Público
Público

Duros combates obligan a cerrar el aeropuerto de Saná

Los choques entre las fuerzas del dictador de Yemen y milicianos tribales siembran el caos en la capital. En la batalla mueren 17 combatientes

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Hablar de revuelta popular en Yemen, uno de los países más pobres del mundo y donde imperan los sentimientos tribales, ya es un eufemismo. Los sangrientos combates entre los fieles al dictador Alí Abdalá Saleh y los milicianos del jefe tribal Sadek Abdalá al Ahmar han sembrado el caos en Saná. Ayer, el aeropuerto de la capital tuvo que cerrar y al menos 17 personas perdieron la vida; unas 200.000 personas ya han huido de la ciudad. Además, hay otros dos frentes: la ciudad de Taiz, uno de los feudos de la oposición a Saleh, sufre cada día la represión de las tropas y, en el sur, los militares intentan recuperar por la fuerza el control de Zinjibar, en manos de supuestos miembros de Al Qaeda.

Los combates en Saná se concentran en el barrio de Hasabah, al norte de la capital y uno de los más transitados por encontrarse en la carretera del aeropuerto, donde hay muchos comercios. Pero desde el pasado 23 de mayo, cuando los hombres de Al Ahmar decidieron usar la fuerza contra las fuerzas de Saleh ellos dicen que sólo contestaron a disparos del Ejército, las persianas están cerradas. La situación para las miles de personas reunidas contra el régimen en la Plaza del Cambio es cada día más difícil: transitar en la ciudad es casi imposible, narran algunos de sus habitantes, y los manifestantes van volviendo a su casa. El conflicto entre los militares de Saleh y los milicianos tribales pone fin a un movimiento pacífico de más de cuatro meses.

El conflicto ha costado la vida a 135 personas en tan sólo diez días

Sin embargo, desde su residencia de Hasabah, Al Ahmar, potente jefe de la confederación tribal de los Hashed, asegura que los combates no están relacionados con la 'revolución popular pacífica' que vive el país árabe. 'El régimen intenta llevarnos hacia combates armados, en Saná o en Taiz, pero la revolución pacífica sigue en marcha en 17 provincias del país', declaró el portavoz de Al Ahmar al diario francés Le Monde, uno de los pocos que han conseguido entrar en Yemen y trabajar desde ahí, puesto que el régimen mantiene un verdadero bloqueo informativo desde el inicio de las revueltas. 'Pero no caeremos en la trampa de las autoridades, que buscan el estallido de un conflicto armado duradero', añadió.

En el terreno, todo se asemeja a una guerra civil en toda regla. La propia residencia de Al Ahmar recibe disparos de morteros y en los últimos diez días han muerto al menos 135 personas. 'Sentí silbar las balas por encima de mi cabeza. Mi esposa y mi hija estaban gritando. Era horrible', dijo a la agencia Reuters un vecino de la capital. 'Ya no hay ni electricidad, ni agua, sólo se oyen explosiones que hacen temblar mi casa. ¿Eso es vida?'. El diario local anglófono Yemen Times, supuestamente independiente, hablaba en su edición de ayer de 'terror en Saná'.

Más tribus acuden hacia la capital yemení, cuyo casco histórico es patrimonio mundial de la Unesco, para sumarse a las fuerzas de Al Ahmar. Sus hombres van ocupando importantes edificios gubernamentales, como el Ministerio de la Industria y del Turismo, las oficinas de la compañía aérea Yemenia y de la agencia oficial SABA, y la sede de Congreso Popular General, partido de Saleh. Aunque el diario estatal 26 de septiembre lo desmintió y, ayer, las autoridades aseguraron que habían 'liberado' el Ministerio de Industria.

Saleh, presidente desde hace 33 años, se niega a abandonar el poder

Yemen es un país estratégico para la estabilidad del golfo de Adén, por donde transitan los superpetroleros, y de la Península Arábiga. La vecina Arabia Saudí, que lideraba la propuesta del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) que Saleh se negó tres veces a firmar, no quiere un conflicto en su frontera sur y pidió el respaldo de su mayor aliado: Estados Unidos. Ayer, el enviado de la Casa Blanca, John Brennan, abandonó Riad para ir a Emiratos Árabes Unidos, donde buscará con las autoridades locales un plan de paz. Brennan intentará que Saleh acepte la propuesta del CCG, que le otorga inmunidad si abandona el poder.

Una de las incógnitas del conflicto es la actitud del general Alí Mohamed al Ahmar,miembro de la familia del jefe tribal Sadek y uno de los hombres más poderosos del país. El militar, que desertó para apoyar la revolución contra Saleh, mantiene por ahora a sus hombres y carros blindados en sus cuarteles.

Los analistas consideran que, si el general Al Ahmar se une al conflicto armado, Yemen puede abandonar casi definitivamente la idea de encontrar una salida pacífica a la crisis a corto plazo.