Público
Público

EEUU Israel insiste en arrastrar a Estados Unidos a una guerra contra Irán

Las insistentes provocaciones de Israel en Siria persiguen que Irán cometa un error. El estado judío cuenta con un respaldo claro de la nueva administración en Estados Unidos y parece que no va a dejar de aprovecharlo. Sus provocaciones van en aumento conforme se acerca la fecha del 12 de mayo, cuando expira el plazo dado por Donald Trump para modificar el acuerdo nuclear con Teherán.

Publicidad
Media: 4.14
Votos: 7

Trump y Netanyahu, en febrero del 2017, en su primer encuentro. EFE

La política israelí en Oriente Próximo es cada día más clara. A estas alturas es evidente que pretende arrastrar a Estados Unidos a una guerra contra Irán, como se desprende del ataque que este mes de abril llevó a cabo contra la Base T4 siria, en el área de Homs, y del ataque, todavía no confirmado oficialmente, del domingo por la noche contra un arsenal de misiles tierra-tierra en el centro de Siria.

Estas provocaciones se producen cuando en la administración de Estados Unidos existe un consenso prácticamente general en el sentido de que el acuerdo sobre el programa nuclear iraní de 2015 debe rescindirse. La única voz ligeramente discordante en Washington es la del secretario de Defensa, James Mattis, pero se trata de una disonancia muy matizada.

El show que este lunes por la noche dio Benjamín Netanyahu en las televisiones de todo el mundo busca radicalizar aún más a la comunidad internacional contra Irán. Los estadounidenses piensan aprovecharse de la política israelí con la venta masiva de armas a la región, un carrusel que ya ha comenzado a dar vueltas y que sin duda va a expandirse en los próximos meses, con una Arabia Saudí que compite con Israel en el delirio militarista que sacude a la región.

De la noche a la mañana el acuerdo sobre el programa nuclear iraní que firmaron Obama y sus socios europeos, además de Rusia y China, no vale ni el papel en el que se escribió, y ha dejado de interesar a Estados Unidos, tal y como persigue Israel. Ese pedazo de papel que con tanto empeño consiguió Obama ha sido sustituido por los tambores de guerra de Netanyahu, cuyas provocaciones se producen a diario, ya sean verbales o militares.

Recordemos que el acuerdo de 2015 contaba con cuatro apartados significativos. En el primero, Irán redujo la mayor parte de los centrifugadores. En el segundo, destruyó el uranio enriquecido al 19,5 por ciento para un reactor médico. En el tercero, aceptó las inspecciones a sus instalaciones nucleares. Y en el cuarto apartado, cerró el reactor de agua pesada de Arak. Netanyahu no ha probado que todo esto sea falso.

En pocas palabras, hace tres años Irán renunció al 90 por ciento de su programa nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones. En realidad, el acuerdo exigió un gran sacrificio a Teherán, pero la amenaza de las sanciones sigue ahí. En su momento solo Israel se opuso al acuerdo, pero hoy también lo rechaza la administración estadounidense.

Europa, mientras tanto, es un paradigma de la inacción política. Los líderes europeos son los principales enemigos de la Europa contemporánea, incapaces de adoptar una posición clara y de defender sus intereses. Naturalmente, Europa es un guarismo mínimo que está ahí para reforzar la posición de Estados Unidos, sea cual sea, una posición que se la dicta Netanyahu.

En su visita de la semana pasada a la Casa Blanca, Emmanuel Macron planteó a Donald Trump una alternativa al acuerdo que pasa por una revisión, y no una suspensión, como pretende Israel. Macron quiere incluir un acuerdo adicional sobre el programa de misiles balísticos, que no se planteó en 2015, introducir el tema de la estabilidad regional y contener la influencia de Teherán en la región.

El presidente Trump ha dado de plazo hasta el 12 de mayo para que se renegocie el acuerdo de Obama. Trump ha puesto a todos sus socios ante una disyuntiva a la que no querían llegar. Rusia y China descartan la renegociación del acuerdo mientras que los europeos tampoco lo desean pero carecen de la voluntad necesaria para hacer frente al dúo Trump-Netanyahu.

El desconcierto europeo está siendo aprovechado por Netanyahu para lanzar una provocación detrás de otra sin que Washington las contenga. En realidad, Washington está interesado en un conflicto directo entre Israel e Irán porque esa enemistad entre la república islámica y el estado sionista les sirve en bandeja a los americanos contratos de venta de armas multimillonarios que crean cientos de miles de puestos de trabajo.

Y aunque lo que sucede en Oriente Próximo tiene una implicación directa en Europa, los europeos no reaccionan. Es patético observar a Macron o a Angela Merkel eludir sus responsabilidades y combatir el militarismo que hay a sus puertas y que indefectiblemente lleva a Europa consecuencias negativas, con frecuencia en forma de terrorismo.

La última provocación israelí, los bombardeos del domingo por la noche en Siria, se produjo cuando el secretario de Estado Mike Pompeo acababa de visitar Tel Aviv. Esa misma noche del domingo, Netanyahu mantuvo una conversación telefónica con Trump, y solo unas horas después llegaron los bombardeos.

Es obvio que Israel está provocando a Teherán de todas las maneras imaginables para que dé un paso adelante antes de que expire el plazo de Trump para la renovación del programa nuclear. La presencia rusa en Siria también forma parte del estado de cosas a las que Israel quiere poner punto final cuanto antes.
Los iraníes se encuentran en una situación muy incómoda. Ya advirtieron que responderían a los ataques de Israel contra sus intereses en Siria, aunque deben andarse con mucho cuidado con la estrecha alianza entre Israel y Estados Unidos.