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"La especulación ha creado un mundo ilusorio"

ENTREVISTA A RAUL PONT. Ex alcalde de Porto Alegre. Pieza clave en el partido del presidente de Brasil, es partidario de poner coto al capitalismo y de reformar un sistema electoral "esquizofrénico&quo

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Para los brasileños fue tan histórico como la elección de Obama para los estadounidenses. 'Lula, Esperanza de Brasil', llegó a cantar el flamenco Enrique Morente. 'Comienza el reencuentro de Brasil consigo mismo', dijo el propio Luiz Inacio Lula da Silva tras ganar las elecciones. Era el primer presidente de origen obrero. Detrás de esa ilusión, de ese optimismo, comenzaban a dar frutos los arduos años de lucha de la izquierda encarnada en el Partido de los Trabajadores (PT).

Raul Pont, forjado en el movimiento estudiantil y el sindicalismo, fue uno de sus fundadores. 'En los años cuarenta y cincuenta, el PT ¡estaba prohibido!', subrayó en unas jornadas organizadas por la Delegación de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Sevilla.

Cinco años después de la llegada al poder, ¿cree que Lula se ha alejado de la izquierda?

El problema en Brasil es el sistema electoral, que, al ser nominal, es totalmente esquizofrénico. Las campañas son personales, ilimitadas y sin control de gasto. Lula consiguió en este segundo mandato casi 60 millones de votos en la segunda vuelta. Pero el partido del presidente no logró más que 14 millones para el Congreso. Entonces, la representación del Gobierno en el Congreso no llega al 20% y hay que hacer alianzas, distribuir ministerios entre partidos del centro y algunos de centro derecha. Ese es el problema. No es que Lula se aparte del partido, sino que el partido queda en segundo lugar.

La victoria de Obama en Estados Unidos, ¿supone una esperanza para Brasil?

Creo que para los Estados Unidos y para el mundo es muy bueno, al menos espero que disminuyan su presencia militar en Irak y Afganistán y cambien un poco la política belicista. Y espero también que se establezcan otras relaciones con América del Sur y se abra la posibilidad de realizar proyectos comunes, algo impensable con las relaciones de los últimos años, que sólo han beneficiado al capital financiero y a la gran banca.

¿Cómo afectará a la crisis?

Esperemos que bien. Cuanto más rápidamente se pueda resolver la crisis financiera, menores serán las consecuencias para los países de América del Sur, principalmente Brasil.

¿Cuál es su receta?

La economía real de Brasil no está en crisis. El problema es que, una semana después del batacazo en Estados Unidos, la planta de la General Motors, cerca de Porto Alegre, recortó un turno de trabajo. Una crisis en Estados Unidos tiene una repercusión automática en una fábrica en Brasil.

Si no hay crisis, ¿por qué Lula ha autorizado a los bancos públicos a comprar activos de los privados?

Es una medida preventiva. Lo que estamos haciendo es garantizar el empleo, mejorar la distribución de la renta, bajar la tasa de interés, garantizar la financiación a la producción... La dirección del Banco Central de Brasil no ha tomado durante los últimos años medidas necesarias para tener un control mayor sobre la especulación financiera. Por ello, el PT lo que defiende es que, si los capitales quieren entrar en Brasil, debe haber un control mucho más riguroso para evitar la especulación.

¿Toda la culpa es del capitalismo?

Sí, porque lo que se construyó con la especulación ha creado un mundo ilusorio. Y cuando todo cae por tierra, tiene implicaciones en la vida real. He leído en el periódico que España vuelve a vivir un problema serio de desempleo. Eso no sucedería si las economías nacionales tuvieran capacidad de control.

¿Habría sido un error dejar a España fuera de la reunión del G-20 en la Casa Blanca?

No tengo opinión sobre eso. Mi opinión es que es urgente que se creen mecanismos internacionales. Antes parecía que todo tenía que pasar por el FMI. Y ahora, ¿dónde está?

La próxima edición del Foro de Porto Alegre versará sobre los problemas de la Amazonia. El presidente Lula está recibiendo constantes críticas sobre su gestión al respecto.

Es una disputa permanente porque el avance de la ganadería en el centro oeste del país, que transformó Brasil en el mayor exportador de carne bovina, está entrando en la frontera de la Amazonia. El desmantelamiento, la ocupación irregular, la ausencia del control del Gobierno, los madereros ilegales... son problemas graves.

¿Admite que las críticas son justificadas?

Bueno, la salida de la ministra de Medio Ambiente Marina da Silva, que era una luchadora, significó una alerta para el partido, para nosotros. Sí, el Gobierno está perdiendo la lucha contra las actividades irregulares en la Amazonia.

No será por falta de aviso de los ecologistas: devastadoras hidroeléctricas, monocultivos como la soja...

El Gobierno también tiene proyectos de desarrollo sostenible. La Amazonia no se puede convertir en un santuario porque el país necesita energía y algunas obras son necesarias. Una de las grandes riquezas del país es su potencial de energía renovable.

¿Cómo influye la religión en la política de Brasil?

La Iglesia católica siempre fue muy fuerte en Brasil. Y la cúpula tuvo un rol importante en el golpe militar. Pero al mismo tiempo, en su base había muchos curas comprometidos con la teología de la liberación, incluso tuvieron un gran papel en la construcción del PT. Un problema creciente en las últimas décadas son las iglesias pentecostales.

¿Por qué?

Estas iglesias intervienen en la política para canalizar votos a sus candidatos, independientemente del partido. Y eso es algo ilegal porque el país es laico. La libertad de culto se respeta a todos, pero no se puede hacer a la inversa, que la religión se disfrace para influir en la política. Eso es un problema importante en Brasil. Y podría resolverse también con la reforma electoral.

¿Cómo se ve en Brasil al presidente venezolano, Hugo Chávez?

A veces pienso que habla más de lo necesario, pero las cosas que hace en Venezuela son buenas para el país, como tener el control de las gestiones básicas de la economía.

¿Qué tiene que aprender América del Sur de Europa y viceversa?

(Ríe). El PT y otros partidos de izquierda estamos empeñados en hacer una reforma electoral. La experiencia europea es más democrática, más consolidada. Nosotros podemos exportar la democracia participativa directa, el presupuesto participativo, el control de la gente sobre los gobiernos.