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La derecha de EEUU hunde su credibilidad económica

La presión del Tea Party ha sido decisiva para socavar la solvencia de Washington

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Nunca se creyeron que pudiese ocurrir. Incluso acusaron a Barack Obama de emplear 'la táctica del Armagedón' por advertir sobre las gravísimas consecuencias que tendría el bloqueo de la negociación sobre el techo de la deuda de EEUU. 'Hay que dejar de creer al presidente cuando emplea esa estrategia del miedo', proclamó el congresista republicano por Texas Louie Gohmert, quien votó contra el acuerdo para aumentar ese límite. Y Michele Bachmann, también líder del Tea Party, descartó que una suspensión de pagos de Washington fuera a tener los efectos 'alarmistas' de los que advertía la Reserva Federal. 'No podemos seguir asustando al pueblo americano', adujo Bachmann.

Sólo en el último segundo se llegó a un acuerdo ínfimo: una reducción del 0,57% del Presupuesto para 2012, pues todos los pactos para años siguientes pueden ser -y serán- modificados. La reacción de los tiburones financieros internacionales era de esperar: Standard&Poors rebajó la calificación de la deuda estadounidense por primera vez desde el fin de la Primera Guerra Mundial, y los mercados bursátiles empezaron a hundirse por el del mayor aliado de EEUU: Israel.

De inmediato, la derecha bramó que esa reacción era provocada por el fracaso de la gestión de Obama, cuando es precisamente la estrategia ultra de desgaste de la Administración la que ha hundido la credibilidad económica de EEUU, algo que el resto del mundo nunca antes puso en duda.

La estrategia ultra de desgastar a Obama mina el prestigio de EEUU en el mundo

'Incluso si las agencias de calificación no degradasen a EEUU, los estadounidenses se habrían degradado a sí mismos. El sistema no funcionó', asevera el analista Fareed Zakaria en el gran tema de portada de Time sobre 'el fracaso del pacto de la deuda'. 'Los americanos se han demostrado a sí mismos, al mundo y a los mercados globales que su sistema político está quebrado y es incapaz de concebir y aplicar una gestión pública sensata'.

El motivo, según Zakaria, es que 'en esta crisis el Tea Party ha tomado como rehén de su agenda la misma solvencia económica del país'. Y el resultado ha sido que 'Estados Unidos ha jugado a la ruleta con su recurso más preciado: la confianza del resto del mundo. Si, como consecuencia de estas veleidades parlamentarias, la tasa de la deuda estadounidense sube en un punto -es decir, si el mundo pide sólo un poco más de interés para prestar dinero a EEUU- el déficit presupuestario aumentará en 1,3 billones de dólares a lo largo de los próximos diez años. Eso barrerá sobradamente todos los recortes acordados para ese periodo'.

La subida de un punto en el interés de la deuda de EEUU barrería todos los recortes para diez años

Aunque no es en absoluto la primera vez que los puristas de la derecha neoliberal norteamericana consiguen disparar el déficit público de EEUU... precisamente aduciendo que van a combatirlo, y poner fin al despilfarro demócrata de los programas sociales. El gran taumaturgo de esa receta imposible (rebajar impuestos sin reducir prestaciones, como ahora dice el PP que se dispone a hacer en España) fue Ronald Reagan.

Sus célebres reaganomics fueron también llamadas 'de goteo' (trickle-down) porque supuestamente iban a reactivar la economía permitiendo que las grandes compañías y fortunas del país se enriqueciesen aún más. La lógica de aquello era que, al disponer de tanto dinero, lo invertirían en iniciativas que crearían puestos de trabajo y desarrollo. Vamos, igual que aquí el PP asegura que hay que bajar la presión fiscal a las empresas porque son las que dan empleo.

La realidad fue que las rebajas de impuestos de Reagan, sumadas al gasto astronómico de su guerra de las galaxias (que fue el gran negocio del complejo militar-industrial) sólo lograron poner en órbita el déficit presupuestario. Durante su mandato, que para los hoy campeones de la austeridad fue económicamente ejemplar, la deuda pública de EEUU se triplicó: de 712.000 millones a 2 billones de dólares entre 1980 y 1988.

Fueron los presidentes republicanos quienes dispararon el déficit con recetas de Reagan

Bush padre no redujo en absoluto el gasto público, y tuvo que venir el izquierdista Clinton (el que llegó a la Casa Blanca con el lema 'es la economía, estúpido') no ya para equilibrar el presupuesto, sino incluso para obtener un gran superávit, con una gestión meramente keynesiana; pues es de sentido común que una crisis no se puede afrontar rebajando drásticamente la participación del Estado en la economía nacional, ya que se reduce aún más el crecimiento.

Pero volvieron los neocons al poder, de la mano de Bush hijo, con la misma doctrina de quitar poder al Estado, y se embarcaron en dos guerras, amplias rebajas de impuestos (hasta dejar la presión fiscal en un mínimo histórico del 15% del PIB) y la privatización de cuantos más servicios sociales, mejor. Así que en sólo ocho años no sólo se habían comido todo el superávit de Clinton, sino que llevaron la deuda a casi el triple de la de Reagan: 5,8 billones. La crisis financiera provocada por ese mismo fanatismo neoliberal hizo el resto.

Por eso asciende ahora la deuda de EEUU a 14,3 billones, no porque Obama la haya generado... salvo en lo que cuestan las dos guerras que heredó, más el rescate del sistema financiero hundido por la codicia de los que hoy siguen destruyendo países en beneficio propio.

¿Cómo podemos, pues, creer a los que prometen sacarnos de la crisis con recetas reaganianas?