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Éric Woerth o el empeño en recortar todo lo público

  

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En 2007, cuando fue nombrado ministro del Presupuesto, Éric Woerth parecía representar como nadie ese mito de que Sarkozy traía caras nuevas a la política para regenerar la democracia. Entonces nadie quería ver lo que sí estalla ahora: que su cara no era nueva sino la de un viejo conocido de las intrigas de los conservadores franceses.

Presentado como una cara nueva, el ministro llevaba 15 años con la derecha

Woerth concentra los que son los tres grandes males del campo conservador francés desde hace tres décadas. Por un lado, un constante vaivén entre el lujo de la alta función pública y el estatus de los cargos directivos en el sector privado. Por otro, la participación en la financiación de campañas electorales de la derecha desde antes de que se clarificaran relativamente en este país por ley las aportaciones a la política. Y, por último, Woerth encarna el otro defecto congénito de los conservadores post- De Gaulle. Su falta de imaginación política le lleva a proponer un único programa: recortar todo lo público, servicios, hospitales, empleos... Y, en otoño, las jubilaciones.

Nacido en 1956 en Créil, una gran ciudad industrial de la gran periferia norte de París, últimamente ha difundido en las biografías que controla, como el Who is who, la idea de que es 'de familia modesta', olvidando que es hijo de un médico y de clase media.

Esos orígenes ficticios, acoplados a su fulgurante carrera en el sector de las auditorías financieras privadas, nada menos que para el gabinete Arthur Andersen, le dieron ese perfil de hombre hecho a sí mismo que tanto gustaba al sarkozysmo. Fue fácil olvidar que en los ochenta y los noventa ya iba y venía a sus anchas del sector privado al público haciendo carrera en los poderes locales de la región de Créil. Y fue fácil también no ver que en 1993 Woerth ya era 'director administrativo y financiero' de la Reunión para la República (RPR), el ancestro de la Unión para un Movimiento Popular (UMP) de Sarkozy.

La UMP ha obviado su constante vaivén entre el sector privado y el público

Por cierto, su esposa Florence (profesión: sus labores, es decir, 'gestión de cartera' para familias acaudaladas como los Bettencourt) hizo de todo para atrincherarse en un feudo muy particular de Créil: la muy noble Chantilly. Algo normal en una apasionada de los pura sangres, que tiene una pequeña cuadra de caballos de los finos.

Con ese pelaje, Woerth no sufrió nada para izarse como tesorero de la UMP, cargo que nunca ha abandonado. Pero su hora estelar llegó con su nombramiento como ministro del Presupuesto 'y de la Reforma del Estado' entre 2007 y 2010. Desde ese cargo hizo creer que luchaba contra los paraísos fiscales, cuando en realidad instauró una semiamnistía para el dinero negro que emergió.

Woerth asumió la primavera pasada la cartera de Trabajo y, fiel a sí mismo, también la tarea de recortar las jubilaciones.