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Crece la presión política y militar contra Damasco

Rusia dice que la situación en Siria "se parece mucho a una guerra civil"

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La presión política regional y occidental sobre Siria se ha intensificado en las últimas horas mientras desde Damasco y Moscú llegan noticias que corroboran algo que se sabía desde hace meses: la existencia de un tráfico de armas que terceros países envían a los rebeldes a través de la frontera con Líbano.

Reunidos en Rabat, los ministros de Exteriores de la Liga Árabe dieron la noche del miércoles un ultimátum de tres días a Damasco para que permita la entrada de observadores internacionales que constaten que no está usando la violencia contra la población civil, una medida que representa otra vuelta de tuerca sobre el régimen del presidente Bashar al Asad.

Según varios activistas y grupos opositores, hoy han muerto en Siria 14 personas, incluidos cuatro soldados desertores, en el área de Hama, y seis civiles, contando un niño de corta edad.

El Ejército mata a 14 personas, cuatro de ellas soldados desertores

La Liga Árabe, con sede en El Cairo, recordó a Damasco que tiene la obligación de 'proteger' las embajadas árabes, después de que varias fueran atacadas por seguidores de Al Asad en protesta por las presiones externas. Los ministros amenazaron, además, a Siria con que tendrá que hacer frente a una serie de sanciones económicas si no responde afirmativamente a sus demandas. Turquía, por su parte, denunció la 'masacre' contra la población civil.

La perspectiva militar es menos halagüeña que la política una vez que los rebeldes ya cuentan con apoyos significativos de países árabes y occidentales.

El servicio en árabe de la BBC informó de que las autoridades de Damasco han ordenado que se planten minas en la frontera de Siria con Líbano, la principal ruta del tráfico de armas. De hecho, el régimen sirio hace meses que detectó los envíos y ha intensificado las patrullas en la frontera. En medios libaneses se da por seguro que el contrabando se financia con capital saudí y tal vez también con fondos procedentes de otros países suníes y occidentales. Quienes se encargan de meter el armamento clandestinamente son los suníes libaneses, que mantienen excelentes relaciones con Arabia Saudí.

Arabia Saudí puede estar mandando armas a la oposición a Bashar al Asad

En Moscú, aliado de Damasco, se insiste en que la única manera de superar la crisis pasa por un diálogo entre el régimen y la oposición. Sin embargo, la oposición en el exilio, espoleada por Occidente, se niega a dialogar con Al Asad. Esta situación podría conducir a la dimisión del presidente, algo que a día de hoy parece improbable, o a una abierta guerra civil.

Precisamente, el ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, volvió a referirse a la crisis en los términos más funestos posibles. 'Esto se parece mucho a una guerra civil', manifestó lacónicamente en referencia al osado ataque de los rebeldes el miércoles contra una base de la inteligencia militar de la Fuerza Aérea en Harasta, un suburbio de Damasco.

El ministro se hizo eco también del creciente contrabando de armas y acusó a los opositores de recurrir a la violencia. 'La violencia no sólo procede de las autoridades. Cada vez hay más y más armas que se están metiendo de contrabando por parte de otros estados'. Lavrov no quiso revelar a qué estados, en plural, se refería, aunque hace unos días acusó a las potencias occidentales de exacerbar la situación. 'Cuando esa gente [los sirios] escuchan las duras declaraciones de Washington y de Bruselas diciendo que no se debe dialogar [con Al Asad] y que debe dimitir, por supuesto eso no contribuye a unas conversaciones constructivas', aseguró.

Tanto Rusia como China se oponen a una resolución contra Siria en el Consejo de Seguridad de la ONU, mientras que Francia, Alemania y el Reino Unido trabajan en el sentido contrario en estrecha colaboración con Estados Unidos. Según la ONU, desde que se iniciaron las protestas en marzo han muerto unas 3.500 personas.