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La disidencia china sufre un calvario por el Nobel a Liu

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Suena a paradoja, pero, un año después de que el Comité Noruego otorgara el Premio Nobel de la Paz al activista chino Liu Xiaobo, los derechos humanos en el gigante asiático han sufrido una importante regresión. La concesión del galardón a Liu, un profesor de universidad condenado a 11 años de prisión por escribir un manifiesto a favor de la democracia en China, disparó la represión del régimen comunista sobre las voces críticas internas. La Primavera Árabe, a inicios de este año, terminó de convencer a Pekín de que era necesario recuperar niveles de opresión política similares, según han insistido muchos disidentes, a los años posteriores a la matanza de Tiananmen de 1989.

Así, mientras el Gobierno chino ata en corto a los críticos, Liu Xiaobo continúa encerrado en una prisión de Jinzhou, al norte del país, sin apenas contacto con el exterior y sin ninguna perspectiva de que se reduzca su condena. Es más, desde que recibiera el Nobel, también su esposa se ha convertido en prisionera política. Ella, Liu Xia, lleva exactamente un año bajo arresto domiciliario sin que se hayan presentado cargos en su contra.

El activista premiado sigue encarcelado y su esposa está bajo arresto domiciliario

'Llevo un año clamando con firmeza que Liu Xia no es una sospechosa criminal, sino una ciudadana corriente. Según la ley china, ella no ha incurrido en ningún delito y sin embargo están limitando su libertad', denuncia Mo Shaoping, jefe del bufete de abogados que asesora a Liu Xiaobo, a Público. 'Se le ha prohibido el contacto con otras personas, el uso del teléfono y de internet. Todo esto viola la ley y, cuando pregunto a la Policía qué razón hay para todo esto, no me dan respuesta. Es evidente que no tienen ninguna autoridad legal y que manipulan la ley a su voluntad', prosigue.

Mo Shaoping, quien debido a su amistad con la pareja decidió ceder el caso de Liu a un compañero de bufete, lleva un año sin ver a ninguno de los dos. Sólo los familiares más cercanos pueden acudir a casa de Liu Xia, cuyo estado psicológico es inestable, como demuestra un breve mensaje que fue capaz de enviar en febrero a una amiga a través de internet. 'Me siento miserable, nadie puede ayudarme y todos mis familiares se han convertido en rehenes', deploró. Esa es la última noticia que se tuvo de ella.

En el último año han desaparecido unos 200 disidentes por toda China

'El modo en que la están tratando no tiene precedentes en la historia de los Nobel de la Paz. Su situación es extremadamente lamentable', advirtió recientemente Geir Lundestad, secretario del Comité Noruego de los Nobel. Tampoco es común la total privación de derechos jurídicos que está sufriendo Liu Xiaobo desde que le concedieron el galardón. No sólo no tiene derecho a una visita mensual de su familia como marca la ley, sino tampoco a verse con su abogado, Shang Baojun, quien admite no tener 'ni idea' del estado de su defendido, ya que en el último año las autoridades le han 'impedido reiteradamente' acudir a la cárcel.

'El Gobierno no quiere que nadie tenga noticias de Liu Xiaobo, por eso no permite visitar la prisión ni autoriza a Liu Xia a salir de casa', explica Shang a este diario. 'De un año para acá, el caso no ha cambiado nada. Si acaso, el arresto domiciliario de su esposa, lo que agrava aún más la situación', prosigue.

Las últimas noticias las han aportado los tres hermanos de Liu Xiaobo, quienes se han encontrado con él dos veces en septiembre. La primera fue el día 18, cuando las autoridades le concedieron un permiso especial para acudir al funeral de su padre en la ciudad de Dalian. La segunda fue el día 28, cuando pudieron visitar la cárcel por vez primera desde julio de 2010. Sin embargo, los hermanos guardan un silencio absoluto. '[Liu] está bien. No es conveniente revelar más detalles', contestaron esta semana a la agencia AP a través de un mensaje de móvil. Según el Centro de Derechos Humanos de Hong Kong, las autoridades podrían permitir a su esposa visitar la prisión a mediados de este mes.

Una nueva ley autoriza a la Policía a no informar a la familia de un arresto

En el último año han desaparecido más de 200 activistas por todo el país. Algunos han podido regresar a casa. Otros no. En esta nueva oleada de represión, las autoridades están castigando también a las familias a base de arrestos domiciliarios y vigilancia policial.

El 30 de agosto Pekín presentó un proyecto de ley para legalizar que la Policía no informe a la familia cuando detiene a un sospechoso de 'incitar a la subversión del poder del Estado', acusación clásica que reciben los disidentes políticos.