Publicado: 14.11.2013 07:38 |Actualizado: 14.11.2013 07:38

EEUU y Reino Unido condenan al exilio en Berlín a la periodista de WikiLeaks que protegió a Snowden

Sarah Harrison, considerada por muchos como la número dos de Julian Assange lleva diez días en la capital alemana por el peligro que supondría para ella regresar a Londres tras las revelaciones sobre el ciberespionaje

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Reino Unido Y EEUU han condenado al exilio en Alemania a la periodista británica Sarah Harrison. La que para muchos es la número dos de WikiLeaks llegó a Berlín hace ahora diez días después de haber acompañado en todo momento al extécnico de la CIA Edward Snowden en su periplo desde Hong Kong hasta Moscú, donde finalmente consiguió el asilo que la propia Harrison tramitó en su nombre. Según confirmaron ayer fuentes de la organización que dirige Julian Assange a Público, Harrison permanecerá por ahora en la capital alemana porque "corre peligro" si regresa a Londres. 

Las mismas fuentes prefirieron no hacer comentarios sobre la posibilidad de que el Gobierno de Angela Merkel esté prestando ayuda a Harrison, pero lo cierto es que su caso no es el único de personas relacionadas con las filtraciones de Snowden que han encontrado cobijo en Berlín.

Tal y como explicaba en un comunicado el pasado día 6, la presión del presidente de EEUU, Barack Obama, y del primer ministro británico, David Cameron, han obligado al ciberactivista Jacob Appelbaum y a la periodista Laura Poitras a refugiarse en Alemania. Otros, como Glenn Greenwald, se encuentran en Río de Janeiro, donde decidió mudarse después de que su pareja, David Miranda, fuera retenido e interrogado en el aeropuerto de Heathrow por sus publicaciones sobre el espionaje masivo de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense.

El caso de Miranda es seguramente en el que se ve reflejada Harrison, a la que Reino Unido podría aplicarle sin miramientos la ley antiterrorista y detenerla o retenerla indefinidamente. Eso se ve agravado con cómo ha endurecido su discurso Cameron, que ha llegado a decir que las filtraciones de Snowden publicadas en algunos medios han hecho que Al Qaeda se esté frotando las manos.

En la misma nota, Harrison expresaba su esperanza por la cantidad de gente que había encontrado en Alemania "pidiendo a su Gobierno que haga lo que debe hacer - investigar las revelaciones sobre el espionaje de la NSA y ofrecer asilo a Edward Snowden. EEUU no debería poder seguir espiando a cualquier persona en todo el mundo o persiguiendo a los que dicen la verdad". 

Tras conocerse que tanto la NSA como su hermana pequeña británica, la GCHQ, tenían acceso a las conversaciones de móvil de la canciller Merkel desde las embajadas de sus respectivos países en Berlín, el enfado del Ejecutivo alemán no ha dejado de crecer. Mientras que la respuesta de otros países como España e Italia, cuyas comunicaciones han sido intervenidas, ha sido prácticamente nula, Alemania y Francia -junto con Bélgica- decidieron unirse en las exigencias de transparencia a EEUU. Quién sabe si Merkel se guarda el as en la manga de proteger a Snowden o si está ayudando a Harrison, Poitras y Appelbaum y recogiendo más información sobre las fitraciones para desafiar a Obama.

El bloqueo a Harrison es, en cualquier caso, un nuevo ataque a WikiLeaks, teniendo en cuenta que Assange lleva ya casi un año y medio refugiado en la embajada de Ecuador en Londres. La periodista, sin embargo, ha dado muestra de su valía en todo ese tiempo y ha sido la encargada de organizar y asesorar a los medios en los últimos tres proyectos de WikiLeaks de los cuales Público ha formado parte con los derechos en exclusiva para España - Syria Files, los cables de Kissinger y Spyfiles 3 -.

Además, como diría el propio Assange en una entrevista al Washington Post, "es una persona vital, valiente y totalmente incorruptible, muestra de ello es que llegó a permanecer con Snowden en la zona de tránsito del aeropuerto de Moscú, dándole apoyo moral y tramitando su petición de asilo a 21 países, entre los que estaba incluido España. Nuestro Gobierno denegó la solicitud argumentando que para poder considerarse debía realizarse en el Estado. Vista la forma en la que tanto el presidente, Mariano Rajoy, como el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, han llevado todo el asunto del espionaje, lo único que parece haber movido al Ejecutivo era el interés por no molestar a EEUU.