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"La figura de Mohamed VI es intocable en Marruecos"

Este marroquí de 29 años, que utiliza su tiempo libre para alimentar su blog 'El mundo de Erraji', escribió un artículo en el diario digital hespress.com en el que criticaba al rey de Marruecos. Fue condenado a dos a

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La peripecia que llevó a Mohamed Erraji desde su modesto trabajo en un hammam (baño público) en Agadir hasta una pestilente celda de una prisión comenzó el 3 de septiembre.

Ese día, este marroquí de 29 años, que utiliza su tiempo libre para alimentar su blog El mundo de Erraji, colgó un artículo en el diario digital hespress.com en el que criticaba al rey de Marruecos por repartir prebendas entre los súbditos que se lo suplican o se deshacen en elogios hacia él.

En el texto se decía que 'un Estado que respeta a sus ciudadanos no hace de ellos mendigos'. La respuesta de ese Estado fue fulminante: dos años de cárcel por 'humillar al soberano'. Una condena que Erraji no cumplirá gracias a la campaña de solidaridad dentro de su país y en el extranjero Reporteros sin Fronteras denunció su caso que logró que el juicio se anulara. El martes recogió en Madrid el premio del Club Internacional de Prensa al bloguero de mayor impacto 2008.

¿Sobrevaloró usted el nivel de libertad de expresión en su país?

«Si no hubiera sido por la presión de la sociedad, aún seguiría en prisión»

Lo cierto es que nunca pensé que ese artículo pudiera ocasionarme tantos problemas. Yo no suelo escribir sobre temas políticos. Sí era consciente de que la monarquía es una de las llamadas líneas rojas (los temas que se consideran intocables: la religión, la monarquía y la integridad territorial) pero nunca vi una transgresión de ellas en mi artículo.

¿Fue torturado?

No, me trataron bien. El primer día los policías me interrogaron desde las diez de la maña-na a las cinco de la tarde. Lo más gracioso es que, como yo sólo tengo estudios primarios, no se creían que hubiese escrito el artículo. Llegaron a traerme un papel para que demostrara que sabía escribir.

¿Cómo fue el juicio?

Al tercer día me presentaron ante el fiscal y al día siguiente ante el juez, que me preguntó si iba a tener abogado. Mi respuesta fue que no podía pagarlo. Aun así, la audiencia siguió adelante, aunque no duró ni cinco minutos. Al final, fue el alguacil quien salió de la sala y empezó a decirnos a todos los que habíamos comparecido ante el tribunal: 'Tú, cinco años; el otro, tres', y así distribuyeron las condenas. A mí me echaron dos años y 5.000 dirhams (unos 450 euros) de multa. Me llevaron a la cárcel y me metieron en una celda cuyas condiciones eran inconcebibles (la celda estaba infestada de ratas). En 35 metros cuadrados nos hacinábamos 52 presos. Después, mi hermano alertó a la prensa y empezó la movilización. Yo acabé en la cárcel por una orden que vino de arriba. No hay más que ver la rapidez con la que me juzgaron.

Ese mismo jueves le dieron la libertad condicional y luego el juicio se anuló.

Sí, estoy satisfecho porque se vio que el proceso no tenía base. Pero si no hubiera sido por la presión de la sociedad civil yo aún seguiría en prisión.

¿Volverá usted a escribir sobre Mohamed VI?

No, el rey es intocable y yo debo trabajar para ayudar a mi familia: no puedo pasar dos años en la cárcel.

Aun así: ¿mantiene sus ideas acerca del monarca?

La distribución de ciertos privilegios no puede estar en manos de una persona. La clave está en que los derechos de los ciudadanos tendrían que estar claros, cosa que no sucede.

Sin embargo, usted dijo que la monarquía daba estabilidad a Marruecos.

Para que así fuera, esta tendría que ser democrática. Mohamed VI habla de acabar con la corrupción y de independencia de la justicia, pero luego la realidad no tiene nada que ver con sus palabras.

¿Qué hace falta para que el cambio llegue?

En Marruecos se quiere el cambio, pero para que éste tenga lugar alguien tendría que asumir la voz del pueblo. Ni los partidos políticos ni las asociaciones ni nadie toma la palabra en su nombre. Falta un marco que aúne los esfuerzos por la democracia. El deseo de democracia existe, pero para empezar hace falta una auténtica separación de poderes: que el Gobierno tenga poder y pueda ejercerlo, que el Parlamento controle al Ejecutivo y que los jueces puedan hacer su trabajo con independencia.

Su historia demuestra que la blogosfera marroquí es un espacio de libertad.

Al menos lo era, pero cuando se me acusó y encarceló se quiso dar una lección a todos los otros blogueros.

¿Es usted pesimista sobre la evolución de su país?

Si se sigue con las prácticas descritas en mi artículo, sí.