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"Después del Holocausto nos prometimos que nunca jamás"

Nadia Murad y Lamiya Aji Bashar reciben el Premio Sájarov 2016 en el Parlamento Europeo y piden ayuda a la UE para juzgar al Estado Islámico por el genocidio al pueblo yazidí. "Los países ricos muchas veces somos incapaces de dar protección", reconoce Martin Schulz.

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Las activistas por los derechos de la comunidad yazidí en Irak y supervivientes de esclavitud sexual por el autoproclamado Estado Islámico, Nadia Murad y Lamiya Aji Bashar. - EFE

ESTRASBURGO.- Nadia Murad y Lamiya Aji Bashar, Premio Sájarov 2016 del Parlamento Europeo, han pedido este martes apoyo internacional para llevar al Estado Islámico ante el Tribunal Penal Internacional (TPI) por el genocidio al pueblo yazidí y para establecer una zona de protección para las minorías en Irak.

"Esperamos del Parlamento Europeo y del mundo que lleven el genocidio de los yazidíes hasta el Tribunal Penal Internacional para hacer justicia y que rinda cuentas el autodenominado Estado Islámico para evitar que en el futuro no se comentan estas atrocidades", clamó Aji Bashar en su discurso ante la sesión plenaria del PE. "Creo ─añadió Murad─ que la comunidad internacional tiene que establecer además una zona o zonas de seguridad para estas minorías en Irak, coordinadas por el Gobierno iraquí y las autoridades del Kurdistán". Y si no, continuó Murad, "pido a Europa que abra sus puertas a los yizadíes como ocurrió tras el Holocausto".

Murad y Aji Bashar, que recogieron el galardón ataviadas con el traje típico de su comunidad, son "heroínas", aseguró Martin Schulz, presidente del PE, quien ofreció a los yazidies el respaldo de la Eurocámara para que el genocidio de este pueblo, "uno de los más antiguos de la Humanidad", llegue ante el TPI, para que esos crímenes "no queden impunes".

"Después del Holocausto nos prometimos que nunca jamás. Hay que evitar esta persecución y sufrimiento, vemos ciudades y regiones reducidas a escombros que desaparecen del mapa, como asesinan a hombres y secuestran a niños y mujeres para esclavizarlos. Las democracias y los países ricos muchas veces somos incapaces de dar protección. Es una vergüenza y es insoportable", subrayó Schulz.

Murad y Aji Bashar pidieron ayuda para liberar a las más de 3.500 mujeres y niños que se calcula que siguen cautivos del EI como esclavos sexuales en condiciones tan duras que, incluso, dijo Murad en un seminario previo, "muchas jóvenes se han suicidado por las atrocidades sufridas mientras estaban capturadas". En ese foro, las dos portavoces de la causa yazidí apostaron por el establecimiento de cuotas para que cada país europeo acoja a refugiados de esta minoría kurda iraquí, y pusieron como ejemplo la política seguida en este punto por Alemania, donde ambas residen.

También solicitaron ayuda psicológica para las mujeres yazidíes que escaparon del EI tras sufrir la llamada "yihad sexual" y viven en condiciones difíciles en campamentos de refugiados en Kurdistán. "Necesitamos a Europa para reconstruir nuestra tierra y volver", dijo Lamiya ante el plenario, en un discurso en el que recordó los horrores que vivió en los 20 meses en los que estuvo secuestrada, y en los que fue vendida hasta en cuatro ocasiones.

Las cuatro veces intentó huir y fue "violada y torturada", incluso tuvo que fabricar chalecos bomba. Su último "propietario" era un médico iraquí que abusó de ella y de sus amigas, algunas tenían tan solo "ocho y nueve años". Con ellas huyó, pero antes de llegar a un lugar seguro su amiga Katrin pisó una mina ("sus gritos de dolor mientras fallecía es lo más terrible que haya escuchado en mi vida entera", dijo).

A ella la explosión le desfiguró la cara y perdió la vista, que recuperó tras ser tratada en Alemania: "He vuelto a ver para ser la voz de las víctimas", aseguro Aji Bashar, quien siente que el Premio Sájarov la dota de "una fuerza ingente para ser la voz de los que no tienen voz, de las víctimas del terrorismo y de los muertos". "Han pasado más de dos años (desde que el EI arrasó su pueblo) y hay más de 3.500 mujeres y niños que siguen cautivos, cada día mueren miles de personas, los restos de nuestros muertos están esparcidos sin sepultura, mi pueblo no tiene valor ni vivo ni muerto", lamentó Lamiya, quien reveló que su edad real es 18 años.

En el seminario previo a la ceremonia, Murad explicó que los momentos más duros para ella fueron el 3 de agosto de 2014 cuando el EI exterminó a todos los hombres y mujeres "sin valor comercial" de su pueblo, incluida su madre, y a las jóvenes y a los niños los metieron en un autobús donde "empezaron los tocamientos". Y cuando vio vídeos con decapitaciones: "Ese día pensé que era el fin de la Humanidad", dijo, pero "nunca" perdió la esperanza.

Schulz destacó la presencia en el plenario de familiares y amigos de las premiadas, entre ellos el hermano pequeño de Lamiya, quien se reencontró con ella ayer en Estrasburgo.
Asistieron a la ceremonia los finalistas al premio: el periodista turco Can Dundar y el activista tártaro Mustafa Dzhemilev. En 2015, la Eurocámara distinguió al bloguero Raf Badawi, encarcelado por "insultar al Islam" en Arabia Saudí, que "sigue encarcelado", recordó Schulz, quien exhortó a las autoridades del país a ponerlo en libertad de forma "inmediata".