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La fiesta que se celebra desde hace 3.000 años

En un país como Irán, donde la religión es omnipresente, el Nowruz, una celebración de origen preislámico, se vive con mayor intensidad que cualquier otra fiesta del año. Mientras las calles de Teherán se adornan y perfuman, los casi 4.000 iraníes que viven en España se debaten entre la emoción y la nostalgia.

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En EEUU viven entre medio millón y un millón y medio de ciudadanos de origen iraní. Incluso en Los Ángeles hay un barrio conocido como Tehrangeles. Jóvenes estadounidenses de origen iraní celebrando el Chaharshanbe suri.

¿Qué hará el que el círculo del tiempo como un compás no culmina,
el que ha caído en el giro de los días?

Hafez-e Shizari

A las 5 horas, 15 minutos y 19 segundos hora española los iraníes celebrarán este martes la llegada del Nowruz, el año nuevo del calendario persa. Llevan preparándose para esta fecha desde hace semanas: han limpiado a conciencia su casa, se han deshecho de los trastos viejos, han perfumado sus habitaciones con jacintos o narcisos, se han comprado ropas nuevas, han plantado las semillas que hoy pondrán en la mesa y que auguran buenos deseos para el nuevo año. En Irán, las calles están llenas de flores durante estos días; los vecinos se muestran más amables que nunca. Tras los meses de invierno, el Nowruz celebra el despertar de la naturaleza, el triunfo de la luz sobre las tinieblas.

De hecho su propio nombre significa en farsi ‘día nuevo’, y es el inicio de dos semanas festivas en las que los iraníes aprovecharán para visitar a sus familiares, para viajar por el país. Tanta es la gente que se moviliza con motivo de esta celebración que las agencias de viajes desaconsejan visitar Irán en estas fechas: existe la posibilidad de no encontrar hoteles disponibles. ¿Pero mientras allí se festeja, cómo celebran el Nowruz los persas que viven en España?

Una fiesta milenaria

El Nowruz es en una celebración bastante visible en Estados Unidos o Canadá, los dos países que cuentan con mayor cantidad de inmigrantes iraníes (en el caso de Estados Unidos, en torno a 500.000, una cifra superior a la población total de Bilbao). En España, donde según el INE la comunidad es de apenas 4.000 personas, es posible que pase desapercibida para la mayor parte de la gente. Pero no será, desde luego, porque los iraníes residentes aquí no vayan a festejar con la intensidad que les es propia el gran día de su calendario. Es más, la celebración empezó ya la noche del pasado martes, con lo que se conoce como Chaharshanbe suri, literalmente ‘miércoles de fuego’.

Familia persa celebrando el Chaharshanbe suri junto a la playa

Amin, como una proporción muy importante de los iraníes que viven en nuestro país, es estudiante de posgrado. España, a diferencia de otros vecinos europeos, permite cursar algunos de sus posgrados sin necesidad de hablar alguna de las lenguas oficiales del país y, por lo tanto, muchos jóvenes persas de familias bien situadas vienen para formarse y después dar el salto a otros lugares que les ofrezcan más salidas profesionales. No es el caso de Amin. A él y su mujer les gustaría quedarse en España. Ambos participan en el chat de Whatsapp Iraníes en Barcelona, formado por más de 400 personas. Este año, varios miembros de dicho grupo se han puesto de acuerdo para celebrar el Chaharshanbe suri en una playa de la ciudad.

En Madrid también es habitual que, año tras año, se organicen quedadas más o menos multitudinarias con motivo de esta fiesta en la que, al igual que en las hogueras de San Juan, los participantes tienen por costumbre saltar sobre las llamas. Según dice la tradición, el fuego absorbe la energía negativa del que salta, que se convierte en las llamas amarillas, a la vez que le hace llenarse de energía positiva, que procede de las llamas rojas.

Como la mayoría de las celebraciones que giran en torno al Nowruz, el Chaharshambe suri tiene su origen, con casi toda seguridad, en el zoroastrismo, una de las primeras religiones monoteístas de la historia, surgida en Asia central hace más de tres milenios. Antes de que existiera el imperio romano, antes de que Alejandro realizara sus conquistas, antes incluso de que la primera democracia de la historia naciera en Atenas, antes de todo esto, en Oriente Medio ya se celebraba cada año el Nowruz. Se cree que Darío I, el gran rey Aqueménida, fundó Persépolis, además de como fastuosa residencia real, como centro de celebración de festividades vinculadas con la religión del imperio. De hecho, el zoroastrismo siguió siendo la fe mayoritaria de Irán hasta que, en el siglo VII, un hecho cambió para siempre la historia del país: la conquista árabe por parte del califato Omeya, el mismo que, por cierto, dominó Al-Andalus.

