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'La Familia' que saqueó las riquezas de Túnez

Los Ben Alí-Trabelsi controlaban todos los sectores de la economía nacional 

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Túnez no era un país. Era una empresa. Zin el Abidin Ben Alí no era un jefe de Estado. Era el consejero delegado de esta empresa. El problema era que todos los beneficios, absolutamente todos, iban a parar directamente a su bolsillo. Y a los de su esposa, Leila Trabelsi, ahora exiliada en un palacio de Arabia Saudí y ya ex capo di tutti capi de una mafia familiar que expolió a los tunecinos. Resulta difícil cifrar la fortuna personal de la pareja dictatorial la revista Forbes habla de 5.000 millones de dólares, porque la mano de los Ben Alí-Trabelsi alcanzaba todos los sectores de una economía saqueada.

'El problema de Túnez no es la creación de riqueza, porque la hay, sino la distribución de esta riqueza', escribió un economista tunecino de la región del Sousse, al noreste del país magrebí. Una zona conocida del dictador huido, porque allí nació y allí mandaba. El sistema mafioso de la ex pareja presidencial se basaba en una distribución geográfica de Túnez: el clan Ben Alí controlaba la región natal del tirano y la zona costera del centro, mientras los Trabelsi tenían la región de la capital, la más rica del país.

La esposa del tirano intrigaba con su clan en el salón azul del Palacio de Cartago

Resultaba imposible hacer negocio sin el respaldo que se obtenía, entre otros medios de extorsión, mediante pago al banco Caja 26-26, según denunciaron varios empresarios locales de La Familia, como llamaban los tunecinos al despótico clan. 'La especialidad de Leila Trabelsi era la depredación económica en beneficio de los suyos. Se solía reunir con su clan en el salón azul del Palacio de Cartago para plantear qué nuevo bien inmueble iban a comprar', explica Catherine Graciet en el ensayo La Régente de Carthage (La regenta de Cartago; no traducido al castellano).

Pero La Familia no se limitaba a comprar edificios. La lista de haberes financieros y bienes inmuebles de los Ben Alí-Trabelsi en el mundo entero es tan larga que ninguna autoridad es capaz de precisar el monto de su imperio.

Entre otras cosas, los Ben Alí-Trabelsi poseen: un edificio en el corazón de París de un valor de 37 millones de euros, varios apartamentos en la capital francesa y sus alrededores, un chalet en la elitista estación de esquí Courchevel y una villa en Cannes, además de sus numerosas residencias en Túnez. Un yerno de Ben Alí compró en 2008 una casa en Vermont (EEUU) por dos millones de dólares. Otro familiar era dueño de 19 caballos de carreras. Sin olvidar numerosas cuentas corrientes en Francia, Suiza y paraísos fiscales.

El mayor de los diez hermanos Trabelsi era el magnate más poderoso del país

Además, la rama argentina de la ONG de lucha contra la corrupción Transparency International, Poder Ciudadano, sigue investigando las riquezas del clan en el país, aunque no ha llegado aún a ningún listado claro. Se habla de villas, inmuebles y terrenos que también tendría el dictador en Brasil, Canadá, Malta y Dubai. Leila Trabelsi viajó, según los servicios secretos franceses, en diciembre pasado a los emiratos del golfo Pérsico con 1,5 toneladas en lingotes de oro del Banco de Túnez (unos 45 millones de euros), antes de exiliarse en Arabia Saudí.

Este pillaje sólo era posible con el control absoluto de la economía tunecina. Todos los grandes sectores (construcción y transportes, turismo y hostelería, banca, centros comerciales, telefonía) estaban bajo dominio de los Ben Alí-Trabelsi. Algunos expertos tunecinos consideran que controlaban al menos un 40% de la economía nacional. Sin embargo, desde que el presidente Ben Alí se casó, en 1992, con la peluquera Leila Trabelsi, los que realmente controlaban el país eran los familiares de ella.

Leila Trabelsi tiene diez hermanos, todos en 'el negocio'. El mayor de la familia, Bel-hassen, era un hombre clave del régimen. Y uno de los más ricos. Según un cable de la diplomacia de EEUU publicado por Wikileaks, la población tunecina creía que Belhassen había 'tomado el control del palacio presidencial y manipulaba las tomas de medicinas de Ben Alí [padece cáncer] para mantenerlo bajo su influencia'. Belhassen 'un hombre de negocio de éxito', según el tirano huido era el dueño del Banco de Túnez y ninguna operación financiera se llevaba a cabo sin que él cobrara una comisión.

Leila tenía a sus favoritos: su sobrino Imed muerto el pasado día 14 y su yerno Sajer al Materi. Exiliado en Arabia Saudí, Al Materi tenía bajo su mando la sociedad de concesionarios automovilísticos Ennakl (Volkswagen, Audi) y el banco islámico Zeituna, que da nombre a una radio y una televisión de programas religiosos. La Familia también dirigía grupos como Karthago (hostelería de lujo y aviación) y franquicias de las grandes marcas francesas, como Monoprix, Géant (supermercados) y Orange.

La corrupción generalizada el director de las aduanas era muy cercano al dictador permitía desviar los fondos. La fortuna del conjunto del clan Trabelsi asciende a casi 12.000 millones de euros, según el opositor Slim Bagga.

Ante este atraco institucionalizado, a nadie le sorprendió que los tunecinos saquearan las residencias de los Ben Alí-Trabelsi. Sólo recuperaban lo que era suyo.