Publicado: 16.01.2011 08:00 |Actualizado: 16.01.2011 08:00

El 'discurso del odio' envenena la democracia

Los expertos avisan de los efectos devastadores del lenguaje político agresivo.

 

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¿Qué pasa cuando el presidente es un traidor a la patria, además de criminal y amigo de terroristas, y dirige un aparato totalitario al servicio de la Solución Final que incluye el asesinato en masa de niños y ancianos? ¿No podría ser lícita todo tipo de resistencia?

EEUU lleva toda la semana debatiendo el papel desempeñado por el discurso del odio, enarbolado por el Tea Party, en el tiroteo de Arizona que mató a seis personas e hirió a la congresista Gabrielle Giffords, demócrata en la diana ultra. Pero el país que se describe al inicio de este artículo no es EEUU, sino la España de José Luis Rodríguez Zapatero vista por algunos de los líderes mediáticos más influyentes de la derecha española, como acaba de poner de manifiesto el ex director adjunto de El País José María Izquierdo en Los cornetas del apocalipsis (La Hoja del Monte, 2011).

The New York Times resolvió el debate sobre la responsabilidad del "discurso del odio" en un editorial: "Es fácil y equivocado atribuir este particular acto de locura directamente a republicanos o a miembros del Tea Party. Pero es legítimo responsabilizar a republicanos y particularmente a sus apoyos más virulentos en los medios por el vendaval de ira que ha producido la gran mayoría de las amenazas y ha empujado a la nación al precipicio". Naturalmente, The New York Times escribió solo sobre EEUU, pero no es raro que en España hayan proliferado los artículos titulados "Sarah Palin no es responsable" o similar: los medios más afines a Esperanza Aguirre llevan semanas amagando con la idea de enarbolar aquí la bandera del Carajillo Party y compitiendo en metáforas violentas con sus hermanos de EEUU.

"Este clima de agresividad excepcional que existe en EEUU es aún más duro en España, donde se ha llegado al paroxismo con el objetivo de destruir al presidente", sostiene el catedrático de Sociología y ex ministro socialista José María Maravall. Y añade: "Aquí, en las cajetillas de tabaco se dice que el tabaco mata y el Parlamento aprueba una ley con consenso para limitar el humo. ¿Esto es ser nazi?".

"Es imposible atribuir una responsabilidad política al acto de un perturbado, pero sin duda estamos en un proceso agresivo de intolerancia que daña a todos y a la democracia", agrega Maravall, autor de La confrontación política (Taurus, 2009), quien considera que la derecha española "importó la estrategia de los sectores más duros de EEUU".

La relación entre Ley Antitabaco y nazismo no es un ejemplo teórico. La ha hecho el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, del PP, tras propagarse en la derecha mediática un fenómeno que a juicio del sociólogo de la Complutense Félix Ortega define los nuevos tiempos: "Los líderes carismáticos del nuevo populismo se dan más en los medios que en los políticos, que se ven obligados a ir a remolque", afirma el catedrático, que a finales de mes publicará La política mediatizada (Alianza).

"El Tea Party ha creado un clima que, en una sociedad armada y llena de iluminados imbuidos del puritanismo religioso que les hace sentir elegidos, puede tener efectos letales", afirma Ortega, quien subraya que la TDT ha incorporado a nuevos actores en España, con epicentro en Madrid, que han reforzado este proceso de generación de un clima nocivo: "Aguirre decidió entregar toda la TDT a la extrema derecha y ahora tenemos un problema. Afortunadamente, la conflictividad es más virtual que real porque la sociedad aún tiene vivo el recuerdo de la Guerra Civil".

Según su visión, el PP iría detrás de las nuevas cadenas y de otros agentes que "han tratado de generar crispación", entre los que incluye la jerarquía de la Iglesia. De hecho, buena parte de los líderes mediáticos del Carajillo Party se han formado en la Cope, la cadena de los obispos. Y en su reciente visita, Benedicto XVI afirmó que el Ejecutivo seguía los pasos de las políticas republicanas que a su juicio llevaron a la guerra.

