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Elecciones en Hungría La campaña xenófoba de Viktor Orban contra sus enemigos inexistentes

Más que un debate con sus opositores electorales, la campaña extremista de Viktor Orban se ha convertido en una cruzada contra los inmigrantes y contra el filántropo estadounidense de origen húngaro George Soros.

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Propaganda de Fidesz, el partido de Viktor Orban, en las paradas de autobús en Budapest. CT.

Frente a la residencia de la conocida Universidad Centroeuropea de Budapest, una Universidad de referencia desde hace décadas para jóvenes de todo el mundo, las calles están plagadas de grandes carteles de Jobbik, el partido de la extrema derecha húngara.

Al lado, en una parada de autobús de este barrio modesto de la periferia de Budapest, un enorme cartel muestra la foto de un grupo de personas sobre las cuales luce estampado un STOP. Otros presentan una imagen del filántropo de origen húngaro George Soros rodeado por candidatos de la oposición. Bajo el cartel se lee el mensaje: “Tenemos que parar a los candidatos de Soros”.

Estos son los carteles de la campaña electoral de Fidesz, cuyo cabeza de lista, Viktor Orban, espera ganar los comicios de este domingo. Entre la propaganda que empapela la ciudad de Budapest, no se vislumbra ningún mensaje al electorado, solo un desfile de los enemigos irreales que Fidesz ha ido designando y construyendo a lo largo de los últimos años.

Fidesz, el partido que está en el Gobierno, “se ha apropiado del discurso y de las estrategias de Jobbik, el partido de la extrema derecha y los ha convertido en un mainstream” explica el antropólogo social Gergö Pulay. Una especie de brazo legalizado y aceptado de la extrema derecha que puede estar en el Gobierno húngaro.

El primer ministro húngaro, Viktor Orban, en el mitin de cierre de la campaña en Szekesfehervar (Alba Regia). REUTERS/Bernadett Szabo

No obstante, hace una semana, Joseph Daul, el presidente del Partido Popular Europeo felicitaba en Twitter al señor Orban por su campaña. No hacía ninguna mención a los discursos xenófobos, racistas y autoritarios de dicha campaña.

En Budapest se ven pocas fotos de los otros candidatos. El filántropo George Soros está más presente en los carteles y debates de Fidesz que cualquier verdadero adversario electoral. Viktor Orban acaba de declarar en una emisora de radio que tiene conocimiento de la existencia de unas 2.000 personas que quieren imponer un Gobierno proinmigración apoyado por Soros. Previamente ya se había lanzado una campaña para restringir el derecho de las organizaciones humanitarias a acercarse a las fronteras del país y penalizar su financiación.

El ataque a estas organizaciones, consideradas agentes extranjeros por la propaganda del Gobierno, se inició desde hace meses, lo que ha llevado a Márta Pardavi, del Comité Helsinki de Hungría, a declarar a la prensa húngara que se trata de un intento de someter a las organizaciones de la sociedad civil a una constante presión, dado que denuncian los abusos contra los derechos humanos o las ilegalidades cometidas por el mismo Gobierno.

Por otra parte, los inmigrantes han estado presentes durante toda la campaña en los discursos de Orban y en las fotos de la propaganda de Fidesz, pero casi no existen en el país. Hungría, igual que la vecina Rumanía, es solo un país de tránsito para las personas que buscan asilo y hasta los mismos jóvenes húngaros emigran del país. El año pasado, Hungría apenas recibió alrededor de 1.250 personas.

Un cartel del Gobienro con un montaje del financiero George Soros con dirigentes de la oposición, con el lema "¡Parad a los candidatos de Soros!". REUTERS/Bernadett Szabo

Osama al Ased, que tiene permiso de residencia en Hungría, cuenta que lo han parado y controlado durante horas sólo por su aspecto físico y nacionalidad. Este ingeniero de Irak nos explica que a partir del mes de junio, cuando acabe su beca, duda que pueda encontrar un trabajo: “El motivo es mi origen”.

No obstante, según la prensa húngara, la campaña contra Soros y contra los inexistentes migrantes ha costado al Gobierno húngaro alrededor ocho millones de euros contantes y sonantes. La cruzada de Orban contra la inmigración ha recuperado eslóganes que ya se escuchaban en 2015, entre ellos el de Hungría como “bastión del cristianismo en Europa”. “El año 2015 fue importante, porque fue cuando se inició la actual histeria pública gubernamental, pero tiene antecedentes, no empezó en aquel momento.” aclara Gergö Pulay.

Una oposición dividida que favorece a Viktor Orban

En vista del resultado más probable, muchos ciudadanos son poco optimistas. “Sería muy duro otros cuatro años con mayoría política de Fidesz. Ahora mismo no quiero ni imaginarlo”, cuenta Nefeljcs Gergo, actualmente en paro y que ha participado en varios movimientos de protesta contra el actual Gobierno. Según uno de los últimos sondeos realizados, Fidesz obtendría un 40% de los votos y en la lista de las preferencia de voto le seguiría el partido de extrema derecha Jobbik.

Seguidores del candidato socialista en las elecciones húngaras Gergely Karacsony, en el mitin de cierre de campaña en Budapest. REUTERS/Leonhard Foeger

Tanto Fidesz como Jobbik han compartido en su campaña mensajes y programas, aunque se acusen mutuamente de ser partidos con una orientación política distinta. Reciben sus votos sobre todo en las zonas rurales, donde la población es más conservadora y funciona el voto “clientelar”, según Gergö Pulay, un voto depositado para un candidato en concreto y no para un partido o programa político.

La oposición está marcada por una profunda división, de modo que no ha logrado presentar una candidatura conjunta. El Partido Socialista subiría en los últimos sondeos, pero sigue por debajo del 20% que las encuestas otorgan a Jobbik.

Aunque los sondeos pasados aseguraban a Fidesz dos tercios de los escaños, una encuesta publicada el pasado jueves señala que la oposición tiene la posibilidad de entrar como parte activa en el Gobierno, ya que la coalición de Fidesz podría perder su mayoría absoluta. “Es la única apuesta para el domingo: si Orban logra obtenerla o no”, aclara Gergö Pulay.