri Konan Bedié, es el único de los 14 candidatos capaz de hacer sombra a Laurent Gbagbo, el presidente saliente convencido de su reelección.

Una decena de policías con sus metralletas custodian los alrededores de un colegio de Cocody, un barrio acomodado de Abiyán; en un cruce de Youpougon, la zona popular, son tanques de las Naciones Unidas los encargados de mantener la seguridad. Todas las fuerzas armadas del país e internacionales se han desplegado para sofocar disturbios, aunque más que las votaciones en sí son los resultados lo que más teme la población.

Incluso las Fuerzas Nuevas, la formación insurgente que ha mantenido el norte del país bajo una administración (militar) paralela a la central durante ocho años, ha contribuido a la operación de seguridad a través del Centro de Mando Integrado (CMI), que desplegó a 4.000 soldados a lo largo del país. El CMI es un aparato representativo de la situación en el país y del proceso lento hasta los comicios. Uno de los objetivos principales para lograr la reintegración era llegar a la fecha electoral habiendo unificado los rebeldes con el ejército, algo que no se logró.

Los propios marfileños no se atreven a hacer previsiones. En 1999 no se esperaba un golpe de Estado, y ocurrió. En 2002 nadie imaginaba que una revuelta pudiera partir en dos el país y dejarlo fraccionado durante ocho años, y sucedió. Acostumbrados a los aplazamientos de elecciones, los marfileños no querían dar por sentando que este domingo sería real, y lo fue. Si se vuelve a la prosperidad o a la violencia, no se sabrá hasta que salgan, el miércoles día 3, los resultados oficiales.