Publicado: 15.11.2013 07:00 |Actualizado: 15.11.2013 07:00

Expertos critican el secretismo de Bruselas en la negociación del Tratado de Libre Comercio

Reconocen la posibilidad de que se den casos de espionaje industrial y se unen a la crítica contra la UE por haber seguido adelante con las reuniones a pesar del espionaje de la NSA, sobre el que la Administración Obama no ha dado explica

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La Comisión Europea y Estados Unidos concluyen este viernes en Bruselas la segunda ronda de reuniones sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre EEUU y la UE, que de ser aprobado supondrá la supresión de barreras arancelarias (económicas) y no arancelarias (normativas) entre EEUU y el Viejo Continente, dos potencias cuyos intercambios comerciales ascienden ya a más de 700.000 millones de euros al año. Dicho de otro modo: permitirá operar con mayor libertad a las grandes empresas en el camino hacia el liberalismo económico.

En conversación telefónica con Público, el profesor de Cooperación al Desarrollo y Vicedecano de Investigación y Doctorado de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), José Antonio Sanahuja, ha asegurado que "el problema no es necesariamente la liberalización, sino que ésta se haga entre socios asimétricos, que el reparto de costes y beneficios recaiga sobre los países más débiles y los sectores más débiles. El problema es si esa liberalización conduce a un relajamiento de los estándares laborales y de la protección de la salud de los consumidores, de las normas técnicas", añade el especialista en las relaciones entre la Unión Europea y América Latina

Para Sanahuja, son las barreras no arancelarias, los estándares sanitarios, de seguridad o medioambiente el principal obstáculo a salvar para ratificar este acuerdo comercial —los aranceles ya son bajos—. "EEUU quiere proteger a sus consumidores y a sus productores, igual que la Unión Europea, y como los estadounidenses, los europeos usamos estos estándares como medidas proteccionistas", asegura. Cree que el TLC no puede ser comparado con los tratados establecidos con América Latina, por tratarse de un acuerdo "entre países del norte, entre iguales", pero critica que "se está negociando de manera opaca, con mucho secretismo y sin participación de los sectores implicados. Un  control democrático absoluto es imposible en los tratados, pero entre eso y el secretismo absoluto hay un término medio", defiende.

José Ángel Sotillo, profesor de Relaciones Internacionales de América Latina en la UCM se muestra rotundo: "Evidentemente, los más interesados, como las grandes corporaciones, tienen un altísimo interés en lograr un acuerdo que les beneficie, con lo cual junto a las negociaciones formales existen multitud de presiones que seguramente casi nunca conoceremos", asegura Sotillo.

El espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) estadounidense a millones de ciudadanos europeos y a varios líderes mundiales es, según Sanahuja, otra cuestión "crucial, hasta el punto de que la UE está pensándose seriamente si seguir negociando con EEUU. Si se ratifica el tratado, las empresas de la UE podrán participar en concursos públicos en EEUU y las empresas de EEUU aquí. Esto presupone que las empresas están en igualdad de condiciones... Pero si sabes que hay una agencia de seguridad que practica el espionaje económico para mejorar las opciones de sus empresas, ¿cómo vamos a negociar un tratado de libre comercio? No hay confianza", asegura.

En este marco, preguntado por si pueden darse casos de espionaje industrial, Sotillo no tiene dudas: "Por supuesto, con y sin acuerdos comerciales, a escala de las potencialidades de cada actor", afirma.

El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, ya ha pedido la paralización cautelar de este tratado, secundado por IU y el PSOE , pero los dirigentes europeos han insistido en seguir adelante con la negociación, al tiempo en que se mostraban sorprendidos por las revelaciones sobre las escuchas de EEUU. "El problema es que los servicios de inteligencia europeos están colaborando con los servicios estadounidenses, como se apresuró a declarar un responsable de EEUU", añade Sanahuja, que tacha la posición europea de "vergonzante".

Y esto, sin abordar siquiera las cifras esgrimidas por Bruselas y Washington para convencer a la opinión pública de los efectos beneficiosos de este acuerdo: según las escasas notas de prensa elaboradas, el tratado supondría un beneficio de hasta 110.000 millones de euros para las exhaustas arcas europeas (cerca de 545 euros por familia para nuestro país), lo que correspondería a un aumento de entre un 0,5% y un 1% del PIB. En el caso de EEUU, el supuesto aumento de riqueza rondaría los 95.000 millones, pero no es fácil encontrar datos que sustenten estos cálculos, tras dos rondas de reuniones en las que es difícil sacar datos en claro sobre esta materia.

Sotillo no se muestra sorprendido al respecto: "Habitualmente, quien quiere negociar un acuerdo comercial encarga ex profeso estudios e informes que adelantan los enormes beneficios de la liberalización. Sin descontar la fiabilidad de las estimaciones, seguramente impactos negativos en cuestiones laborales, derechos sociales o impacto medioambiental no suelen figurar en esas estimaciones" sostiene.

