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El Ejército de Al Asad provoca otro éxodo de refugiados en la frontera

Cientos de fugitivos de las tropas sirias rompen la alambrada de la frontera con Turquía

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Cientos de sirios que en las últimas semanas habían buscado un refugio provisional en la zona montañosa situada al noroeste del país, cruzaron ayer la frontera turca, empujados por el Ejército de Damasco, para sumarse a los que huyeron a Turquía con anterioridad y son asistidos por la Media Luna Roja y las autoridades de Ankara.

Las tropas sirias iniciaron la operación a primera hora de la mañana, penetrando en el pueblo de Jirbet al Yuz, que se encuentra a unos 500 metros de la frontera, y se dispersaron por toda la región montañosa, forzando la huida de cientos de refugiados hacia Turquía por temor a sufrir represalias.

Los militares abren fuego a discreción y sólo se quedan atrás los ancianos

Según algunos activistas situados en el país del norte, la aparente intención del Ejército sirio no era expulsar a los civiles de las poblaciones fronterizas sino, al contrario, impedir que huyeran. Las autoridades de Ankara dijeron ayer que en las últimas horas habían regresado a Siria más refugiados de los que habían huido. Aún así, en Turquía había ayer más de 10.000 refugiados, quizá hasta 13.000.

Los nuevos refugiados, alrededor de 600, rompieron la alambrada que separa los dos países y en el lado turco fueron recogidos por autobuses que los trasladaron a los campos de refugiados, donde se les proporcionan alimentos y se atiende a sus necesidades.

Los refugiados relataron que los militares disparaban a discreción, y que algunos se apostaron en los tejados de las viviendas, especialmente en el pequeño pueblo de Manag, de donde también huyeron grupos de civiles. No obstante, no hubo noticias de muertos. Los activistas dijeron que en varios pueblos de la zona sólo han quedado personas de cierta edad que no podían escapar, y que algunos hombres han sido detenidos.

Huelga general en numerosas ciudades para marcar los 100 días de la revuelta

Entretanto, los llamamientos a una huelga general lanzados por la oposición al régimen para marcar los 100 días del inicio de la revuelta obtuvieron un éxito relativo, al paralizar numerosas ciudades del país, donde se celebraron manifestaciones y todos los comercios cerraron. Sin embargo, tanto la capital, Damasco, como la mayor urbe comercial del país, Alepo, mantuvieron su actividad normal y no vivieron movilizacione callejeras.

Aún así, el riesgo de una guerra civil sigue creciendo, puesto que las protestas que se desataron en la ciudad de Derá a mediados de marzo se han extendido por todo el país, especialmente los viernes. Cuanto más tiempo dure esta situación, más fácil será que desemboque en un conflicto armado entre las distintas etnias y religiones.

Lo sorprendente es la actitud de EEUU y de la UE de ignorar este peligro, de consecuencias imprevisibles, y presionar al presidenteBashar al Asad para que deje el poder sin tener preparado un recambio adecuado que garantice el orden y la seguridad de la población. Algo inquietante después de las consecuencias dramáticas que tuvo, tiene y tendrá la caída de Sadam Husein en Irak.

Lo ocurrido en los tres últimos meses puede interpretarse como una revuelta de suníes religiosos contra la alianza entre alauíes, sunníes laicos y cristianos. Y la revuelta cuenta con el apoyo explícito de Estados Unidos, de Israel y de la casi siempre torpe UE, pero también con el silencio cómplice de Arabia Saudí, cuyos dirigentes, como los israelíes, están en contra del eje Teherán-Damasco-Hizbolá.