Publicado: 06.11.2016 12:14 |Actualizado: 07.11.2016 14:51

Demócratas y republicanos pelean puerta a puerta el voto de los estados decisivos

Voluntarios de ambas candidaturas intentan movilizar al electorado en los últimas horas de campaña ante lo ajustado de los sondeos

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Voluntarios del equipo de Hillary Clinton re reúnen en Brooklyn antes de empezar su trabajo. / G.L.

Voluntarios del equipo de Hillary Clinton reciben instrucciones en Brooklyn antes de empezar su trabajo. / G.L.

PHILADELPHIA-PENNSYLVANIA.— En Estados Unidos, país que tantas veces ha revolucionado la forma de hacer política con sus campañas electorales, lo más efectivo estos días para captar votantes es ir a buscarlos, literalmente, a la puerta de su casa.

Es sábado en Nueva York, una ciudad que parece vivir al margen de la elección de su nuevo presidente. De hecho, Wall Street es el único lugar aquí, donde según informan algunos medios, el ascenso de Trump en las encuestas se empieza a notar negativamente. Por lo demás, salvo alguna pintada en el metro o pequeñas pegatinas en los semáforos, no hay ni rastro de la carrera a la Casa Blanca. No al menos hasta alejarse unas millas de la Gran Manzana.



El vibrante y ajustado final de campaña, con dos candidatos muy igualados según la mayoría de encuestas, obliga a pelear aún cada papeleta que entre la urna. En Brooklyn un ejército de voluntarios del equipo de Hillary se encuentran para viajar al estado vecino de Pennsylvania, históricamente demócrata pero que en esta ocasión podría dar un vuelco en favor del partido republicano. En 2012 Obama ganó aquí las elecciones por un puñado de votos, Clinton espera seguir el mismo camino. Los voluntarios se suben en tres autobuses que no son suficientes. Este fin de semana, solo en Nueva York salen caravanas de este tipo desde varios puntos distintos. Los que se quedan fuera se organizan en coches particulares para llegar a Philadelphia. Que Clinton pueda ser la primera presidenta de los Estados Unidos depende de victorias en enclaves como este, que serán decisivos el próximo 8 de noviembre.

El trayecto entre ambas ciudades no dura más de dos horas. Suficientes para que el capitán del 'batallón' dé las primeras instrucciones. A bordo reparten un dossier con todas ellas, cinco páginas que incluyen por ejemplo un modelo de la conversación que se entablar con los habitantes de cada domicilio. Se recogen incluso los argumentos que se deben dar si alguien pregunta por qué hay que apoyar a Hillary. Son tres principalmente; su trabajo por los derechos de las familias y los niños, la preparación profesional e intelectual y el compromiso firme con sus ideas y convicciones. Desde ese momento mapa en mano los voluntarios echan a andar. Tocar a un timbre y preguntar a alguien completamente desconocido si piensa ir a votar y que lo haga por alguien en concreto no es una tarea sencilla. Por eso el primer consejo que el equipo da es que nunca pierdan la sonrisa, "incluso si al otro lado de la puerta aparece alguien que ya está convencido de que votar a Donald J. Trump”.

Precisamente eso es lo que le ocurre a Érika, estudiante de Boston, que participa por primera vez en este tipo de actividades. Se estrena con un portazo. Jessica, la señora por la que pregunta tiene claro que va a respaldar al magnate y así se lo hace saber inmediatamente. Sin llegar a abrir la puerta exterior de su casa, corta rápidamente la conversación. Siguiendo la directriz del gabinete de campaña no pierde el tiempo y pasa al siguiente vecino de la lista. Caminando por la calle esta joven dice sentirse "un poco vendedora de seguros".

En Estados Unidos la política se sigue con una pasión diferente, similar a cómo se puede sentir en España siendo seguidor de un equipo de fútbol o fan de una estrella del rock

Este barrio del noroeste de Philadelphia refleja bien lo que pronostican las encuestas; que Pennsylvania será un estado en el que gane quien gane lo hará por una diferencia muy ajustada. Eso se intuye en cada calle, echando un vistazo al jardín de cada casa. Junto a la decoración de Halloween, que todavía aguanta, hay clavados carteles de campaña de uno y otro candidato. Se cuentan tantos de Hillary Clinton como de Donald Trump. La mayoría de las personas que abren la puerta se muestran receptivas. Basta con pronunciar la fecha 8 de noviembre para que al vecino que recibe la visita se le escape una sonrisa y abra un debate sobre la elección. No les parece raro hablar abiertamente con un desconocido sobre sus preferencias políticas. De una de las casas sale una familia afroamericana. Tienen ganas de hablar. Alto y claro. “La gente tiene que guiarse por el sentido común, ¿Cómo vamos a seguir a un señor que dice que cuando llegue a la Casa Blanca va a acabar con la inmigración? Trump es un hombre de negocios y si llega a ser presidente solo gobernará para mejorar su bolsillo”.

En Estados Unidos la política se sigue con una pasión diferente, similar a cómo se puede sentir en España siendo seguidor de un equipo de fútbol o fan de una estrella del rock. Las chapas con las caras de los candidatos cuelgan de las chaquetas como un complemento más. El papel de los voluntarios en un país de estas dimensiones es decisivo.

En una de las oficinas de campaña de Philadelphia el ritmo es frenético a 56 horas de la elección. Hay unas 30 personas trabajando. El objetivo es también garantizar que la mayor parte de sus vecinos acudan a votar. "Si es necesario nos ofrecemos a acompañarles al colegio electoral el martes", dice Amy que con su propio teléfono lleva dos horas haciendo llamadas sin parar. Ella y sus amigas se encargan de aclarar a las personas que están al otro lado de la línea las dudas que les puedan surgir sobre el proceso de votación, bastante complejo en Estados Unidos.

Annie también ha venido con su teléfono a colaborar. Lo hace porque "son las elecciones más importantes de su vida". Está nerviosa por los resultados que anticipan las encuestas, que no se atreve a consultar desde hace unos días. "Si gana Trump me voy a España o a México, al otro lado del muro para intentar derribarlo desde allí". "Somos los Estados Unidos", dice poniendo el énfasis sobre la última palabra. "Tiene el apoyo hasta del ku lux klan". "Realmente el republicano me da miedo".