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Críticas a la lenta respuesta policial ante la matanza de la isla de Utoya

La Policía se escuda en la falta de medios para justificar la hora que tardaron en parar la matanza. La Fiscalía noruega quiere procesar a Breivik por crímenes contra la humanidad para que pase al menos 30 años en prisi&o

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Mientras la sociedad noruega intenta salir del estado de shock en el que la ha sumido la matanza de Utoya, se multiplican las críticas a la lenta respuesta de las fuerzas de seguridad.

Desde que fueron avisados en la tarde del viernes, los cuerpos de élite de la Policía noruega tardaron una hora en llegar a la isla en la que el fundamentalista cristiano Anders Behring Breivik estaba perpetrando su matanza. Allí acabó con la vida de 68 personas, la mayoría adolescentes que participaban en un campamento de verano de las juventudes socialistas.

'Si hubieran llegado 30 minutos antes, habrían salvado 30 vidas', denuncia Holt

'Estaba matando a un ritmo de una persona por minuto. Si la Policía hubiera llegado media hora antes se podrían haber salvado las vidas de 30 jóvenes', afirmó a la BBC la escritora y ex ministra de Justicia Anne Holt.

'La gran pregunta ahora es ¿por qué tardaron tanto? Hasta las redes sociales estaban contando que algo grave estaba pasando en la isla', enfatizó Holt.

El ministro de Justicia, Knut Storberget, resultó poco convincente en su análisis de la labor policial, que calificó de 'fantástica'. Storberget se reunió ayer con el jefe de la Policía de Oslo y después alegó: 'Es muy importante que hagamos una autocrítica, pero todo tiene su momento'.

Según el ministro de Justicia Storberget, el trabajo policial fue 'fantástico'

Según los registros policiales, se tardó más de una hora desde que se recibió el primer aviso de que en la isla se estaba produciendo un tiroteo y hasta que se logró detener a Breivik.

Una vez lanzada la operación fue cuando la situación y la falta de medios superaron a los agentes en el momento de montarse en el bote rumbo a la isla. 'Había tanta gente y tanto equipo cargado que el agua empezó a entrar en la barca hasta que el motor se paró. Era un bote muy pequeño y muy malo', dijo a Reuters Erik Berga, jefe de operaciones en el distrito de Buskerud, al que pertenece la isla de Utoya.

La detención, al contrario, resultó de lo más sencilla. 'Llegamos con un grupo que rodeó al sospechoso, el cual decidió entregarse a la Policía. Hasta ese momento había usado dos armas y estaba todavía en posesión de una gran cantidad de munición, así que la respuesta de la Policía evitó que matara a más gente', dijo el inspector Berga.

Uno solo de los acampados rescató con su bote a más de 40 personas

Pero la falta de medios que ahora se critica no se limita a los botes. A muchos, como a la propia Holt, le ha sorprendido que hubiera un helicóptero de la cadena de televisión noruega volando sobre la isla y grabando a Breivik en su frenética carnicería mientras los agentes de policía eran incapaces de llegar hasta Utoya.

'Tenemos un helicóptero, pero su capacidad de vuelo es muy limitada. Lo hubiéramos hecho exactamente igual a no ser que hubiésemos contado con más recursos', se justificó el pasado domingo el jefe de personal de la Policía noruega, Johan Fredriksen.

El único policía que se encontraba en la isla iba, como la mayoría de los agentes noruegos, desarmado y murió tiroteado por Breivik. Para portar armas, los policías noruegos deben contar con un permiso específico de sus jefes.

'Ahora los criminales llevan armas, así que ahora hay gente que considera que los agentes de policía también deberían llevar armas. Hemos creado una comisión para estudiar el asunto', afirmó a The New York Times Gry Jorunn Holmen, la portavoz del sindicato de Policía de Noruega.

Mientras, en el campamento se las arreglaban como podían. Varios de los acampados sacaron botes para rescatar a los que habían sobrevivido al tiroteo saltando a las gélidas aguas. Uno solo de los acampados logró rescatar con su bote a más de 40 personas.

Geir Lippestad, el abogado de Breivik, contó en rueda de prensa que su defendido se mostró 'un poco sorprendido' de que su matanza, 'planeada durante años', saliese tal y como la había proyectado, pues contaba con que la Policía le detuviese antes.

Lippestad reiteró que su defendido afirma que su organización cuenta con 'dos células' en Noruega y varias más en otros países, algo que la Policía sigue investigando.

El fiscal del caso, Christian Hatlo, aseguró en una entrevista publicada en el diario local VG, que la hipótesis de los posibles cómplices y colaboradores de Breivik 'está siendo investigada'.

El fiscal confirmó que en efecto hay una 'especie de red' en Noruega y otros países europeos sustentada por la ideología ultraderechista y la islamofobia, pero que las fuerzas de seguridad no han logrado hasta el momento trazar ninguna conexión entre el detenido y otros sujetos.

Hatlo estudia la posibilidad de imputar a Breivik por crímenes contra la humanidad. En este caso, la pena podría ascender a 30 años, once más que el máximo previsto en la actualidad en el código penal para los crímenes terroristas.

'Parece apropiado encausar al presunto autor del doble atentado con este tipo de crimen', explicó Hatlo, un extremo que ya han apuntado varios expertos en leyes del país escandinavo.

Aunque la pena máxima en Noruega es de 21 años de cárcel, el código penal establece varias posibilidades para no dejar en libertad a convictos que supongan un riesgo potencial para la sociedad.