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El dictador extravagante

Tras pasar de paria a rehabilitado, el líder libio ofreció su peor versión en los últimos meses

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Ala espera de aclarar los detalles de su muerte, Muamar Gadafi ha terminado su vida cumpliendo su amenaza de no rendirse y dar la batalla hasta el final. 'Yo no me voy a ir con esta situación. Moriré como un mártir'', dijo el dictador libio el pasado febrero al iniciarse la revuelta.

Gadafi vivió varias vidas durante los 42 años que gobernó Libia: joven líder revolucionario, represor, panarabista, patrocinador del terrorismo, paria internacional, aliado estratégico rehabilitado, panafricanista, tirano derrocado por su pueblo.

El futuro líder libio nació cerca de Sirte en 1942. De padres nómadas, Gadafi inició estudios de Geografía en la Universidad de Bengasi, pero los abandonó para iniciar una carrera militar. En 1969 llegó al poder tras un golpe militar que derrocó al rey Idris. Quiso imitar al egipcio Gamal Abdel Nasser y logró garantizar para Libia la mayor parte de los beneficios obtenidos del petróleo libio, dando paso al boom del oro negro en los países árabes de los años setenta.

A principios de esa década, escribió el Libro Verde, que resumía la filosofía política que aplicó con mano de hierro. Intentó superar las contradicciones del capitalismo y el comunismo en esa obra, un documento político diseñado para gobernar a todas las tribus libias. Con los ingresos del petróleo decidió reforzar su Ejército, pero también mejorar la calidad de vida de los libios, sobre todo la de los pobres.

Gadafi no supo controlar la onda expansiva de la Primavera Árabe Entonces, Gadafi tenía un carisma que le granjeó cierta popularidad en el mundo árabe, ya que veían en él al único líder de la zona capaz de desafiar a Israel y a EEUU.

Pero la idílica Libia que había diseñado Gadafi sobre un diagrama de participación circular, en el que la soberanía recaía sobre el pueblo, acabó resultando un sistema represivo en el que todo el poder se concentraba en el entorno del dictador, sus hijos y sus amigos.

Mientras aplastaba cualquier disidencia y asesinaba a los opositores dentro y fuera de Libia, se convirtió en el gran mecenas del terrorismo internacional en los ochenta.

Su aislamiento internacional durante más de 15 años llegó tras el atentado contra el vuelo de la Pan Am que explotó sobre la localidad escocesa de Lockerbie en 1988, en el que murieron 270 personas.

Pero tras ver lo sucedido con Sadam Husein, el líder libio decidió jugar la única carta que le quedaba y desmanteló su programa de armas de destrucción masiva y pagó indemnizaciones millonarias por el atentado de Lockerbie.

El entusiasmo inicial de su régimen se convirtió en profunda represión Entonces fue rehabilitado y tratado con honores por líderes europeos como Tony Blair y José María Aznar. El propio Aznar lo calificó el pasado abril como 'un amigo extravagante'. Durante su reinserción, Gadafi llevaba a su jaima a las visitas oficiales, siempre vestido de forma estrafalaria.

En las cumbres de la Liga Árabe le encantaba provocar a los asistentes, insultar a los países del Golfo y proclamarse 'rey de reyes de África'.

Cuando la onda expansiva de las revoluciones árabes llegó a Libia, Gadafi no supo controlar la situación. Poco acostumbrado al diálogo, sus fuerzas fueron derrotadas por los rebeldes y los bombardeos de la OTAN. Las imágenes de su captura y de su cuerpo ensangrentado pusieron ayer fin a su régimen.