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La derecha separatista da otra vuelta de tuerca a Bélgica

Un partido independentista flamenco que rehúsa dirigir el Gobierno puede ser hoy el más votado

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Mañana, el rey Alberto II podría llamar a formar Gobierno a un partido cuya principal misión es acabar con el Estado belga. Para Bart de Wever, el líder de la Alianza Neo-Flamenca (N-VA), Bélgica no tiene razón de ser.

Primero, Flandes; después, Europa. La N-VA se prepara, según todas las encuestas, para ser el primer partido en Flandes, la media naranja de un país cuyo corazón Bruselas bombea veneno para un conflicto secular de elementos identitarios, lingüísticos y económicos. Es el particular Mundial de los belgas, según la caracterización hecha esta semana por el dibujante francófono Nicolas Vadot en su viñeta Penalty. En ella, un jugador que luce el emblema flamenco se dispone a chutar con la cabeza de De Wever como balón a la portería en la que los líderes de los principales partidos belgas flamencos y valones se acurrucan tras los palos. La afición espera con ansiedad el resultado de un partido cuyo marcador muestra, de momento, un empate a cero entre la N-VA y el propio Estado belga.

El líder de la Alianza Neo-Flamenca N-VA sostiene que su país no tiene razón de ser

A nadie se le escapa que, además de una gestión política respetada, que incluye la presencia en el Gobierno de la región de Flandes, la N-VA ha rentabilizado el odio y las caricaturas procedentes de Valonia, la mitad sur del país cuya primacía industrial y política ha sufrido un proceso de erosión constante desde hace medio siglo.

Los casi 11 millones de belgas amanecerán mañana con un panorama político incierto y preparados para unas complejas negociaciones de coalición. Las tres configuraciones electorales se corresponden con las tres regiones del país: Flandes, Valonia y Bruselas. Un acuerdo entre las fuerzas políticas de las dos primeras es imprescindible para formar un Gobierno federal mínimamente estable, que además tendrá que acometer la imprescindible reforma del Estado que hizo saltar por los aires al anterior Ejecutivo.

Pese al alto número de indecisos, los sondeos pronostican que la N-VA alcanzará en torno a un 25% de los votos en Flandes, una región muy fragmentada políticamente en la que los democristianos del primer ministro saliente, Yves Leterme, quedarían rezagados con alrededor del 20%.

Bart de Wever trata de tranquilizar a los mercados hablando de una 'evolución'

La historia reciente del país siempre ha contado con un primer ministro flamenco. Pero para el partido de Wever, la N-VA es 'necesaria en Flandes, útil en Europa', según reza el lema de su partido.

Si el partido más importante de Flandes se niega a ocupar la jefatura del Gobierno, como ya ha anunciado De Wever, un valón podría hacerlo con su apoyo, siempre que esté dispuesto a hacer concesiones a los flamencos. Ninguno de los grandes partidos y ningún analista descartan que Elio di Rupo, líder de los socialistas valones, acabe accediendo al cargo haciendo valer el resultado arrollador que prevé alcanzar en su región, donde los sondeos le otorgan más de un 30% de los votos y diez puntos de ventaja sobre los liberales, en segunda posición.

Un separatista y derechista flamenco puede acabar por aupar a un socialista valón a la jefatura del Gobierno belga

Se consumaría así la última gran paradoja belga. El partido más importante del país, flamenco, separatista y de derechas, podría acabar encumbrando a un socialista francófono y no separatista ningún valón lo es a la dirección del Gobierno de Bélgica.

De Wever intentó mostrar esta semana su cara más amable a la prensa internacional. 'Una victoria de la N-VA no significará el fin de Bélgica', prometió. 'No queremos una revolución, sino una evolución dulce hacia estructuras mejores'. Entre las estructuras que deberán mejorar está el estatus de los suburbios de Bruselas, donde entre 80.000 y 130.000 ciudadanos se ven atrapados en un polvorín político. Aun viviendo en territorio flamenco, pueden votar por partidos francófonos y gozan de otros derechos lingüísticos en ámbitos como la Justicia.

Los partidos flamencos consideran la excepción un intento de invasión francófona de su territorio, mientras que los francófonos no están dispuestos a renunciar a sus derechos actuales. Pero la suavidad de De Wever no sólo se inscribe en la contienda política interna.

Consciente de que Bélgica asumirá en un par de semanas la presidencia de la Unión Europea con una deuda pública belga más alta que la media del euro, el líder flamenco trató de calmar las alarmas que apuntan a una ofensiva de la especulación financiera sobre el país, al que algunos medios de comunicación, como el Financial Times, han comenzado a tildar de 'Grecia del norte'.

Pero, en Bélgica, la situación económica que en otros países protagoniza el debate político, tanto de los ahogados por los mercados (España) como los que están a salvo (Holanda), es un juego de niños en comparación con las tensiones internas.