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Crece el malestar en la transición egipcia

La Junta Militar aplaza sin fecha la convocatoria de elecciones

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Seis meses después del inicio de la revolución, gran parte de la población egipcia está desconcertada y frustrada, y desconoce qué dirección tomará el país en los próximos meses, mientras el escepticismo acerca del régimen militar transitorio, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, se afianza en amplios sectores de la sociedad.

Los liberales son partidarios de que los militares permanezcan en el poder durante algunos meses más, lo que significaría que debería ignorarse el resultado del primer referéndum democrático que tuvo lugar el 19 de marzo y que precisaba la celebración rápida de unas elecciones legislativas y constituyentes.

Pero estas elecciones, previstas inicialmente para septiembre, se han aplazado indefinidamente; es decir, sin fijarse una nueva fecha, según confirmó ayer el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. La medida ha sido bien acogida por el sector liberal que dice que necesita más tiempo para organizarse y hacer frente a la Sociedad de los Hermanos Musulmanes, la formación islamista que se presenta como clara favorita en los comicios.

Hoy, el Ejército anunció la aprobación de una nueva ley electoral contraria a los intereses de los principales partidos. La ley prevé que una parte de los 504 diputados sean elegidos en base a las listas que presenten los partidos y que otra parte sea elegida por el método del candidato más votado en cada circunscripción. Las principales formaciones hubieran preferido que los egipcios votaran únicamente listas cerradas.

Además, el Ejército anunció que no se permitirá la intervención de observadores internacionales que garanticen la transparencia del futuro proceso electoral, una decisión que han criticado numerosos activistas egipcios.

El debate más agrio que tiene lugar ahora mismo en el país gira en torno a la aprobación de unos principios básicos de carácter constitucional que los movimientos liberales quieren presentar ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas para su aprobación antes de que tengan lugar las elecciones.

Los Hermanos Musulmanes se oponen a esta iniciativa, que califican de 'elitista', y argumentan que en el referéndum de marzo los egipcios ya votaron masivamente que la Constitución se elaboraría después de los comicios y que lo haría el Parlamento. Creen además que el Ejército quiere convertirse en garante del carácter laico del Estado, lo que va contra sus intereses.

Los liberales, en cambio, son partidarios de crear un colchón con el Ejército que garantice en el futuro que los islamistas serán contenidos por los militares en el caso de que sea necesario. De esta manera, los militares se convertirían en garantes de la democracia. Los Hermanos Musulmanes dijeron ayer que la iniciativa es 'inaceptable' porque está dirigida contra ellos específicamente.

La cuestión de fondo es si Egipto, un país donde el 34% de los votantes son analfabetos, se dirige realmente a la democracia o si, por el contrario, va camino de otro régimen autoritario. Que se celebren elecciones sería una señal democrática, aunque una democracia va más allá de un proceso electoral.

El Ejército parece inclinado a impulsar los principios básicos de carácter constitucional que exigen los liberales porque quiere garantizar que se reserva para sí mismo una situación privilegiada, al tiempo que mantiene sus propios presupuestos en secreto, al margen del Parlamento, como ocurría bajo el régimen de Hosni Mubarak.

El general Hussein Tanta-wi, presidente del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, ante el que juraron el cargo los nuevos miembros salidos de una remodelación ministerial, pidió al Gabinete que restaure la seguridad en el país. Paralelamente a un amplio descontento, se observa una falta de seguridad en las principales ciudades egipcias, donde la Policía, odiada por la gente, no consigue restablecer el orden.

El pueblo también cree que el Ejército no está obrando con diligencia contra Mubarak y contra otras cabezas visibles del anterior régimen. La gente exige que se juzgue cuanto antes a los corruptos y cree que los militares no están haciendo todo lo que está en sus manos en ese sentido. Además, está muy descontenta con la ausencia de reformas significativas en la policía y en los aparatos de seguridad.