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El enigma cubano

Un recorrido por las calles de La Habana en las primeras 24 horas de la era de Raúl Castro

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Orgullo. Rutina. Indiferencia. Entusiasmo. Decepción. Esperanza. Cuba se mueve. Mucho, poco o casi nada. Pero se mueve. Entre dos aguas. Fidel se fue. Raúl llegó. José Ramón Machado Ventura (77 años, vieja guardia), mano derecha de Raúl. ¿Transición? Los cubanos, anestesiados por los no cambios, asisten con calma y/o indiferencia al espectáculo. El primer día de la nueva/vieja era transcurrió (en
las calles) así.

1 hora con Raúl. El analista taxista.

16.00 horas. 24 de febrero. Un jubilado con una gorra de los New York Knicks me lleva del Palacio de Convenciones (donde Raúl Castro ha sido nombrado presidente del Consejo de Estado hace una hora) al centro. Es un taxista/analista ilegal, que 'lucha para sobrevivir'. 'Los cambios serán lentos. ¡Ventura es un pobre viejo como yo!', afirma. Este taxista, ex marinero, se define como 'revolucionario convencido'. Pero, esquivando a la policía, resume el sentir de la calle: 'Nada. Aquí no ha pasado nada'.

3 horas sin Fidel. Nostalgias del comandante.

Puerta del Restaurante Mares. Calle 23. La gente camina. Ni frío/tristeza ni calor/euforia. ¿Resignación? 'No. Somos fidelistas. Raúl cuenta con él. Cuba gana', afirma Alberto. A diez metros, Rolando Vergara (58 años) y Agustín Rodríguez (36) esperan, contemplan. 'Raúl, Fidel... lo mismo da. No habrá cambios', dice Agustín.

Rolando pregunta al aire: '¿Qué esperabas, que llegase Bush tras Fidel? Acá mandamos nosotros. Raúl, eso sí, tiene que arreglar la situación'. Camino hacia la calle G. Vagabundeando por un oscurísimo Vedado, entre palacios añejos. De vez en cuando, un edificio de corte soviético, descascarado. Las televisiones reverberan en la oscuridad, repitiendo el discurso de Raúl Castro: 'El Partido Comunista tiene que ser más democrático que ningún otro, y con él la sociedad'. Un minidiscurso (30 minutos) en comparación con los de Fidel. Pero largo para el hombre silencioso.

4 horas con Raúl. Rincón ‘cuentapropista'.

Raúl, ahora, en el televisor del paladar Decamerón (una casa restaurante privado): 'Avanzar de manera coherente hasta lograr que el salario recupere su papel'. Una joven -piel negra, sonrisa blanca- mira obnubilada la televisión: 'Tenemos esperanzas, sí, él va a cambiar Cuba'. En la sala principal del paladar, 23 relojes de madera tictatean desigualmente.

La decepción/indiferencia reina. Heron y Liset, que hospedan turistas en su casa, están deprimidos. Son cuentapropistas, como se conoce a los trabajadores autónomos. Están atónitos. Indiferentes. 'Hasta que no permitan la iniciativa privada esto no cambia. Nosotros pagamos 300 euros al mes de impuestos, tengamos o no turistas. Así, ahogas la iniciativa', asegura un escéptico Heron.

6 horas sin Fidel. Bajón/expreso de medianoche.

Digamos Beatriz (una amiga fotógrafa) y su marido me reciben en casa. 'Todos estamos planchados. Esperábamos otra cosa. Nada. No ha pasado nada'. Beatriz , como dice su esposo con cariño, se crió en una 'rancia familia habanera'. Antes de la Revolución, vivían bien. Con tarjetas de crédito, casas monumentales. 'En el periodo especial, mi mamá criaba pollos en casa para sobrevivir. Pero esto es demasiado', dice.

Alentados por la cerveza Bucanero charlamos de los cambios. De los problemas. Del dinamismo del pueblo cubano. 'Sin recursos, sin nada, la sociedad se mueve. Tenemos una serie de mecanismos populares que el primer mundo no tiene', asegura Beatriz. Y, tras la tercera Bucanero, el bajón. Indiferencia, incredulidad. ¿Machado Ventura, de 77 años, como número dos? '¿Tú crees que ese tipo sabe qué es un pen drive, las necesidades del pueblo cubano?', matiza.

