Publicado: 03.05.2014 08:35 |Actualizado: 03.05.2014 08:35

Las elecciones ahondan aún más la fragmentación de Irak

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Aunque los resultados oficiales de los comicios celebrados el miércoles en Irak no se conocerán hasta dentro de un par de semanas, no es arriesgado anticipar que lo que salga de las urnas, que con toda seguridad será una victoria relativa del primer ministro Nouri al Maliki, no resolverá los problemas endémicos del país ni aliviará la precaria situación del conjunto de la población.

Los primeros comicios desde la retirada de las tropas americanas en 2011 han sido muy parecidos a los anteriores. La principal diferencia, si es que se puede indicar con un detalle irrisorio, es que esta vez los ciudadanos se han visto obligados a mancharse un dedo con tinta azul para que se supiera que habían votado. El país está hundido en todos los sentidos.

Irak está a la cola del planeta en parámetros como la violencia, los refugiados y la corrupción

En los tres primeros meses del año han muerto algo más de 3.000 civiles según cómputos oficiosos. Es decir, más del triple que en el mismo periodo del año pasado, lo que significa que cada día mueren más de 30 civiles, de manera que puede calificarse de éxito rotundo que en la jornada electoral solamente se registraran 15 muertos y 23 heridos, probablemente debido al despliegue sin precedentes de la Policía y el Ejército.

En parámetros como la violencia, los refugiados o la corrupción, Irak está a la cola del planeta, y no existe ningún indicio de que las cosas vayan a cambiar cuando se conozca el escrutinio final de las papeletas. Al contrario, es muy probable que la situación se deteriore más. Los tremendos números pueden ayudarnos a responder a la pregunta, que curiosamente casi nadie se hace, de si valió la pena o no la invasión de 2003 y el derrocamiento del dictador Saddam Hussein.

Más de la tercera parte de las regiones exigen autonomías similares a la de los kurdos del norte, y seguramente dentro de unos meses habrá más regiones en esta situación, lo que da una idea de la fragmentación de este reino de taifas no solo en sus aspectos económicos, sino también religiosos, con sus puntuales subdivisiones, que en muchos lugares llegan hasta una fragmentación puramente tribal. Como ocurre con los muertos, con los refugiados y desplazados es complicado determinar cifras. En 2007 había más de cuatro millones y desde entonces su número ha crecido sin descanso.

El caso de los cristianos es dramático. Cuando se inició la ocupación había más de un millón y medio de cristianos, pero su número ha menguado en una década a menos de 400.000. Los líderes cristianos estiman que dentro de unos años solamente quedarán comunidades residuales de un puñado de millares.

En este contexto puede decirse que las declaraciones de los líderes occidentales que participaron o no en la invasión de 2003 han sido cínicas cuando han elogiado la jornada electoral, como ha sido el caso del secretario de Estado John Kerry, quien ha felicitado "a los millones de iraquíes que han votado valientemente".

Dada la catastrófica situación del país, hasta resulta divertida la declaración del Consejo de Seguridad de la ONU diciendo que "ningún acto violento o terrorista puede revertir el camino hacia la paz, la democracia y la reconstrucción de Irak, al amparo de la ley y el respeto por los derechos humanos que apoyan el pueblo y el gobierno de Irak y la comunidad internacional".

En la jornada electoral han muerto 15 personas y han sido heridas 23, aunque en un día normal mueren cerca de 30 civiles por la violenciaNouri al Maliki depositó su papeleta en el fastuoso hotel Rashid, que es una auténtica fortaleza, y no dejó de hacer campaña en ese momento al declarar que por primera vez desde el inicio de la ocupación se han celebrado elecciones "sin la presencia de un solo soldado extranjero".

El chií Maliki, de 63 años, aspira a un tercer mandato, algo que conseguirá si logra formar coalición con otros partidos chiíes, sunníes o kurdos, lo que será difícil pero no imposible a pesar de que los líderes de algunas formaciones rivales han dicho que no quieren verlo ni en pintura.

Hay que recordar que tras los comicios de hace cuatro años Maliki tardó casi diez meses en formar gobierno. Sin embargo Maliki es popular entre buena parte del electorado chií. Lidera la Coalición Estado de la Ley (Itilaf Dawla al Qanun) y muchos chiíes lo consideran como el menor de los males, en gran parte porque promete mano dura con los sunníes y obra en consecuencia.

El principal punto de su programa ha sido combatir sin contemplaciones la violencia de los insurgentes que especialmente en la provincia de Anbar, la más extensa del país, tienen en jaque permanente al gobierno de Bagdad. Los insurgentes son en su mayor parte islamistas radicales,yihadistas que siguen las instrucciones del Al Qaeda o pertenecen a tribus desafectas. Maliki no ha dudado en crear unas polémicas milicias chiíes que combaten al lado del Ejército contra los insurgentes, lo que le ha granjeado un mayor rechazo de los sunníes.

Minoritarios en el país, los sunníes acusan a la mayoría chií, y a Maliki en particular, de impulsar deliberadamente una polarización sectaria, lo que es cierto en buena parte, aunque también es verdad que las milicias sunníes reciben apoyo financiero y hasta militar de particulares y gobiernos de la península arábiga que sencillamente no toleran a los chiíes y ven al gobierno como una extensión del odiado y temible Irán.

Además del problema de la violencia, Bagdad ha permitido y permite una corrupción rampante de niveles astronómicos, ha sido incapaz de luchar contra la pobreza y es extraordinariamente deficiente en cuanto a los servicios que presta a los ciudadanos. Aun así, Maliki cuenta con un considerable respaldo, especialmente por la mano dura aplicada contra los insurgentes y los sunníes en general.

En Irak se vota de manera sectaria y casi todos los partidos, especialmente los mayoritarios, se definen principalmente por su filiación religiosa, lo que garantiza que la fragmentación, la violencia y la polarización carezcan de fecha de caducidad.