Publicado: 14.10.2016 20:29 |Actualizado: 14.10.2016 20:29

La otra crisis de refugiados que azota Centroamérica

Amnistía Internacional denuncia el abandono de Guatemala, El Salvador y Honduras hacia los desplazados que huyen de la violencia de las maras. Tras ser deportados de sus países de destino, son obligados a volver al clima hostil y peligroso que trataban de evitar.

Publicidad
Media: 3.50
Votos: 2
Comentarios:
Amnistía Internacional denuncia el abandono de los gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras hacia los refugiados que huyen de la violencia de las maras de Centroamérica. Amnistía Internacional

Amnistía Internacional denuncia el abandono de los gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras hacia los refugiados que huyen de la violencia de las maras de Centroamérica. Amnistía Internacional

MADRID.- Cientos de miles de personas huyen de Honduras, Guatemala y El Salvador ante la violencia llevaba a cabo por las maras o pandillas criminales establecidas en estos países. Muchos de estos desplazados son deportados por Estados Unidos y México y se ven obligados a volver al clima hostil y peligroso del que trataban de huir. 

La ONG Amnistía Internacional ha denunciado la escasa e inefectiva actuación de los gobiernos de estos países centroamericanos para acabar con esta crisis de refugiados, así como señala a Estados Unidos y México por su actuación que pone en riesgo la vida de miles de personas. Así lo ha advertido el organismo en el informe ¿Hogar dulce hogar? El papel de Honduras, Guatemala y El Salvador en la creciente crisis de refugiados que ha presentado este viernes.



El informe señala la urgente necesidad de que los estos tres estados, que forman el denominado Triángulo Norte de Centroamérica, adopten medidas que garanticen la seguridad de las miles de personas, desplazadas de estos países, que son deportadas de Estados Unidos y México

Según ha indicado la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el número de solicitudes de asilo de personas procedentes de estos tres países se ha multiplicado por seis entre 2010 y 2015. Por ejemplo, en 2015, fueron más de 75.000 las personas deportadas de EEUU procedentes del Triángulo Norte.

En 2015, las maras se han cobrado la vida de 17.522 personas en estos tres países

Amnistía Internacional ha hecho especial hincapié en la violencia desarrollada por las maras en estos países, que se ha cobrado la vida de 17.522 personas en 2015. La mitad de los fallecidos eran menores de 30 años.

Los índices de homicidio en los tres países han sufrido un gran aumento. El Salvador, con 108 homicidios por cada 100.000 habitantes, ha sido calificado por la ONU como uno de los países más mortales del mundo fuera de una zona de guerra. Por su parte, los índices de Honduras y Guatemala fueron de 63,75 y 34,99 por cada 100.000 habitantes respectivamente. Extorsiones, reclutamientos forzados y amenazas son algunos de los tipos de violencia que también está siendo llevada a cabo por las maras.

ACNUR ha indicado cuales son los perfiles de las personas solicitante de asilo de los países del Triángulo Norte que están en riesgo: personas o grupos perseguidos por una mara porque ésta considera que no respetan su autoridad; personas que se dedican a actividades económicas específicas altamente susceptibles de sufrir extorsión; víctimas y testigos de delitos cometidos por maras o miembros de las fuerzas de seguridad; niños y jóvenes de zonas en las que las que estas bandas operan y controlan el territorio; mujeres y niñas de zonas de las pandillas; además de personas del colectivo LGTB.

“Aunque países como México y Estados Unidos están eludiendo por completo su responsabilidad de proteger a las personas refugiadas y solicitantes de asilo procedentes de Centroamérica, ya es hora de que las autoridades de El Salvador, Guatemala y Honduras reconozcan su papel en la crisis y tomen medidas para abordar los problemas que obligan a estas personas a abandonar sus hogares” ha señalado el secretario general de Amnistía Internacional, Salil Shetty.

Amnistía Internacional ha recomendado a los gobiernos del Triángulo Norte, no sólo que traten de acabar con el problema de las maras, sino que destinen más esfuerzos a proteger a aquellas personas que han sido deportadas y tienen que volver al clima de violencia del que trataron de huir.