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Édouard Philippe Un "hombre de derechas" al frente del Gobierno de Macron para atraer a los conservadores

Édouard Philippe, el alcalde de Le Havre, es el elegido por Macron como nuevo primer ministro de Francia. Su elección es una jugada estratégica para atraer a los votantes conservadores en las elecciones legislativas de junio

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Édouard Philippe, este lunes en París. AFP

Édouard Philippe, un alcalde y diputado de centroderecha poco conocido por la mayoría de los franceses, dirigirá el primer Gobierno bajo el mandato de Emmanuel Macron. El joven dirigente centrista, investido presidente el pasado domingo, ha nombrado como primer ministro al alcalde de Le Havre (noroeste de Francia). Philippe, 46 años, se convertirá en uno de los primeros ministros más jóvenes de la Quinta República, tras haber sido un estrecho colaborador del dirigente conservador Alain Juppé, derrotado en las primarias de la derecha por el denostado François Fillon.

"Usted ha dicho que es un hombre de izquierdas. Pues yo soy un hombre de derechas", ha asegurado Philippe al ex primer ministro saliente, el socialista Bernard Cazeneuve, durante la transmisión del poder este lunes por la tarde en el Hotel de Matignon en París. La elección de Philippe representa, de hecho, un guiño evidente al electorado de la derecha republicana y a los diputados menos reaccionarios del partido Los Republicanos, a los que Macron espera atraer para conformar una mayoría parlamentaria durante las elecciones legislativas del 11 y 18 de junio.

La trayectoria política de Philippe cumple con los estereotipos de los dirigentes franceses. Nacido en Rouen (Normandía) en 1970, cursó sus estudios universitarios en el prestigioso centro de Sciences Po Paris antes de incorporarse a la elitista Escuela Nacional de Administración (ENA), por la que también pasaron el presidente Macron o su predecesor en el Elíseo François Hollande.

El flamante primer ministro empezó, curiosamente, su carrera política a principios de los noventa como militante del Partido Socialista. Simpatizaba entonces con el progresismo moderado del ex primer ministro Michel Rocard, precursor de la segunda izquierda francesa, reformista y anticomunista. Después de dos años de militancia socialista, abandonó esta formación para incorporarse a las filas de la derecha republicana. Este salto de un lado al otro del tablero político debe de ser del agrado de Macron, quien pretende reunir "lo mejor de la derecha y de la izquierda".

Un lugarteniente de Alain Juppé

A mediados de los noventa, Philippe entró en contacto con el histórico alcalde de Le Havre Antoine Rufenacht y se incorporó en 2001 al equipo municipal de esta ciudad. Tras un breve paso por la compañía de energía nuclear Areva, donde ejerció como director de asuntos públicos —es decir, como lobista —, reemplazó en 2010 a su mentor en la alcaldía de Le Havre. Los habitantes de esta localidad normanda lo reeligieron durante las elecciones municipales de 2014, en las que obtuvo la mayoría absoluta de los votos en la primera vuelta.

No obstante, su principal valedor fue el ex primer ministro y actual alcalde de Burdeos, Alain Juppé. Empezó a colaborar con este dirigente histórico de la derecha francesa a principios de los 2000 y ejerció como su consejero en 2007, cuando nombraron a Juppé como ministro de Medio Ambiente. Esta estrecha relación se prolongó hasta las primarias del partido Los Republicanos en noviembre del año pasado. Entonces, ocupó el puesto de portavoz de la desafortunada candidatura de Juppé, derrotado con claridad por Fillon a pesar de su condición de favorito.

Además de su longeva trayectoria en el seno de la derecha republicana, Philippe cuenta con otra mancha en su historial que contradice el mensaje de regeneración y transparencia promovido por Macron. Según reveló el diario digital Mediapart, su declaración de patrimonio fue considerada en 2014 como incompleta por las autoridades responsables de la transparencia de la vida pública. Esto comportó que lo amonestaran con una multa simbólica sin valor judicial ni económico. Un escándalo menor que no impidió que este se desvinculara de la candidatura de Fillon, manchada por los escándalos de corrupción.