La tesis de Ortega coincide en buena medida con la de la socióloga Belén Barreiro, ex presidenta del CIS y ahora al frente del Laboratorio de la Fundación Alternativas. Barreiro sostiene que el PP ha jugado mucho la carta de la crispación, pero que ahora ya no le interesa: "En la primera legislatura de Zapatero, el debate giraba en torno al eje izquierda-derecha en un país de centro-izquierda y, por tanto, la crispación era el único mecanismo para tratar de imponer otra agenda que le fuera favorable". "En cambio, ahora el PP habla de economía y ya no necesita cambiar la agenda", añade.

Según este análisis, el problema para el PP serían precisamente los tentáculos mediáticos alimentados en el periodo en que primaba la estrategia de la crispación: "Hay que distinguir la crispación política del descontrol mediático de tertulianos que ya están desatados", apunta.

Estos sectores mediáticos ultramontanos se han ido extendiendo y su griterío llega cada vez más lejos. El periodista Javier Vizcaíno, que los escruta desde 2000 primero desde el radiofónico Cocidito madrileño y desde 2007 también en Público, con La trama mediática considera que la TDT ha aumentado el volumen del ruido porque la competencia obliga a disparar los decibelios: "Antes, el lenguaje brutal se circunscribía a la cuestión vasca. Luego, se extendió a Catalunya. Y desde la llegada de Zapatero, ya es general y afecta a todo".

El veterano periodista José María Izquierdo agrupa en su libro algunas de las perlas de 10 "cornetas del apocalipsis" desde Federico Jiménez Losantos hasta Carlos Dávila y hace notar que se difunden con normalidad en los medios supuestamente moderados o liberales: "Estas barbaridades no aparecen en panfletos de ciclostil, sino que la extrema derecha va ganando terreno en los medios de la derecha tradicional". "No sé si es un peligro para la democracia, aunque creo que sí, pero desde luego lo es para la convivencia".

Victoria Camps, catedrática de Filosofía Moral y Política de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), juzga que "no es posible demostrar la causalidad entre el lenguaje violento y la violencia y que, por tanto, no se puede acusar al Tea Party de lo que haga un desequilibrado". Pero no significa que la dinámica no tenga consecuencias: "Este lenguaje político agresivo, del que en buena parte son responsables los medios, es contraproducente para la política y malo para la democracia".

Camps advierte de que no es sólo la derecha la que comete excesos: "Hay agresiones desde todos los campos y suelen utilizarse metáforas e imágenes parecidas: ahora es el Tea Party; antes, los que cargaban contra [George W.] Bush". El historiador Xavier Casals, experto en movimientos ultra, coincide: "No hay un vínculo directo entre el lenguaje agresivo y los asesinatos y estas actitudes no son patrimonio de ningún sector ideológico".

Xavier Giró, director del Observatorio de la Cobertura de Conflictos de la UAB, admite que la izquierda ha cometido excesos "A Aznar puede acusársele de muchas cosas, pero no de genocida", pero sostiene que la producción central del "discurso del odio" parte de los medios de extrema derecha, que a su vez tienen un eco creciente en los de derecha. "El mecanismo básico es la demonización del otro, que al avanzar se percibe como una amenaza directa para uno y su grupo. Y ante el Mal Absoluto que te amenaza, este tiene que ser eliminado para que sobrevivas explica Giró. Este caldo de cultivo de aversión es peligrosísimo: facilita el salto al odio y que cualquier desequilibrado se sienta legitimado".

La red está llena de webs llamando a la acción. Y no sólo en sus catacumbas, sino en sus autopistas más cool. Ahí está, tan campante desde hace dos meses, el grupo de Facebook "Zapatero, vete con tu abuelo". Dice superar ya los 600 miembros. Y seguro que a ninguno hay que explicarle que el abuelo paterno del presidente fue fusilado en 1936.