Su marido, pongamos José, recuerda cuando Cuba tenía una flota pesquera descomunal: 'Los barcos se vendieron como chatarra. Ahora, un pescador no puede vender el producto'. Beatriz, riendo por-no llorar, medita: 'Pero chico, a ti te dio un ataque de lógica, ¿un país rodeado de mar que coma pescado?'. Un ataque de lógica, claro. El humor cubano, hasta en ladesolación, manda.

8 horas con Raúl. El tatuaje millonario.

Calle 23. La tienda 23k (24 horas) está en ebullición. '¿Raúl? Ni idea. Me acabo de enterar. Me da igual', afirma Roberto, un tatuador de 20 años. Bebiendo ron peleón. Sólo quiere vivir. Y tener clientes que paguen en divisas. 'Este tatuaje cuesta 200 euros, lo que gana mi padre en medio año en pesos cubanos'. Janeisa, su novia, se ríe. '¿Sabes lo que estudia ella? Archivo documental, algo que sólo existe en Cuba', dice Roberto. ¿Archivo documental?. 'Buscar papeles, archivos, publicaciones...', murmulla Janeisa, que en realidad querría estudiar informática.

16 horas sin Fidel. 'El mismo perro con otro collar'.

Camino hacia Paseo. Sol. Calor. La vida sigue. ¿Raúl Castro? ¿Cambios? Me tropiezo con indiferentes ('es el mismo perro con otro collar'), entusiastas ('estamos de acuerdo'), misteriosos ('son cambios pero no son cambios). En la puerta del parking Habanauto, tres varones charlan. ¿Raúl? 'Uf, no... no sé'. Y después, respuestas evasivas, espejismos verbales, sátiras. Nada de nombres, dicen: 'Bueno, en lo malo siempre hay algo bueno. Algo cambiará. No sé qué. Es transición, pero los logros de la revolución hay que mantenerlos'.

19 horas con Raúl. Un hombre a una ‘jaba' pegada.

Dice un refrán que el cuerpo de los cubanos consta de tronco, extremidades y una jaba (bolsa). Otro, que en Cuba la gente hace colas sin saber por qué. En el Mercado 19 y B podrían fundirse los dos refranes. Fila, jabas. Hay un matiz: saben por qué esperan. Por comida. ¿Raúl Castro?, pregunto. Silencio.

Tomás Armando Rodríguez, un jubilado de 70 años, se lanza. 'Creo en Raúl. Pero o arregla la economía o esto no cambia un milímetro. Yo vivo de las remesas de mi hija, que vive en Olot, Barcelona. La radio estatal, repetida en cada esquina, repite el discurso de Raúl: 'Tampoco debe regalarse nada a los que pueden producir y no producen o producen poco'. Tomás ríe: 'Nadie regala. En este mercado, casi todo está en divisa. Y caro'.

24 horas con/sin Raúl/Fidel. ¿Habana Capital Libre?

Hotel Habana Libre. Habitación 1712. 24 horas sin Fidel. Instalado en este hotel, confiscado por los barbudos a la cadena estadounidense Hilton en 1960, Fidel Castro y los comandantes formaron el primer Gobierno. Y rebautizado como Habana Libre, el hotel -25 pisos, 572 habitaciones- fue siempre unsímbolo comunista.

Por sus habitaciones pasaron leninistas, sandinistas, zapatistas, maoístas. Cincuenta años después, una cadena española lo compró. Propiedad mixta con el Gobierno cubano. En sus pasillos: turistas, empresarios. En el mini bar, Coca-Cola. ¿Habana capital libre? Subo al piso 22. La suite Castellana, donde vivió FidelCastro, está cerrada.

-¿Ya nadie comanda la revolución? ¿Está cerrada?

La señora de la limpieza ríe: 'Ahora tenemos a Raúl, un gran líder'. La suite Castellana, oficialmente, está 'cerrada por reformas'.