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Fukushima ha sido un golpe más duro que Chernobil para la industria nuclear, según los ecologistas

Greenpeace reclama que los suministradores de centrales asuman responsabilidad en caso de accidente

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El accidente nuclear en la central de Fukushima Daiichi, del que este lunes se cumplen dos años, ha supuesto un golpe 'más duro aún de lo que fue Chernobil' y ha provocado un 'parón generalizado' de la energía atómica a nivel mundial, según las ONG ecologistas, que reclaman que los fabricantes de las plantas tengan responsabilidad en caso de accidentes, para evitar que sean los ciudadanos quienes paguen las consecuencias económicas.

El portavoz de energía nuclear de Ecologistas en Acción, Paco Castejón, ha advertido de que el riesgo nuclear 'no ha pasado, ni mucho menos', porque hay reactores dañados y en condiciones precarias. A su juicio, este accidente en Japón ha supuesto 'un golpe mucho más duro' de lo que fue Chernobil, ya que se ha producido en un país desarrollado con una democracia consolidada y, además, se originó por un suceso externo a la central, lo que abre las dudas sobre las posibilidades de prever los riesgos y las consecuencias.

En cuanto a las pruebas de resistencia, que fueron impulsadas por Austria y que 'los países no tuvieron más remedio que hacer', Castejón recuerda que no incluyen eventos provocados por acciones humanas, atentados, impactos de avión, etcétera, sino solo los sucesos naturales. En su opinión, estas pruebas están devaluadas, ya que la información a los organismos reguladores es aportada por los propios titulares de las centrales. Por eso, ha subrayado que dos años después del accidente se ha producido un 'parón generalizado' para la industria nuclear, ya que el informe final de la Comisión Europea valora en 25.000 millones de euros las reformas sugeridas. 'Solo en España, ese coste asciende de 750 a 1.000 millones de euros de coste', ha precisado. A este respecto, ha destacado la ralentización, cancelación o replanteamiento de esta cuestión que han decidido países como Alemania, Suiza, Bélgica y Holanda han echado un 'freno gradual', mientras en España 'parece que va a cerrar (Santa María de) Garoña (Burgos)'.

En cuanto a Japón, tanto Castejón como la responsable de la campaña de Energía de Greenpeace, Raquel Montón, han apuntado que únicamente están funcionando dos de los 54 reactores y que en un país donde la nuclear generaba un 30% de la electricidad 'han podido prescindir de ella'.

Sobre los nuevos proyectos, China los ha suspendido y la central nuclear de Belene (Rumanía) que se estaba empezando a construir se ha paralizado. Castejón ha señalado que tanto en Estados Unidos como en China se están terminando las centrales nucleares cuya construcción estaba iniciada. 'En todo caso, esto no significa que sea un parón absoluto', ha insistido Castejón.

'Dos años después. La industria nuclear está agazapada, esperando a que pase el chaparrón y me temo que no se han aprendido las lecciones de Fukushima. Incluso en países como España, el Gobierno dice que es imprescindible, algo que es falso porque se puede sustituir por otras fuentes de energía', ha apostillado. En todo caso, admite que se han aprendido lecciones, porque las pruebas de resistencia han detectado clamorosos fallos de seguridad pero advierte de que 'la carrera perdida hacia la perfección nuclear que nunca se va a producir'.

Mientras, Montón ha indicado que uno de los problemas principales de la industria nuclear es que es el único sector que excluye de la responsabilidad a los suministradores; es decir que los fabricantes de las mismas no tienen responsabilidad. Esto supone que el titular es el responsable y tiene una cuantía de responsabilidad limitada, por lo que normalmente, es el Estado y, por extensión los ciudadanos quienes pagan el accidente. De momento, 'serán los japoneses quienes tengan que pagar las consecuencias', ha advertido Montón, ya que los proveedores de componentes General Electric, Toshiba e Hitachi 'no tienen responsabilidad legal' en el mismo.

En este contexto, Montón ha lamentado que mientras las inversiones en construcción de nuevas centrales nucleares ha caído en todo el mundo, en España se está haciendo 'justo lo contrario' y con centrales con una vida media de 25 a 28 años y una como Garoña, con 42 años de vida, se están 'planteando y oyendo voces para ampliar la vida útil de centrales muy viejas'. 'Esto es ir en contra de la tendencia europea', ha afirmado.

Finalmente, reclama que se establezca en España un calendario de cierre y, a nivel internacional, que las compañías fabricantes de centrales o sus componentes tengan responsabilidad. Al mismo tiempo pide que se inicien las inversiones para implantar las mejoras que plantean las pruebas de resistencia. 'En España podemos cerrarlas todas sin ningún problema y podrían dejarnos tranquilidad y ahorrarnos el problema de los residuos nucleares del futuro', ha concluido.