Director de orquestra de una gran coalición

Tras el estallido del Penelopegate y la imputación del líder de la derecha republicana por los supuestos empleos ficticios de su mujer y sus hijos como asistentes parlamentarios, el alcalde de Le Havre dejó de apoyar a Fillon en la carrera al Eliseo. Su única participación durante la campaña consistió en escribir una columna semanal para el diario Libération.

"Para algunos, impresionados por su poder de seducción y su retórica reformista, Macron sería el hijo de Kennedy. Podemos dudarlo. Kennedy tenía bastante más carisma", aseguraba Philippe en Libération a principios de año, expresando así sus dudas respecto a la figura del dirigente centrista. Pese a esta cierta frialdad con la que acogió la candidatura del líder de En Marche! (En Marcha!), el alcalde de Le Havre ya reconocía entonces que "Macron piensa lo mismo que yo en un 90% de las cuestiones".

Este escepticismo se convirtió, sin embargo, en entusiasmo unos meses después. "Si Macron es elegido presidente, deberá transgredir. Salir de la cómoda oposición entre la derecha y la izquierda para conformar otro tipo de mayoría", afirmó a principios de mayo en su última crónica para este diario progresista.

Liberal, defensor de la Unión Europea y partidario "de que el Estado debe jugar un rol, pero que no puede acapararlo todo", Philippe defiende posiciones más bien progresistas en materia de derechos civiles. A diferencia de la mayoría de los diputados del partido Los Republicanos, en 2013 no se opuso a la legalización del matrimonio homosexual. Sus compañeros de formación le echan en cara situarse demasiado a la izquierda por ser un hombre de derechas.

Macron lo conoció por primera vez en 2011 y los dos comparten la voluntad de construir un gobierno que reúna a conservadores y socialdemócratas. Una nueva mayoría gubernamental que seguirá el mismo esquema de la gran coalición que gobierna en Alemania o que aprueba la casi totalidad de las iniciativas legislativas en el Parlamento Europeo. El nuevo primer ministro es, de hecho, un defensor acérrimo de la alianza franco alemana. Tras haber hecho sus estudios de bachillerato en Bonn (oeste de Alemania), donde su padre trabajó como director del Liceo francés, habla perfectamente alemán. Una facultad que debería servir para estrechar los vínculos entre el Gobierno galo y el de Angela Merkel, como pretende el nuevo presidente francés.

Macron y Philippe también comparten la pasión por las humanidades. Mientras el joven dirigente centrista es filósofo de formación y un lector apasionado de los clásicos de la literatura francesa de principios del siglo XIX, su primer ministro ha publicado dos novelas ambientadas en el universo de la política.

Un cebo para los votantes conservadores

Pero si Macron lo ha escogido como primer ministro no es por su pasión por las letras, sino por su capacidad para seducir al electorado conservador y a una franja de los diputados de la derecha republicana. Tras el hundimiento del Partido Socialista, cuyo candidato sólo obtuvo el 6,36% de los votos en la primera vuelta de las presidenciales, el partido Los Republicanos representa el principal obstáculo para que Macron consiga una mayoría parlamentaria en las elecciones legislativas de junio. Si la derecha republicana consiguiera la mayoría de los diputados, esta podría imponer a Macron un gobierno de cohabitación, dirigido por un primer ministro conservador, elegido por la Asamblea Nacional en lugar del presidente.

El dirigente centrista espera con la elección de Philippe contrarrestar la amenaza de la cohabitación. Después de su nombramiento, veintiún representantes electos de la derecha y el centro franceses han hecho una llamada al resto de los miembros de su familia política para que acepten colaborar con el Gobierno de Macron.

El movimiento de La République En Marche (La República En Marcha) todavía no ha designado a un centenar de sus candidatos para las elecciones legislativas. Lo que deja abierta la puerta para que se incorporen a sus filas antiguos miembros de la derecha republicana. Unos nuevos adeptos al macronismo a los que habría que sumar los veinticuatro diputados socialistas que se presentan bajo la etiqueta del movimiento político del presidente. Con el nombramiento de Philippe, Macron ha oficializado su OPA al decadente bipartidismo francés.