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Elecciones en Líbano El avance de Hizbolá en Líbano, otra victoria para Irán

Hizbolá se ha alzado como ganador de las elecciones legislativas en Líbano con 30 diputados, y junto a sus aliados superan la mitad de escaños del parlamento, reafirmando su poder e influencia en el país del cedro.

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Un funcionario electoral libanés vacía una urna después de que la mesa electoral cerró durante las elecciones parlamentarias del Líbano/Reuters

A la espera de resultados oficiales, Hizbolá se ha alzado como ganador incontestable de las elecciones legislativas en Líbano, las primeras celebradas en casi una década.

El bloque compuesto por el poderoso grupo chií, hijo pródigo de Irán, y su socio Amal, ha logrado 30 diputados, y junto a sus aliados superan la mitad de escaños del parlamento, reafirmando su poder e influencia en el país del cedro. En un discurso ofrecido antes de conocerse los resultados definitivos de la votación, el líder de Hizbolá Hasan Nasrallah lanzaba un mensaje a la vez triunfalista y conciliador, destacando la victoria de la "resistencia" mientras llamaba a la cooperación entre las distintas fuerzas políticas en Líbano para formar gobierno lo antes posible.

Su buen resultado contrasta con el batacazo del Movimiento del Futuro del primer ministro Saad Hariri, que ha retrocedido en sus principales feudos electorales hasta perder casi un tercio de sus diputados. Pese a seguir siendo el hombre de consenso para liderar el gobierno a ojos de las demás fuerzas políticas, el resultado evidencia el declive de su partido como principal grupo suní. La apatía y la fragmentación de su electorado, en parte debido a la nueva ley electoral, en parte, a sus concesiones al grupo chií, han hecho mella en su liderazgo.

En cualquier caso, la falta de movilización ciudadana ha sido clave en estos comicios: ni la expectación levantada por la prórroga de cinco años a partir de la última fecha en que debían celebrarse elecciones, ni las caras nuevas, han sido motivación suficiente para acudir a las urnas. Apenas el 49,2 % de los electores fue a votar, una caída de casi cinco puntos respecto a 2009.

El cristiano Movimiento Patriótico Libre (MPL) del presidente Michel Aoun también se ha visto afectado por la baja participación y ha perdido votos. El testigo lo han recogido, entre otros, las derechistas Fuerzas Libanesas. La exmilicia falangista convertida en partido tras la guerra civil prácticamente ha doblado sus escaños, pasando de 8 a 15. El buen resultado da opciones a su líder, Samir Geagea, frente al hombre fuerte del MPL, el ministro de Exteriores saliente y yerno de Aoun Gebran Basil, en su carrera hacia la futura presidencia, que por ley debe ser ocupada por un cristiano maronita.

Los candidatos de las plataformas ciudadanas, que tanta ilusión despertaron, han tenido un impacto final mínimo: solo la periodista Paula Yacoubian, expartidaria de Hariri que se presentaba con la coalición de nuevos partidos Kulluna Watani, ha logrado un escaño. En total, seis mujeres serán diputadas, apenas dos más que las cuatro actuales.

El complejo sistema de cuotas sectarias implantado tras la guerra civil, que establece un determinado número de escaños para cada una de las 18 confesiones del país, siempre ha creado extraños compañeros de cama, y la nueva ley electoral no ha servido sino para reforzar ese extremo. En las próximas dos semanas se decidirá el juego de alianzas que determinarán el próximo ejecutivo, y a todos los actores les urge acelerar el proceso.

La consigna general es mantener la estabilidad interna, y eso lo saben tan bien Hariri como Hizbolá. De ello no solo depende la integridad del país, sino su capacidad para conservar el apoyo financiero internacional,en un momento crítico para su economía por la inmensa deuda que arrastra y la crisis provocada por la llegada de un millón y medio de refugiados sirios.

En principio, no se esperan grandes cambios en el reparto de poder. Nabih Berri, líder de Amal, seguirá inamovible como portavoz del Parlamento, puesto que detenta desde hace 26 años, y pese a su mal resultado electoral, es de prever que el actual primer ministro también se mantenga en el cargo. Pero independientemente de los puestos de responsabilidad que consiga Hizbolá en el nuevo ejecutivo, su verdadero poder opera entre bastidores. Al partido no le interesa tanto obtener cargos como manejar a quienes los detentan y decidir que temas se tratan y cuáles quedan fuera de la mesa. Su buen resultado electoral le permite alejar de la discusión nacional la gran cuestión obviada durante la campaña electoral por todos los partidos: su arsenal armamentístico y su papel en Siria, en un momento en que la "no injerencia regional" constituye la política exterior oficial del Estado libanés.

El incremento exponencial de su capacidad militar en el contexto del conflicto sirio, en el que participa desde sus inicios en el bando de Bashar al Asad como brazo derecho de Teherán, sumado a su creciente influencia en el ámbito político e institucional libanés preocupan cada vez más a Israel, que ha visto en su victoria electoral un aumento del peligro en su frontera norte. "El Estado de Israel no diferenciará entre la soberanía del Estado de Líbano y Hizbolá, y verá a Líbano como el responsable de cualquier acción surgida de su territorio", advertía en Twitter el ministro Naftali Bennett, del ala dura del gobierno de Benjamín Netanyahu, en línea con la retórica bélica que ha ido in crescendo en los últimos meses.

Tel Aviv sabe que la victoria de Hizbolá refuerza simbólica y estratégicamente la influencia iraní en la región, preocupación compartida con Arabia Saudí. Riad, que forzó a dimitir a Hariri en noviembre como castigo por sus concesiones al partido proiraní, ha perdido todas las guerras contra Teherán en suelo ajeno, de Yemen a Siria o Irak, donde las elecciones que se celebran el próximo sábado supondrán un nuevo tanto en el marcador de una u otra potencia regional.