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EEUU, Israel y Rusia siguen empleando bombas de racimo

Un informe sobre el respeto a la Convención Internacional firmada en 2008 revela que en cuatro años se han destruido 750.000 unidades de este armamento letal. Aún hay 24 países que cuentan con ellas

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Cientos de miles de municiones de racimo, prohibidas por la convención internacional de 2008, siguen desperdigadas en al menos 24 países, según una coalición de organizaciones que militan por su erradicación total. En la presentación de un informe mundial sobre los avances en la aplicación de ese acuerdo (ratificado en 2010) las organizaciones aseguraron que desde 2008 se han destruido 750.000 unidades, que contenían 85 millones de submuniciones, lo que representa el 60 % de las existencias declaradas.

España, que entraba dentro de los países exportadores y que firmaron la Convención, cumplió con la destrucción de su arsenal. Según declaró en abril de 2011 la exministra de Defensa, Carme Chacón, el Gobierno de Zapatero habría sido el primero en hacerlo. Sin embargo, con las revueltas en Libia, surgieron dudas a raíz de una información publicada por The New York Times en la que se aseguraba que Gadafi había usado nuestras bombas contra los rebeldes.

De hecho, el sucesor de Chacón, el hoy ministro Pedro Morenés, era consejero de Instalaza, una de las dos empresas que producían este armamento y que lo vendieron a Libia.

Desde 2008 ratificaron la convención 75 países convirtiéndose en miembros de pleno derecho de la misma, aunque sobresale la ausencia de algunos de los más grandes productores: Estados Unidos, Rusia y China. El informe destaca que sólo en 2011 diez países signatarios de la convención destruyeron más de 107.000 municiones de racimo y un total de 17,6 millones de submuniciones, y países con provisiones importantes (Holanda, Reino Unido, Suecia, Italia, Japón y Alemania) han indicado que pronto completarán la eliminación de esas armas.

Para Mary Wareham, una de las autoras del documento, 'se trata de un hecho histórico para la diplomacia del desarme humanitario'. 'Observamos un avance impresionante y de buena fe por parte de los países que han suscrito la convención, pero de otro lado enfrentamos el problema de la falta de transparencia de aquellos que rechazan unirse a ella', dijo la experta a EFE.

Los efectos de ese tipo de municiones -lanzadas con artillería aérea o terrestre- son considerados particularmente inhumanos porque al impactar en tierra liberan decenas o cientos de submuniciones que se esparcen en una superficie que hace difícil distinguir entre civiles y objetivos militares. Por ello, su impacto humanitario es grave, sobre todo cuando se usan cerca de zonas pobladas.

Esas municiones no siempre estallan con el impacto, con lo que se convierten en minas antipersonales que matan y mutilan a personas -una tercera parte de las víctimas son niños- mucho tiempo después del termino de los conflictos.

Los datos disponibles indican que 17 países siguen produciendo ese armamento, pero ninguno lo ha utilizado en años recientes con las excepciones de Israel en 2006 en el conflicto con Líbano, Estados Unidos durante la invasión de Irak en 2003 y Rusia hace más de una década en Chechenia, precisó Wareham. 'Para nosotros estos son los países más problemáticos', dijo.

Sobre las alegaciones de su reciente utilización en Siria y Sudán, señaló que aunque no pueden ser confirmadas se dan por creíbles.