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La dictadura birmana suaviza sus formas

Las elecciones de hace un año iniciaron la apertura política del país

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En Rangún se respira un ambiente relajado, que sorprende en una de las dictaduras militares más cerradas del mundo, dirigida por los militares desde hace medio siglo. Ayer era día de fiesta y los habitantes de la capital birmana se levantaron sin mucha prisa. Se cumplió un año desde las primeras elecciones celebradas en Birmania en dos décadas, pero aún hay muchas dudas sobre si el proceso de apertura política iniciado entonces desencadenará una verdadera transición democrática.

Las elecciones fueron el punto álgido hacia lo que la Junta Militar, en el poder desde 1962, denominó una 'democracia disciplinada'. Las pocas esperanzas depositadas en un proceso electoral que reserva el 25% de los escaños a los militares y la ausencia del principal partido opositor, la Liga Nacional para la Democracia (LND) de la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, se reflejaron en una elevada abstención. Tal y como se esperaba, en unos comicios que fueron calificados como 'cualquier cosa excepto justos y libres' por la Casa Blanca, el partido vinculado a la Junta obtuvo un triunfo aplastante.

Una nueva ley permitirá legalizar el partido opositor de Suu Kyi, la LND

Su candidato, el antiguo primer ministro Thein Sein, dejó entonces el traje militar para enfundarse el de presidente civil. Al mismo tiempo se disolvió la Junta Militar y el antiguo dictador, Than Shwe, se situó en la sombra.

Todo apuntaba a que esos serían todos los cambios que vería Myanmar, como se conoce oficialmente el país desde 1989. Sin embargo, desde el pasado agosto, los acontecimientos se han precipitado y los cambios se anuncian con celeridad. Primero empezaron las reuniones con Suu Kyi, que ha pasado 15 de los últimos 22 años en arresto domiciliario y que fue liberada seis días después de las elecciones. Un mes después, el Gobierno decidió paralizar la construcción de la polémica presa de Myitsone, en manos de una empresa china, por las protestas.

En octubre, se concedió una amnistía a 6.000 presos, entre ellos 200 disidentes políticos, y se ha anunciado que en breve habrá una nueva liberación de reos. El último anuncio importante llegó el pasado sábado, cuando se confirmó que el presidente había firmado la nueva ley de partidos políticos, que permitirá la legalización de la LND, el partido de Suu Kyi.

Siguen las torturas y las irregularidades judiciales, denuncia la disidencia birmana

Los cambios se palpan también en las calles, que por primera vez en mucho tiempo se han vestido tímidamente con algunas fotografías de la Dama, como se conoce a la líder de la oposición. Las portadas de los periódicos muestran su rostro y la mayor parte de las tiendas tiene un pequeño espacio reservado para la Nobel de la Paz. 'El nuevo Gobierno está negociando con ella. Ahora ya no hay problema por poner su foto o mencionarla', asegura una optimista vendedora. 'Todo está bien', reitera.

No todos se muestran tan optimistas y muchos aún recuerdan que otros procesos de apertura acabaron con mayor represión, especialmente las elecciones de 1990 en las que la victoria de Suu Kyi no fue reconocida. 'Para mí la vida no es mejor que antes. Se siguen llevando nuestro dinero y los precios no paran de subir', asegura un licenciado en Geografía que se gana la vida como taxista.

Otros, como un vendedor de guitarras fabricadas por él mismo, aún se ponen nerviosos al hablar de política, a pesar de que sobre una de sus paredes cuelga una foto de Suu Kyi en su reunión con el presidente Thein Sein celebrada en agosto.

La oposición y varios grupos humanitarios también consideran que los cambios son poco más que maquillaje y aseguran que aún sigue habiendo abusos por parte de los militares en las zonas de conflicto con las guerrillas tribales, torturas a prisioneros políticos e irregularidades judiciales.

Son una bocanada de aire, dicen, que busca aliviar las sanciones internacionales, pero muchos no se fían de que la pequeña ventana no se cierre un día de golpe.