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Otra dura experiencia les espera

Los mineros precisarán apoyo psicológico durante mucho tiempo para afrontar el desempleo y el aluvión mediático

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El mundo al que saldrán será distinto. En su primer contacto visual con el espacio exterior, unas gafas con unas potentes lentes los protegerán de la luz ultravioleta. Poco a poco, sus ojos tendrán que ir adaptándose a los rayos del sol. La luz será sólo el primero de los múltiples cambios a los que los 33 mineros tendrán que hacer frente tras su prolongado encierro a más de 600 metros bajo tierra.

Para empezar, bajaron a la mina con un empleo y salen sin él. La empresa San Esteban, dueña del yacimiento de San José, donde se produjo el derrumbe, comenzó la semana pasada a finiquitar a 270 empleados de la mina.

Los trabajadores ya se habían quedado sin trabajo tras el derrumbe, pero San Esteban les debía varias pagas y el finiquito, si bien había solicitado a las autoridades que declarasen la empresa en quiebra, lo que la hubiera eximido de hacer frente a esos pagos.

El pasado 26 de agosto, la justicia chilena ordenó retener 900 millones de pesos (1,7 millones de dólares) a San Esteban. Este dinero ha sido finalmente desbloqueado para poder finiquitar a los empleados y que puedan buscar otra fuente de empleo.

En la zona no hay muchas opciones, aparte de la minería. Hay 686 yacimientos pequeños y medianos. Pagan más, pero son los que tienen condiciones más precarias y peores medidas de seguridad.

En total, 31 mineros han muerto en Chile en 2010, en 28 accidentes laborales. Sus familias no tuvieron el foco de los medios de comunicación, ni recibieron la visita del presidente, Sebastián Piñera. En diez años, las minas se han cobrado en Chile la vida de 373 trabajadores, según datos del Servicio General de Geología y Minería (Sernageomin).

Los familiares de los 33 atrapados han tratado de usar su acceso a los micrófonos para exigir que mejoren las condiciones. 'En este momento en que los ojos del mundo están puestos aquí, quiero hacer un llamamiento a todos los empresarios mineros que tienen problemas de seguridad en sus yacimientos, para que lo piensen bien antes de meter trabajadores adentro', dijo Lilianet Ramírez, esposa de Mario Gómez, el minero que tiene afecciones respiratorias porque padece de silicosis. El padre de Mario, también minero, murió a causa de esa misma enfermedad.

'Este accidente en la mina San José se podría haber evitado si los empresarios hubiesen tomado las medidas. Esta mina podía funcionar, pero había que invertir en ella', añadió.

'Llevamos 13 muertos por accidentes mineros sólo en la región de Atacama (en 2010). Aún queda mucho por hacer en materia de seguridad y la responsabilidad principal es de los empresarios', afirmó.

Interpelado por Público, el ministro de Minas, Laurence Golborne, dijo que 'la seguridad es responsabilidad de todo el país', pero eludió entrar en detalles sobre si el Gobierno endurecerá los requisitos de seguridad para las minas.

En los primeros meses tras el rescate, las exclusivas a los medios serán una veta aparentemente inagotable de ingresos para los 33 mineros que han protagonizado el encierro bajo tierra más largo de la historia.

Las ofertas ya llueven y se ofrecen hasta 4.500 euros por declaraciones en exclusiva, cuando su sueldo en San José rondaba los 900 euros.

La presión mediática será tal que los mineros ya recibieron durante la semana pasada un cursillo sobre cómo tratar con la prensa una vez se produzca su salida.

Pero el foco de los medios tarde o temprano se apagará y los canales de televisión se irán en busca de otras historias. ¿Tendrán entonces apoyo psicológico los mineros para volver a su vida o habrán caído ya en el olvido? Según el ministro de Sanidad, Jaime Mañalich, el seguimiento médico y psicológico se prolongará por mucho tiempo.