Publicado: 25.11.2014 07:00 |Actualizado: 25.11.2014 07:00

Crimen contra las mujeres en Nigeria

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Boko Haram es un grupo terrorista islamista nigeriano que secuestró 230 niñas el pasado 16 de abril, provocando una de las mayores campañas mediáticas a favor de la liberación de las secuestradas a la que se sumó incluso la esposa del presidente de Estados Unidos, Michelle Obama. Sin embargo, meses después la suerte de esas mujeres ha caído en el olvido. En 2010 el grupo fue clasificado por Washington como organización terrorista. Estados Unidos temía que Boko Haram se estuviera vinculando con otras agrupaciones terroristas, como Al Qaeda en el Magreb Islámico, para lanzar una yihad global. La escalada en la violencia condujo a que el gobierno nigeriano declarara en 2013 un estado de emergencia en tres estados del norte del país donde Boko Haram era más activo: Borno, Yobe y Adamawa.

Bokko Haram, cuya traducción significa "la educación occidental es pecado", tiene como objetivo implantación de la sharia, es decir, la ley islámica, en todo el país. Este objetivo está basado en un versículo del Corán que dice: "Cualquiera que no esté gobernado según las enseñanzas de Alá se encuentra entre los transgresores". Boko Haram defiende una versión del Islam que prohíbe a los musulmanes ("haram" significa prohibido) participar en cualquier actividad política o social que tenga vínculos con lo occidental. Esto incluye votar en las elecciones, vestir camisas y pantalones o recibir una educación secular. Por supuesto, educar a las niñas se considera como una actividad contraria al Islam. Boko Haram, además, considera que el país está gobernado por no creyentes, y por tanto, enemigos de su religión.

El grupo fue fundado en 2002, en la localidad de Maiduguri, en el Estado de Borno, por Ustaz Mohammed Yusuf, militante y líder del mismo hasta julio de 2009. En 2004 la sede fue trasladada a Kanamma, en el estado de Yobe, donde se constituyó una central operativa denominada "Afghanistan", la cual sirvió para atacar y realizar atentados contra las fuerzas policiales nigerianas. El líder actual es Abubakar Shekau. Este grupo se creó, además de con el objetivo de implantar la sharia, como respuesta a un gobierno al que consideran corrupto y al que acusan de estar robando los recursos naturales del país, principalmente petróleo. Sin embargo, cualquier argumento que justificara esa supuesta lucha contra la corrupción institucionalizada del gobierno nigeriano queda invalidada por el ataque sistemático a lo que más réditos informativos les está dando, y es el ataque a la educación, y especialmente a la educación de las mujeres, de las niñas.

Uno de sus principales objetivos es el ataque a la educación, especialmente a la de las niñas

Dado que sólo los territorios del norte de Nigeria tienen una mayoría de población musulmana, mientras que en el sur los nigerianos son mayoritariamente cristianos, Boko Haram desarrolla actividades terroristas para implantar la ley islámica en el sur. Uno de sus objetivos es, como está explicitado en su nombre, el sistema educativo. A lo largo de los últimos años este grupo terrorista ha tenido como objetivo escuelas, especialmente aquellas en las que se educan a las niñas, puesto que creen que éstas no deben recibir educación. Según su versión de la sharia, las mujeres deben estar en casa criando a los niños y cuidando a sus maridos, no en la escuela aprendiendo a leer y escribir.

Esta estrategia de amedrentación de la población del sur comenzó en mayo de 2013, cuando el líder de Boko Haram, Abubakar Shekau, anunció a través de un video que en respuesta a la detención de sus mujeres e hijos por parte de las fuerzas de seguridad nigerianas, emprenderían una estrategia de ataques a escuelas y secuestros de niñas. En aquel video anunciaron que los secuestrados serían utilizados como "sirvientes" y, como muchos expertos apuntan, como esclavos sexuales.

Algunos de los ataques a escuelas se han saldado con el asesinato de los niños, hasta el punto de que se han contabilizado centenares de niños y niñas muertos por disparos y bombardeos de las escuelas. El pasado mes de febrero un ataque a un colegio en Buni Yadi, en la región de Yobe, supuso la muerte de al menos 29 estudiantes. En julio del año anterior un ataque a un colegio de esa misma región se saldó con la muerte a tiros de 20 estudiantes y un profesor. Hace apenas unos días -el pasado 10 de noviembre- un estudiante se inmoló en una escuela haciendo explotar las bombas que llevaba bajo su uniforme y provocando la muerte de más de 48 alumnos. Dos días más tarde una mujer hizo lo mismo hiriendo a varios estudiantes. Ambas acciones demuestran un salto cualitativo en la violencia que desempeña esta organización y parece mostrar una estrategia terrorífica: la utilización de niños y mujeres secuestradas como bombas humanas.

