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El estancamiento persigue a Obama y a Zapatero

El presidente norteamericano remodelará su equipo después de los comicios

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Cuentan que cuando Zapatero se reunió con el equipo de editorialistas de The Wall Street Journal, en septiembre, uno de ellos le preguntó por qué simpatizaba tanto con Obama, habida cuenta de las grandes dificultades por las que atravesaba y su fuerte caída de popularidad. El presidente del Gobierno explicó que se identificaba con Obama porque este representaba el modelo social europeo y, en relación a sus dificultades y perspectivas electorales, advirtió: 'Ya veremos'.

La pérdida de la Cámara de Representantes y un retroceso más moderado del que se temían los demócratas en el Senado inicialmente parecía anoche la factura a la que apostaba el equipo del presidente de EEUU. Factura que Obama intentará pagar con una remodelación general de su equipo. Cambio por el que presionaba desde hace semanas una parte importante de la cúpula del Partido Demócrata.

¿No les suena esta música? Seguro. Obama ha esperado hasta el resultado de las elecciones parciales legislativas para adoptar esta decisión. En España, la crisis venía rondando la cabeza de Zapatero desde julio pasado. Sin embargo, fueron las terribles encuestas del otoño las que finalmente anticiparon la decisión de nombrar nuevo primer ministro... perdón, vicepresidente primero, a Alfredo Pérez Rubalcaba.

Las pérdidas electorales del Partido Demócrata pueden conducir a la parálisis y al bloqueo del Congreso y del Senado, lo que en tiempos de crecimiento económico sólido, como ya ocurriera en 1994, en la época de Bill Clinton, no tiene consecuencias tremendas. Pero, en este caso, Obama se enfrenta a una situación en la cual después de los billones de dólares inyectados para salvar al sistema financiero y de los 787.000 millones de dólares de estímulo fiscal para relanzar la economía esta no responde como solía después de las clásicas recesiones cíclicas en EEUU. Esa situación tiene un nombre en inglés: stagnation. En español: estancamiento.

Parece que el incremento de las exportaciones y la reducción de las importaciones ha permitido compensar la fuerte caída del consumoMira por dónde, es la misma enfermedad con la cual se enfrenta Zapatero en España. Ayer, el presidente del Gobierno y el jefe de la Oficina Económica de la Moncloa, Javier Vallés, reconocieron sin decirlo que el crecimiento del PIB en el tercer trimestre ha sido cero. Esa admisión sale de su énfasis en que 'la economía no ha retrocedido' y que el PIB del tercer trimestre registrará la primera tasa interanual positiva respecto al mismo trimestre de 2009.

¿Y la evolución intertrimestral? 'No ha retrocedido'. Blanco y en botella: cero. El Banco de España se temía una caída del 0,2%, luego algo menos y finalmente parece que el incremento de las exportaciones y la reducción de las importaciones ha permitido compensar la fuerte caída del consumo. Ambas declaraciones, que reconocen una recuperación muy lenta del empleo, han tenido lugar horas antes de que se conozca, hoy, el dato de paro registrado de octubre. Según estimaciones preliminares, será malo tanto en aumento del desempleo como en afiliaciones a la Seguridad Social. En octubre de 2009, el paro en las oficinas del INEM subió en 98.686 personas y las afiliaciones cayeron en 26.149.

Pero en tanto que España carece de política monetaria propia y ha perdido en mayo su política fiscal (las tensiones en el mercado internacional de deuda pública volvieron a las andadas ayer), EEUU conserva ambas. Hoy la Reserva Federal (banco central norteamericano), precisamente, anunciará un paquete de compras de bonos de deuda pública (inyección de liquidez) para dar vida a la recuperación de una economía enferma de estancamiento.

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