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España reconstruye el alma de Petit Goave

Los soldados del buque Castilla empiezan a trabajar en esta ciudad haitiana

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La pequeña procesión trepa sobre las ruinas de la iglesia de Notre Dame. Lo hacen sin inmutarse, sin resbalar, como si serpentear entre cascotes ya fuera parte de sus vidas. Varios sacerdotes y 200 feligreses sortean la montaña de obstáculos y alguna columna solitaria. El salvaje terremoto del 12 de enero fulminó el edificio más venerado de esta parte del país. Estamos en Petit Goave, localidad de 63.000 habitantes al oeste de Puerto Príncipe y territorio de operaciones del buque español Castilla. Es el Día D, el día en que se inicia la reconstrucción.

'Hemos acordado con las autoridades de Petit Goave comenzar a trabajar en la iglesia católica, un símbolo para el pueblo y que está totalmente derruida. Sería como un empujón moral para todo el pueblo', desvela el capitán Félix García Zafrilla, que ha asumido las relaciones institucionales con las fuerzas más representativas, que no son otras que el alcalde, el secretario municipal y el sacerdote Miguel, que encabeza la marcha. Diálogo fluido y receptividad desde el primer momento.

La reconstrucción de la iglesia «será un empujón moral», dice el capitán

La primera acción de la operación humanitaria del ejército español en Haití actúa de lleno sobre el alma estremecida de un pueblo. Y lo agradece: 'Gracias, gracias, gracias a los soldados españoles', claman las hermanas Marie Lourdes y Elisabeth Paris. El padre Miguel se prepara para iniciar la homilía, mientras que uno de sus sacerdotes explica que desde España un obispo ha iniciado una campaña para la reconstrucción.

La emoción asoma. Otra vez. Los diez infantes españoles han formado en fila de a dos frente a las ruinas. Comienzan a vivir en su piel lo que hasta ahora sólo han visto en la televisión. Son jóvenes duros, algunos ya han vivido operaciones en Bosnia, incluso en Haití en 2004. Pero no son inmunes a lo que ahora contemplan y padecen sus ojos. Gente golpeada pero llena de dignidad, reconstruyendo su alma entre las ruinas que se tragaron a siete de ellos.

Los diez médicos trabajaron a destajo durante su primer día

'Habíamos visto muchas imágenes, pero, la verdad, esto es tremendo', reconoce uno de los soldados con tremendo acento de Cádiz. '¿Y en Puerto Príncipe es tan salvaje como dicen?', interroga al periodista.

El despliegue español llegó ayer también hasta el hospital local. Los diez médicos trabajaron a destajo durante su primer día y decidieron trasladar a los quirófanos del Castilla a una mujer con un pie destrozado y a una niña con los dos fémures rotos.

Vladimir Blavette asiste con gesto adusto a la ceremonia religiosa. Tiene 25 años y ha ejercido como periodista en Eco 2000, diario local, hasta el día de la catástrofe.

Ahora su sueño es trabajar como obrero. Lidera a varias decenas de jóvenes que quieren saber si los españoles van a contratarlos. 'De los españoles esperamos la reconstrucción total y que creen empleo para la juventud. En definitiva, un cambio'. Los demás asienten. Le piden al periodista que pregunte a sus compatriotas que dónde se puede trabajar. Muy cerca esperan los chicos de la camiseta amarilla (contratados por EEUU a 5 dólares al día para desescombrar), el plan para el que Bill Clinton quiere conseguir más dinero.

La mayoría de la población de Petit Goave ha recibido con alegría a las tropas españolas, pero también hay disidentes. Como Saubert, un antiguo taxista que preferiría 'más comida y menos armas'. Un haitiano recién llegado de California y una especie de reportera norteamericana, una versión cutre de Caiga Quien Caiga, consiguen levantar algunas protestas, muy minoritarias. Los españoles ni se inmutan.

Y Junior, de 9 años, sigue a lo suyo: recogiendo baldosines de entre las ruinas con esa picardía que sólo tienen los niños. Hasta que, busca que te busca, encuentra un juguete roto. Ríe, enseñando un dientecillo mellado. Tira las baldosas y se marcha tan feliz con su angelito roto. El Día D en Petit Goave también acabó bien para Junior.