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El último debate no ayuda a los indecisos ni rompe el empate entre Obama y Romney

Obama, ajustado ganador según las encuestas, y Romney hablaron de política exterior sin mencionar a Europa y Latinoamérica

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Entre un presidente que ha estado bastante ausente en política exterior, en particular en América Latina y Europa, y un candidato sin ninguna experiencia en el extranjero, excepto sus años de misionero mormón en Francia a finales de los sesenta, el debate que opuso este martes a Barack Obama y Mitt Romney no ofreció mayores pistas a los votantes estadounidenses que todavía no saben a quien votar.

Y son estos los que de nuevo decidirán estas elecciones. Las encuestas, que ofrecen resultados cada vez más variados, dan a los dos contendientes prácticamente empatados (47% de las intenciones cada uno según la cadena NBC) a dos semanas de los comicios del 6 de noviembre. Obama dominaba más los temas, pero Romney no metió la pata y aguantó bien el tipo.

Eso sí, los sondeos instantáneos tomados tras el encentro daban como ganador al demócrata. Según la CNN, el 48% de los que vieron el debate creen que ganó Obama, mientras que un 40% se decantó por Romney. Por su parte, la CBS dio una victoria más amplia al actual presidente, al que un 53% de los 521 votantes indecisos interpelados le dio su apoyo frente al 23% favorable al republicano y el 24% que opinó que se produjo un empate.

El debate, el tercero y último entre los dos candidatos, se celebró en Boca Ratón (Florida) en el cincuenta aniversario de la crisis de los misiles de Cuba, recordó el moderador, la única mención a Latinoamérica en toda la velada, tan cerca del lugar del encuentro y aparentemente tan alejada del debate en política exterior. No hablemos de Europa, de la que, en efecto, no se habló (tan sólo un segundo, lo justo para agitar de nuevo el fantasma de la crisis en Grecia).

La discusión volvió a ilustrar lo que ya se sabe: los intereses de Estados Unidos en el mundo se limitan y se resumen a la guerra en la que sigue enzarzado, Afganistán, al conflicto en el que teme meterse, Siria, al enfrentamiento que no quiere iniciar, Irán y a la crisis de la que consiguió salir, Libia; a los aliados a los que no quiere enemistar, Israel y Pakistán (por razones muy diversas); a ese universo difuso que siempre espera democratizar, Oriente Próximo; al continente amigo que nunca menciona, Europa; al gigante del que depende en parte su supervivencia económica, China, a sus vecinos hispanos, inexistentes, y al resto del mundo que aparece o desaparece según las crisis que vayan surgiendo. Y por supuesto Al Qaeda, en todas sus encarnaciones.

Para el telespectador estadounidense, poco o nada al corriente de los asuntos del mundo, la actitud de los candidatos fue más importante que el mensaje. Romney estuvo mucho más comedido que Obama y a menudo repitió que estaba de acuerdo con el presidente. Lo necesitaba después de las unánimes críticas a su reacción excesivamente oportunista tras criticar al gobierno, momentos después del asesinato del embajador estadounidense en Libia.

Y como en el fondo a nadie en Estados Unidos le interesa la política exterior porque los votantes siguen luchando con la recesión, el debate se fue por los cerros de Úbeda de la crisis económica. Se habló de desempleo, de educación, de escuelas primarias en Massachusetts, de fabricantes de acero en Ohio, de independencia energética, en suma de los mismos temas que ya centraron los dos primeros debates.

Hubo algunos momentos tensos. Obama recordó a Romney que cuando fue a Israel siendo todavía candidato no atendió ningún evento recaudatorio (como hizo Romney este verano en el hotel King David de Jerusalén en un acto organizado por el promotor de Eurovegas, Sheldon Adelson) sino al monumento que conmemora las víctimas del Holocausto, Yad Vashem, visita obligada de todos los dignatarios extranjeros.

El único momento divertido: la réplica de Obama cuando Romney le acusó de tener menos barcos de guerra, 'también tenemos menos bayonetas menos caballos porque la naturaleza de nuestro ejército ha cambiado'. El presidente fue igualmente incisivo al acusar a su rival republicano de tener una 'política exterior digna de los años 80, una política social de los años 50 y una política económica de los 20'.

Romney sacó el tema en el que más ha criticado a la Casa Blanca, ya que, según él, 'estamos cuatro años más cerca de un Irán nuclear' y aseguró que su principal objetivo antiterrorista era 'perseguir a los tipos malos', ('go after the bad guys'). Obama, que recordó que Washington se gastaba en defensa más que los diez primeros países que más invierten en sus ejércitos juntos, afirmó que Estados Unidos seguía siendo la 'única nación indispensable' en el escenario internacional.