Su compañero Sanahuja se manifiesta en la misma línea: "Habrá que ver esas cifras. Normalmente los tratados de libre comercio producen un incremento en agregado en el PIB, otra cosa es cómo se distribuyan los costes. Mejoran la eficiencia y la competitividad —a veces muy denostadas desde la izquierda—, pero otra cosa es cómo se obtengan. Una cosa es que se obtenga una mejora por la incorporación de tecnologías, por la mejora de las condiciones productivas. Otra cosa es la falsa competitividad que se obtiene precarizando el empleo, defiende el experto, que también critica la insuficiente capacidad reguladora de los mercados de la Unión Europea, y sostiene que hay que desarrollar nuevos mecanismos, que, pese a todo, no seguirán funcionando de la misma manera de aprobarse el tratado. "El riesgo es que un tratado de libre comercio con EEUU solamente incluya la agencia de liberalización comercial y no los otros elementos", opina el experto.

de facto

"Si tenemos que negociar normas técnicas, ¿qué vamos a hacer? ¿Aplicar el reconocimiento mutuo? A lo mejor no todos estamos dispuestos. Y por otro lado, en la práctica puede suponer rebajar los estándares que tanto nos ha costado conseguir, en medio ambiente, en salubridad de los alimentos, en prohibición de ciertos productos químicos", opina Sanahuja, que prevé la normalización de estándares de facto al aceptar "productos estadounidenses con estándares más laxos, lo que además hace que los productos europeos con estándares más exigentes se tornen menos competitivos. Al final, si se pueden comercializar productos con estándares diferentes, la consecuencia es que pueda inducir un raise to the bottom, una carrera hacia abajo, hacia la reducción de estándares", defiende, aunque aclara que esto no necesariamente supondría una ventaja competitiva para EEUU, sino que dependería de los sectores: "Los europeos tenemos los estándares más altos en unas cosas y EEUU en otras", zanja. 

En opinión del profesor, celebrar un referéndum de consulta para los ciudadanos europeos es difícil "a no ser que se produzca una fuerte movilización social, como sí ocurrió en Costa Rica", recuerda. 

En este escenario, la Eurocámara será la encargada de ratificar el acuerdo (si no afecta a las competencias nacionales de los 28). En el caso de que el texto no logre superar la votación, el tratado quedaría en agua de borrajas, ya que en opinión de los expertos no sería viable presentar enmiendas a un proyecto negociado previamente con EEUU. Preguntado por si el acuerdo es o no irreversible tras su aprobación, Sotillo apunta que "todo tratado mantiene su vigencia por el período establecido, aunque muchos incluyen cláusulas de revisión, por si cambiaran las circunstancias o para adaptarlos al paso del tiempo".

Para el profesor, el acuerdo "no es una herramienta para subordinar los mercados europeos a los estadounidenses, dado que hay empresas europeas con claros intereses en lograr ese acuerdo", y se muestra partidario de su aprobación, que "facilitaría un mayor intercambio entre ambas partes".

Este viernes concluye la segunda ronda de reuniones entre Bruselas y Washington sobre el acuerdo que, "además de suponer la supresión de barreras arancelarias y no arancelarias permitiría incorporar normas comunes a la protección de las patentes, mecanismos de resolución de diferencias en el ámbito comercial y normas de origen", según Sanahuja. Sin embargo, a primera hora de la mañana aún no habían transcendido datos sobre las negociaciones mantenidas estos días, que deben proseguir en Washington entre el 16 y el 20 de diciembre.

Sotillo se muestra cauto a la hora de evaluar la influencia del tratado en nuestro país de ser aprobado: "Hay que tener en cuenta que la negociación llevará bastante tiempo, años quizá, y aunque se apliquen medidas provisionales es difícil, por lo menos para mí, hacer alguna valoración".

Sanahuja se muestra optimista: Dado el fuerte peso de sector agroindustrial y algunos sectores industriales en nuestro país, para España sería positivo, abriría mercado que por normas técnicas, nos impide exportar ciertos productos. Lo único que tira de la economía en esta situación auto-infligida por las políticas contra la crisis son las exportaciones. Por el hecho de acceder más a mercados externos podríamos mejorar la situación", defiende el experto.

"A comienzos de la década de los noventa, Estados Unidos impulso un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), expresión del neoliberalismo y de las recetas del Consenso de Washington. De esa iniciativa surgió el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA por sus siglas en inglés), que reúne a Estados Unidos, México y Canadá. Las resistencias y el rechazo de otros Estados llevaron a la Administración estadounidense a negociar acuerdos bilaterales, como los que tiene con Colombia, Perú o países centroamericanos" recuerda el profesor Sotillo.

Sanahuja es claro: "La firma del NAFTA ha tenido efectos devastadores sobre sectores industriales y agrícolas poco competitivos, ha provocado enormes flujos migratorios hacia EEUU, y limita notablemente las posibilidades de estrategias de desarrollo alternativas para México. Pero también ha permitido el desarrollo de un tejido industrial muy fuerte orientado a mercados internacionales. Ha significado menos soberanía, pero ha dado autonomía a México en otros aspectos. No siempre la dependencia económica y comercial significa pérdida de soberanía, a veces genera interdependencias recíprocas que te dan margen para maniobrar políticamente", asegura el profesor.

"Hoy México está muy sincronizado con el ciclo económico estadounidense, pero eso pasa igual en otros sitios. La globalización avanza a través de acuerdos de libre comercio, sí, pero también a través de otras maneras. Y es difícil sustraerse a esto".