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La desorganización frena el avance rebelde

Los insurgentes, mal entrenados y sin apenas munición ni armas, están en clara desventaja

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En el frente de Ajdabiya, en la carretera de Bengasi hacia el sur, discuten con pasión tres guerrilleros rebeldes. Uno carece de munición, otro de fusil y un tercero ha perdido los zapatos.

'Todo lo que tenemos es la ayuda de Alá', dice sonriente el que abandonó su arma para salvar a un compañero. A su lado, el combatiente descalzo asiente acompañado de un rebelde que lleva el rostro cubierto con un pasamontañas blanco. Dos de ellos llevan gafas cerradas para poder ver algo en la tormenta de arena que se ha levantado de forma repentina. ¿Cómo os organizáis para ir a la guerra?, preguntamos. 'No tenemos jefe. Hacemos como queremos, discutimos quién se sube al vehículo y ya está ', asegura Mohamed, tocado con una gorra revolucionaria negra adornada con la bandera de la Libia libre.

«Todo lo que tenemos es la ayuda de Alá», dice un combatiente

El grupo con el que luchan los tres esperaba a media tarde de ayer los refuerzos anunciados para retomar Ajdabiya, una ciudad a 150 km de Bengasi que no conoce el descanso desde hace seis días, el tiempo que llevan los rebeldes intentando reconquistarla sin éxito.

Son muy pocas las noticias que salen de esta ciudad, donde según algunos testigos hay combates en las calles y los accesos por el norte continúan bloqueados por las tropas del régimen de Gadafi, como pudo comprobar Público.

Entre la tormenta del desierto, la confusión y la escasa visibilidad, los enfrentamientos son caóticos y lentos.

Los sublevados no quieren en su país tropas extranjeras de infantería

Los rebeldes parten a luchar en unos pocos vehículos, sin apenas comunicación entre ellos porque no funcionan los teléfonos y sin apenas munición. Ni siquiera pueden avistar a un enemigo que les bombardea cómodamente de lejos en un terreno llano y desértico, gracias a la decena de carros de combate del Ejército del dictador que aún siguen activos e impiden el libre acceso a la ciudad, según fuentes del Consejo Nacional Libio.

Algunos de los refugiados que huyen hacia el norte aseguran que hay francotiradores que están disparando contra la población, aterrorizada y aislada.

El líder de los rebeldes de Ajdabiya, Muhamad Abdulá Sheib, aseguró sobre el terreno: 'Estamos esperando que venga ayuda del norte, compañeros para luchar'.

Sobre la posibilidad de contar con tropas de la coalición internacional de tierra, Sheib niega rotundamente con la cabeza. 'No queremos ayuda de ese tipo. El apoyo aéreo es necesario y también que lleguen armas, pero de ningún modo queremos que vengan tropas aquí que serían vistas como una ocupación', asegura. La resolución 1973 del Consejo de Seguridad excluyó, de todas formas, el envió de tropas terrestres occidentales al país magrebí.

Del mismo modo que Sheib opinan los que van a partir hacia la batalla. 'No nos gusta la idea, queremos tomar Ajdabiya nosotros solos con la ayuda de Alá', asegura Abdulá Arrambli, uno de los combatientes dispuesto a morir por la libertad subido a un todoterreno en marcha y acompañado de otros tres rebeldes armados.

Algo ha cambiado en sus rostros con respecto a los últimos días. Algunos de los combatientes son más maduros y con signos visibles de haber librado más de una batalla.

La guerra se estanca también en la ciudad de Misurata, al este de Trípoli, donde los aviones de la coalición internacional bombardearon por segundo día consecutivo las fuerzas de Gadafi, destruyendo algunos tanques.

Sin embargo, no lograron frenar la incursión de otros blindados en el centro de la ciudad, en la que también se ha detectado la presencia de francotiradores y en la que los rebeldes dicen haber terminado con una treintena de pistoleros leales al régimen.

Un portavoz del Africom, el mando de las tropas estadounidenses para África, aseguró que en la madrugada del miércoles al jueves lanzaron 14 misiles Tomahawk sobre objetivos de Gadafi en esta ciudad y 175 en toda Libia para acabar con las defensas aéreas del dictador.

Por primera vez en los seis días de bombardeos, un avión de la coalición, un Rafale francés, garantizó la zona de exclusión aérea decretada por las Naciones Unidas con un ataque. El que acabó con un pequeño avión libio justo después de que aterrizara en un aeropuerto militar de Misurata.