Los islamistas consideran que la gente más poderosa de la zona es corrupta y los acusa de desviar los abundantes recursos naturales y bienes de Nigeria. El Banco Mundial señala que a pesar de sus extensas reservas de petróleo y gas natural, se puede considerar que cerca del 54% de la población de Nigeria es "extremadamente pobre".

A pesar de los esfuerzos del Gobierno de Nigeria, cuyo Ejército goza de una cierta reputación por su participación en diversas misiones de paz en África, bajo el paraguas de la OEA, lo cierto es que no están teniendo mucho éxito en la lucha contra este grupo terrorista. Una de las razones, según diversos observadores internacionales, es la desconfianza que aún despiertan en amplios sectores de la sociedad nigeriana, por su pasado. Muchas zonas olvidadas del país aún recuerdan épocas en las que el Ejército nigeriano no era garantía de seguridad, sino más bien de todo lo contrario.

Según los analistas, la amenaza tanto de éste, como de otros grupos islamistas que han surgido en la región, sólo podrá desaparecer cuando logre reducir la pobreza crónica del norte del país y establezca un sistema de educación que incluya a todos los habitantes".

La concepción que tienen los miembros de este grupo armado sobre el papel de las mujeres en su sociedad, o en la sociedad que quieren construir, constituye una clara violación de los derechos humanos y el más execrable ejemplo del ejercicio de la violencia contra las mujeres. No se trata sólo de que no las dejen acudir a las escuelas y que las prohíban la educación, es que los testimonios de algunas de las pocas niñas y jóvenes que han logrado escapar son un auténtico catálogo de todo tipo de violaciones y atropellos cometidos contra ellas: apenas niñas, son obligadas a casarse con combatientes que las utilizan sexualmente y las mantienen esclavizadas. Utilizan la violencia contra ellas y se desconoce cuántas de ellas han muerto desde que fueron secuestradas.

Además de ante la violencia física y sexual que se está ejerciendo contra estas niñas, que podrían considerarse como "violación como arma de guerra", tal y como sucedió durante la guerra de la ex Yugoslavia, la Comunidad Internacional debe reaccionar ante la pretensión que hay detrás de dicha violencia, y es que las mujeres queden apartadas de todo tipo de educación y reducidas a simples objetos al servicio de sus "dueños", como pretenden que sea su modelo de sociedad por el que combaten.

Naciones Unidas debería actuar ya de forma contundente ante este silencio e inacción

Nigeria es, ahora, el máximo exponente de la violación de los derechos humanos por cuanto esta violación se ejerce contra la mitad de su población. En estas fechas en las que se conmemora la lucha contra la Violencia de Género, es urgente e impostergable que se actúe ya. No podemos permitir que esta situación, que nos avergüenza y abruma, continúe un solo día más ante la indiferencia de los países occidentales. Hace apenas un mes el líder de esa organización echó por tierra la esperanza de que las niñas fueran liberadas cuando emitió un video en el que se burlaba de la Comunidad Internacional y aseguraba que las niñas nunca serían liberadas porque "formaban parte de su comunidad", al haber sido entregadas en matrimonio a miembros de la organización.

En este sentido, la iniciativa encabezada por Baltasar Garzón en nombre de la fundación internacional FIGBAR, con la presentación de una denuncia contra Boko Haram y su líder, Abubakar Shekau por la comisión de delitos de terrorismo, genocidio y/o lesa humanidad en aplicación de la ley que regula los supuestos de jurisdicción internacional, podría abrir una nueva vía de presión contra esa organización, especialmente si otros países y organizaciones deciden seguir esa misma vía. De momento la Fiscalía estudia si la Audiencia Nacional es competente para emprender esas investigaciones, de las que podría resultar una orden internacional de detención de los líderes del grupo, considerado próximo a Al-Quaeda.

Por el momento decenas niñas y jóvenes están siendo violadas cada día. Naciones Unidas debería actuar ya de forma contundente ante este silencio e inacción. Las dificultades políticas-militares por las que pasa Nigeria para enfrentarse a Boko Haram no pueden servir de excusa para no actuar ante lo que es claramente un acto de secuestro, rapto y violencia sexual continuada ante el cual la comunidad internacional debería sentirse avergonzada.