Publicado: 03.01.2016 00:03 |Actualizado: 03.01.2016 00:13

La ejecución de un clérigo chií en Arabia Saudí desata las tensiones sectarias en la región

La policía dispersó a los manifestantes que intentaron incendiar su embajada en Teherán

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Protesta chiiíta en Yemen contra la ejecución del clérigo Nimr Baqir al Nimr en Arabia Saudí. REUTERS

Protesta chiíta en Yemen contra la ejecución del clérigo Nimr Baqir al Nimr en Arabia Saudí. / REUTERS

RIAD.- Las autoridades saudíes ejecutaron hoy a 47 personas condenadas por terrorismo, entre ellas el clérigo chií opositor Nimr Baqir al Nimr, en una demostración de mano dura que encendió la ira de la comunidad chií en Oriente Medio. En Teherán, por ejemplo, la policía se vio obligada a dispersar a los manifestantes que intentaron incendiar la embajada saudí en Irán, cuyas autoridades llamaron a la calma de la población.

Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores saudí convocó al embajador iraní en Riad para protestar por "las declaraciones agresivas" de Teherán. Las autoridades saudíes trasmitieron su queja por las críticas iraníes a las "disposiciones legales" adoptadas por el reino, en referencia a la ejecución de Al Nimr, según la agencia oficial SPA. Riad consideró las declaraciones de Irán "una injerencia flagrante en los asuntos internos del reino" y responsabilizó a su Gobierno de la protección de la embajada saudí en Teherán y de sus diplomáticos. Asimismo, Teherán convocó también al encargado de negocios saudí.

Ejecuciones en masa

La ejecución en masa y simultánea de los 47 condenados, realizada en doce zonas del país mediante decapitaciones por sable y fusilamientos, es la mayor realizada en décadas en el reino saudí, donde desde la llegada al trono de Salman bin Abdelaziz a principios de 2015 se ha disparado la aplicación de este tipo de castigos.

El año pasado se realizaron 150 las ejecuciones en el país, que sigue una estricta versión de la sharía o ley islámica, según organizaciones de Derechos Humanos, una cifra muy superior a las 90 de 2014. 

La mayoría de los ejecutados hoy -45 saudíes, un egipcio y un chadiano- son extremistas suníes, algunos destacados miembros de Al Qaeda, pero entre ellos figuran también cuatro chiíes como Al Nimr. Algunos de los ataques imputados a los suníes son los registrados contra varios complejos residenciales occidentales en Riad en 2004, y contra empresas petroleras, el Ministerio del Interior o el consulado estadounidense en Yeda en 2005.

La campaña terrorista lanzada por algunos grupos para desestabilizar al régimen saudí en mayo de 2003, que fue contestada con una lucha sin cuartel de las fuerzas saudíes, causó decenas de muertos.

La minoría chií, en el punto de mira

En cuanto a los chiíes, esa minoría también ha sido blanco de las autoridades, después de que entre 2011 y 2013 se registraran manifestaciones y ataques contra la Policía en la región de Al Qatif. Al Nimr fue detenido en julio de 2012 por apoyar los disturbios y a grupos terroristas contra las autoridades saudíes en Al Qatif, en el este del país y de mayoría chií.

Su condena a la pena capital fue confirmada el pasado octubre por el Tribunal Supremo, que le culpó de desobedecer a las autoridades e instigar a la violencia sectaria, lo que ya levantó las críticas de la comunidad chií. También fue muy polémica la condena a muerte contra su sobrino Ali Mohamed al Nimr y otros dos jóvenes chiíes, detenidos cuando eran menores de edad.



Las reacciones hoy a la ejecución del clérigo llegaron de grupos y dirigentes chiíes de países como Irán, Baréin, el Líbano o Irak, agudizando las ya crecientes tensiones sectarias. El portavoz del Ministerio de Exteriores de Irán, la gran potencia chií y rival de Arabia Saudí, Hosein Yaber Ansarí, denunció "la profunda imprudencia e irresponsabilidad" del régimen saudí, y auguró que este "pagará un precio alto" por esta acción.

En el Líbano, el grupo chií Hizbulá responsabilizó a EEUU por la ejecución, al ser un aliado del régimen saudí, e instó a la comunidad internacional a condenar ese "crimen odioso".

Por su parte, el vicepresidente del Consejo Superior Chií, el jeque Abdul Amir Qabalan, calificó la acción de "grave error" y "acto peligroso": "Es un crimen contra la Humanidad que tendrá repercusiones en los próximos días (...) un llamamiento a la escisión y a avivar la división", subrayó.

Protestas en Barein

Esas repercusiones se vivieron ya en Barein, donde la mayoría chií se lanzó a las calles y protagonizó enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Los manifestantes enarbolaron fotografías de Al Nimr y entonaron lemas que pedían la muerte para la familia gobernante saudí Al Saud y contra la monarquía bareiní, que profesan el islam suní.

También la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, condenó "el uso de la pena capital en todas las circunstancias y en particular en casos de ejecuciones en masa", y alertó de que lo ocurrido puede aumentar las tensiones sectarias en la región.

Ante las críticas, las autoridades saudíes defendieron su decisión alegando que todos fueron sometidos a juicios justos, con todas las garantías, y en aplicación de la ley islámica. El comunicado del Ministerio del Interior anunciando las ejecuciones estaba precedido por versículos coránicos que justifican el uso de este castigo.

Del mismo modo hizo el mufti saudí, la máxima autoridad religiosa, Abdulaziz al Sheij, para quien son "legítimas" y tienen el objetivo de "defender la seguridad y estabilidad" del país. En una rueda de prensa y al ser preguntado por Al Nimr, el portavoz de Interior, Mansur al Turki, solo indicó que "el reino saudí aplica sus fallos judiciales legales independientemente de la persona".

El analista saudí Munif al Sofaqui dijo a Efe que el clérigo opositor "no fue condenado por ser chií sino por estar implicado en delitos de sangre". En su opinión, el Gobierno saudí busca con estas ejecuciones "asustar y disuadir" a los terroristas y a aquellos que simpatizan con la ideología extremista, mostrándoles su "dureza" en la lucha contra esta lacra.