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Los funcionarios británicos se alzan contra los recortes de Cameron

Reino Unido vive la mayor huelga en 30 años a causa de la reforma del sistema de pensiones del sector público

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Reino Unido vivió la mayor huelga en 30 años, recordando al Winter of Discontent (Invierno de Descontento) de 1979 y, como entonces, tuvo idénticos protagonistas: los funcionarios contra un Gobierno conservador, esta vez liderado por David Cameron en lugar de Margaret Thatcher. Más de dos millones de trabajadores de sectores como educación, sanidad, aduanas o Justicia estaban convocados por una treintena de sindicatos para protestar contra la reforma de las pensiones.

El seguimiento fue muy amplio, pero según los datos del Gobierno sólo una cuarta parte de la Administración pública (135.000 funcionarios) secundó el paro. Oficialmente, tan sólo 18 de las 900 oficinas de empleo del país llegaron a cerrar sus puertas.

Pero tanto en educación como en sanidad la huelga fue masiva. El Ministerio de Educación informó del cierre total o parcial de casi el 60% de los colegios, con 19.000 de las 21.700 escuelas de Inglaterra y Gales afectadas, entre ellas la de los hijos de Cameron.

La rebelión emula la del Invierno de Descontento contra Margaret Thatcher

Por su parte, El NHS (Servicio Nacional de Salud británico) informó de que se cancelaron 6.000 operaciones no urgentes de las 30.000 programadas, así como decenas de miles de citas médicas. Fuentes oficiales fijaron en 400.000 el número de trabajadores entre enfermeras, fisioterapeutas, médicos de ambulancia y administrativos que secundaron la huelga en la sanidad pública.

La jornada de paro se tradujo también en más de un millar de manifestaciones en todo el país, desde Cardiff o Birmingham, a Leeds, York y, por supuesto, Londres. Scotland Yard informó de que al menos 52 personas fueron detenidas por desorden público durante las marchas.

Brendan Barber, secretario general del sindicato mayoritario Trades Union Congress (TUC), afirmó que el seguimiento del paro fue prácticamente del 100%, con dos millones de trabajadores. 'Los problemas de nuestra economía no se van a solucionar destrozando la calidad de vida de seis millones de funcionarios', advirtió el líder sindical.

La incidencia en los transportes, especialmente en los aeropuertos, fue menor de lo esperado, en parte por el cambio de reservas y desvíos de vuelos de las principales aerolíneas. Tras la negativa la semana pasada de otros funcionarios a cubrir las bajas en los controles de pasaportes, el Gobierno optó por reclutar voluntarios de otros departamentos, evitando demoras en las fronteras. Hasta personal de Dow-ning Street incluido el jefe de prensa de Cameron, Gabby Bertin acudió al aeropuerto de Heathrow para ayudar.

Gracias a estos planes de contingencia, que incluso contemplaban la instalación de marquesinas y servicios portátiles en el exterior de la terminal de Heathrow para hacer frente a colas masivas de pasajeros, se evitó el caos en el tráfico aéreo. Sobre todo porque los sindicatos Public and Commercial Services (PCS) e Inmigration Services Union (ISU) hablaron de seguimientos de hasta un 90% en el control aduanero, con ninguno de sus miembros trabajando en Heathrow.

Cameron califica de 'dañino' el paro y de 'justa' la reforma de las pensiones

El Gobierno británico sigue enrocado en su posición en la reforma del sistema de pensiones, lejos de mostrar signos de flexibilidad. 'No quiero ver huelgas, ni colegios cerrados, ni problemas en las fronteras, pero este Gobierno tiene que tomar decisiones responsables', afirmó Cameron. Al mediodía, durante su comparecencia en la Cámara de los Comunes, el primer ministro restó importancia al impacto de la huelga, calificándola incluso de 'fiasco'. El líder tory llegó a acusar al Partido Laborista de haber 'apoyado de manera irresponsable huelgas dañinas', al tiempo que defendió como 'razonable y justa' la reforma de las pensiones de los empleados públicos. El Gobierno había estimado el coste de la huelga en cerca de 585 millones de euros.

En respuesta directa a Cameron, el laborista Ed Miliband cargó contra el Gobierno y exigió que asumiera su responsabilidad en la jornada de paro, apelando a la realidad de que era secundada por 'muchos trabajadores decentes que nunca antes lo habían hecho'. Para algunos sindicatos, como el de profesores One Union, fue la primera huelga que apoyaron en sus 114 años de historia.

El ministro de Finanzas, George Osborne, reprochó desde Bruselas la supuesta falta de diálogo de los sindicatos. Un extremo que desmintió el secretario general del sindicato Unison, Dave Prentis, quien criticó la escasa voluntad del Gobierno por negociar. Las dos partes no se han reunido desde el pasado 2 de noviembre.