Mujeres kurdas iraníes durante una danza tradicional en las celebraciones del Nowruz de 2016. - AFP

Una comunidad poco cohesionada

Para festejar el Chaharshanbe suri, Alireza escogió hacerlo en un ambiente más íntimo: en casa de un amigo, con sus familias, alrededor de un pequeño fuego encendido en un jardín de las afueras de Barcelona. De joven, en Irán, llamaban a Alireza ‘el español’ porque nació en Alcoy. Cumplidos los 26 años, viajó a España y lo hizo para quedarse. Junto con su mujer, Sonia, catalana, ha puesto en marcha la Asociación Cultural Hispano iraní Ferdousí, en honor al poeta persa del siglo X, un proyecto que tiene una doble línea de trabajo: por una parte, acercar la cultura iraní a los españoles y, por otra, ayudar a los iraníes que viven en España a conocer la cultura local.

"El iraní, por lo general, no tiene problemas para integrarse en la sociedad española. Entre otros muchos factores, porque no se trata de una comunidad especialmente cohesionada", asegura Alireza. Prueba de ello es que, pese a ser tan pequeña, se encuentre tan repartida por todo el país: en la Comunidad Valenciana oscila en torno a los 500, en Catalunya y Andalucía casi llega a mil y en la Comunidad de Madrid supera por poco esta cifra. No existe un perfil único del iraní que vive en España. Están los estudiantes, pero también los hombres de negocios o las personas que se marchan de su país, ya sea por cuestiones políticas, ya sea buscando un lugar que les ofrezca mayores libertades sociales; incluso, aunque son pocos, hay algunos iraníes que obtienen un visado de residencia al adquirir un piso valorado en más de medio millón de euros, lo que se conoce como golden visa.

Pero, más allá de la diversidad, si hay algo capaz de poner de acuerdo a casi cualquier iraní ─además del orgullo que sienten por su historia y su literatura, así como el gusto por su gastronomía─, es la celebración del Nowruz. Tal es la su importancia que, durante su mandato, el expresidente Ahmadinejad, que, como una parte del ala conservadora de Irán, recelaba de una festividad que es claramente preislámica, tuvo que desistir en su intento de acortar las dos semanas de vacaciones que siguen a su celebración: la resistencia popular era demasiado fuerte. Este fue el último intento por atenuar la importancia de una fiesta que, mucho antes, siglos atrás, sobrevivió a varias olas de arabización gracias a la defensa que de ella hizo un pueblo, sin duda apegado al islam, pero que mayoritariamente, antes que nada, siempre se ha reconocido como persa.

Ejemplo de Sofreh Haftsin, la mesa de las 7 S. - Alireza Ferrokhzadi

La mesa de los 7 ‘S’

Para los iraníes en el extranjero, el Nowruz significa celebración pero también añoranza. Besharat es lingüista y pese a que lleva solo 7 años en Barcelona, habla un castellano excelente. Al igual que la mayoría de las iraníes que viven en España, no usa el hijab (el pañuelo que cubre la cabeza y el cuello pero no la cara). Tiene su vida plenamente instalada en España y sin embargo, con la llegada del Nowruz, siente que todo se tambalea: “Me noto bastante triste. Mis padres me envían fotos de las calles decoradas y yo ahora mismo daría lo que fuera por ir allí, aunque fuera para estar un solo día, una sola hora”.

Besharat, como es común entre los iraníes, independientemente de su ideología o clase social, celebrará el Nowruz a la manera tradicional. Ha preparado en su casa el Sofreh Haftsin (la mesa de los siete ‘S’), formada por varios elementos cuyo nombre en farsi empieza por esta letra y que poseen un gran simbolismo. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, el Sabze, brotes de lenteja o trigo que representan el renacer de la vida; el Sib, la manzana que simboliza la belleza; o el Samanu, un pudin hecho de trigo que augura bonanza económica. Además, es posible que también incorpore otros objetos tales como el Aine, que significa ‘espejo’ y que representa la reflexión sobre uno mismo, o el Mahí, dos peces rojos que simbolizan el curso de la vida. Asimismo, es costumbre poner en la mesa un libro del gran poeta persa Hafez y, abriéndolo al azar, leer varios versos tratando de encontrar en ellos una enseñanza que pueda aplicarse a la vida propia.

Dentro de trece días, los persas irán al campo con sus familias y amigos para celebrar el Sizadh Bedar, que pone punto y final al Nowruz. Cargarán con comida y pasarán el día festejando. Llevarán también los brotes de lenteja ─el Sabze─ que, según dice la tradición, habrán absorbido durante este tiempo la energía negativa de la casa, y los arrojarán a la corriente del río. De ese modo, el renovado fluir de la naturaleza, que vuelve a la vida tras el tiempo de letargo, alejará el infortunio, la desgracia. El año nuevo persa no representa solo una fecha del calendario si no que es, a su modo, un renacer del mundo.