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Crece la inquietud en Israel por la campaña de sanciones y boicot

El debate del pasado viernes en Zúrich sobre la suspensión de Israel de la FIFA se enmarca dentro de la campaña de boicot por la ocupación de Palestina, un fenómeno preocupante para Israel que crece día a día, aunque está lejos de representar una amenaza real para el Estado judío.

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Pintada de la campaña de Boicot a Israel./ Foto vía Haaretz.com

JERUSALÉN – Funcionarios del gobierno israelí señalan que la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) “todavía no está causando ningún daño al mercado israelí”, aunque reconocen con inquietud que “si sigue por el mismo camino pronto representará una amenaza para el Estado, incluso una amenaza existencial”, una opinión que otros ven como una exageración intencionada.

El ministerio de Exteriores acaba de solicitar al primer ministro Benjamín Netanyahu que adopte con urgencia medidas excepcionales que permitan a los funcionarios hacer frente a la campaña. Entre las peticiones figura una que contempla dedicar un mayor peso a los servicios de inteligencia para que trabajen coordinados con Exteriores específicamente en todo lo relativo al BDS.

Mientras tanto, el recurso al antisemitismo clásico es recurrente en las declaraciones de los líderes israelíes y está detrás de la misma declaración que hizo Netanyahu el domingo: “En el pasado dijeron todo del pueblo judío: que somos la fuente de todos los males del mundo y que nos bebemos la sangre de los niños palestinos. Hoy también dicen eso de nosotros. Pero eso no era verdad entonces ni es verdad ahora”.

El fenómeno BDS que se inició hace diez años ha ido cobrando ímpetu con el tiempo, especialmente en Estados Unidos y Europa, donde la permanente y brutal ocupación militar de Palestina ha suscitado reacciones contrarias en numerosos ámbitos, incluso entre los judíos de la diáspora de orientación progresista.

Según la controvertida Liga Antidifamación (ADL), durante el curso académico que ahora termina, en las universidades de Estados Unidos se han registrado 520 actos “contra Israel”, un 38 por ciento más que durante el curso pasado, “actos” que se califican sistemáticamente de “contra Israel” o “antisemitas”, por razones de propaganda, y no como contrarios a la ocupación.

El número de universidades de todo el mundo que celebran anualmente la “Semana contra el apartheid” de Israel se ha incrementado notablemente. Durante este curso se ha señalado esta semana en 160 universidades, lo que significa un aumento sustancial que probablemente está relacionado con la invasión de la Franja de Gaza del verano pasado.

En el Reino Unido 400 profesores han firmado una carta exigiendo el boicot de Israel hasta que termine la ocupación. Además, 700 artistas británicos de todas las disciplinas se han comprometido a boicotear al Estado judío hasta que ponga fin a la ocupación.

Aunque este tipo de acciones representan un engorro para las autoridades israelíes, hasta el momento no les han hecho mucho caso puesto que saben que el boicot no será efectivo a menos que lo asuman directamente los Estados, como ocurrió con Sudáfrica, lo que no parece estar en el punto de mira de los dirigentes europeos o de Estados Unidos.

Pegatinas de la campaña de boicot al apartheid israelí./ Foto Tapash Abu Shaim/Palestine Solidarity Campaign UK vía Facebook

La Unión Europea ha decidido etiquetar (pero no boicotear) los productos procedentes de las colonias judías. Es una amenaza que ha pesado durante años y parece estar próxima a ejecutarse, pero al no prohibirse la entrada en Europa de esos productos parece difícil que tenga repercusiones en la economía israelí.

Es del todo punto inimaginable que Angela Merkel, David Cameron o François Hollande decidan boicotear a Israel. Al contrario, todos ellos frenan sin descanso cualquier iniciativa de Bruselas en ese sentido, y la campaña BDS, por más que crezca, nunca tendrá la suficiente fuerza como para causarle daño a Israel tal y como se ha desarrollado hasta ahora.

En Estados Unidos la situación es todavía menos halagüeña para los defensores del BDS. Las administraciones demócratas y republicanas no están dispuestas a mover un dedo en ese sentido. Ni lo han hecho en el pasado ni lo harán en el futuro. Al contrario, la ayuda de Estados Unidos a Israel no para de crecer en todos los ámbitos, especialmente en el militar.

Ciertamente hay situaciones que se salen de la regla, pero siempre a un nivel personal, como por ejemplo la de Max Blumenthal, hijo de Sidney Blumenthal, uno de los asesores más estrechos de Hillary Clinton, que se ha convertido en uno de los principales activistas judíos contra el apartheid israelí.

Hay incluso un número pequeño de judíos americanos que han participado en los cursos de liderazgo que promueve Israel que han cruzado la línea y han pasado a denunciar la ocupación con tanto ímpetu como cualquier activista del BDS.

Un grupo de multimillonarios judíos están organizando un encuentro secreto en Las Vegas para combatir el BDS.

Sin embargo, los defensores de Israel, es decir de la ocupación, no permanecen con los brazos cruzados. El lunes transcendió que un grupo de multimillonarios judíos están organizando un encuentro secreto en Las Vegas para combatir el BDS. Participarán líderes judíos de los Estados Unidos así como activistas judíos de las universidades americanas. Los organizadores, entre los que se encuentran el americano-israelí Haim Saban y Sheldon Adelson, sus principales impulsores, se han negado a hacer declaraciones sobre el contenido y el fin de ese encuentro.

En este sentido, la semana pasada apareció una página en Internet en la que se publican los nombres y fotografías de un número significativo de estudiantes americanos que defienden el BDS. Los autores de esta página permanecen en el anonimato pero han dicho a los medios americanos e israelíes que su objetivo es que esos estudiantes no encuentren empleo en el mercado laboral cuando terminen sus carreras.

Tanto los líderes políticos de Israel como los líderes judíos de la diáspora están determinados a combatir el BDS antes de que convierta en un fenómeno irreversible, aunque esto parece bastante improbable a día de hoy. Su estrategia pasa necesariamente por presentar el BDS como un fenómeno “antisemita”, y las autoridades israelíes están convencidas de que no prosperará al no contar con el respaldo de los gobiernos occidentales.