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Elecciones en Israel sin esperanza

La campaña electoral concluye sin contratiempos. La cuestión palestina pasa casi completamente desapercibida

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La campaña electoral en Israel toca a su fin sin que esta vez, a diferencia de otras anteriores, haya sacudido socialmente el país. Los cuatro años de Gobierno de Binyamin Netanyahu han transcurrido sin apenas contratiempos y sin que la edificación en los territorios ocupados, que desde noviembre son Palestina, se haya detenido. Al contrario, la construcción creció en 2012 en un 300% con respecto a 2011.

La revelación de la campaña ha sido el partido Habayt Hayehudi (La Casa Judía), que cuenta con un líder joven y carismático, Nafatali Bennett, de 40 años, que recientemente vendió su empresa de alta tecnología por más de 120 millones de euros, y que hace algunos años trabajó para Netanyahu, aunque se vio obligado a dejar el empleo por desavenencias con su esposa, Sara Netanyahu.

Los sondeos atribuyen a la Casa Judía alrededor de 14 escaños, lo que de confirmarse el día 22 lo convertirán en el tercer partido, solo por detrás del Likud-Beitenu y los laboristas. Los sondeos atribuyen sistemáticamente a la coalición de Netanyahu algo más de una treintena de escaños y a los laboristas la mitad, unos diecisiete.

Existe un margen considerable de indecisos que no se acaban de decantar

Algunos analistas creen, sin embargo, que todavía puede haber sorpresas puesto que existe un margen considerable de indecisos que no se acaban de decantar. No obstante, la izquierda y el centro difícilmente podrán superar a la derecha y los religiosos, y esta circunstancia hace que lo más lógico sea pronosticar que la próxima será una legislatura similar a la última.

Desde un punto de vista global, los sondeos de este fin de semana han acortado las diferencias entre los dos grandes bloques y otorgan a la derecha y los religiosos unos 63 escaños, dejando los 57 restantes para lo que aquí se denomina engañosamente el centro y la izquierda. En realidad, el único partido de izquierda es el liberal Meretz, que lucha por obtener seis diputados; los demás son de centro aunque muy bien podrían calificarse de derecha. No está claro que una hipotética coalición victoriosa del centro y la izquierda pudiera determinar con precisión una política progresista puesto que las diferencias que hay entre ellos son muy acusadas.

El partido laborista, por ejemplo, ha hecho hincapié durante la campaña en cuestiones sociales, pero de una manera vaga. Un dato que se acaba de conocer, el déficit del Estado el año pasado, que fue de casi 6.000 millones de euros, vaticina la inminente aplicación de serias medidas de contención de los presupuestos, y no hay duda que el grueso de esas medidas lo constituirán recortes sociales en profundidad.

En previsión de estos recortes, los asuntos sociales, aunque, insistimos, de una manera muy vaga, se han convertido en las últimas semanas en pivote de la campaña. Prácticamente todos los partidos han recalcado esta cuestión aunque lo cierto es que las diferencias entre ricos y pobres se han acentuado significativamente y la situación económica sugiere que van a seguir por el mismo camino. La líder laborista, Shelly Yachimovich, una experiodista muy popular, no ha hablado para nada de la ocupación y los palestinos. De hecho, la cuestión palestina ha pasado casi completamente desapercibida y solo Tzipi Livni, la líder de Tnua, ha sacado el tema a colación durante la campaña.

La constante expansión colonial en los territorios ocupados ha sido asumida por el grueso de la población

Esta circunstancia revela que la mayoría de los israelíes se sienten satisfechos con la situación en relación con los palestinos. La constante expansión colonial en los territorios ocupados ha sido asumida por el grueso de la población como algo natural y el que ni siquiera la 'izquierda' aborde la cuestión indica que las cosas continuarán por el mismo camino. La perspectiva de una tercera intifada está sobre la mesa, si bien el presidente Mahmud Abás ha dicho que eso no ocurrirá mientras él este al mando, lo que da más tranquilidad a la política israelí.

La pasividad de la comunidad internacional ha logrado que la situación se haya deteriorado significativamente. Las recientes críticas del presidente Barack Obama a Netanyahu, filtradas a través de un periodista americano, no parecen haber tenido ninguna repercusión, y es impensable que Obama se atreva a presionar directamente a Netanyahu y le obligue a salir de Palestina.

En las campañas electorales se permiten casi todo. Naftali Bennett, de la Casa Judía, incluso ha aprovechado la recta final para reclamar más justicia social, pero esto no significa necesariamente que Bennett esté por la labor. El hecho de que se haya dirigido a los votantes de izquierda para obtener su voto palidece cuando se sabe que Yigal Amir, el asesino de Yitzhak Rabin, ha pedido explícitamente el voto para Bennett. Bennett puede ser el político clave en la próxima legislatura, lo que ocurrirá si gana Netanyahu y forma una coalición de derecha, como parece natural. El líder de la Casa Judía mantiene una estrecha relación con los colonos judíos, de manera que las esperanzas de que se pueda resolver el conflicto son escasas, prácticamente nulas.

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