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El futuro de la socialdemocracia Un antiguo colaborador de Hollande dirigirá el decadente Partido Socialista francés

Las bases del PS eligen al moderado Olivier Faure como secretario general. El nuevo líder socialista aspira a unir el centro izquierda liberal con los sectores más izquierdistas

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El nuevo líder del Partido Socialista (PS) francés, Olivier Faure, posa para los medios antes de una rueda de prensa en la sede de la formación, junto a las fotos de anteriores líderes. AFP/STEPHANE DE SAKUTIN

El diputado socialista Olivier Faure, un antiguo colaborador del expresidente François Hollande, dirigirá el decadente Partido Socialista francés (PS). Desconocido por la mayoría de los franceses, Faure se impuso este jueves en la primera vuelta de las primarias internas de esta histórica formación con el 48% de los votos. Su elección ha sido confirmada esta mañana después de que el exministro de Agricultura, Stéphane Le Foll (25%), haya renunciado a participar en la segunda vuelta prevista para el 29 de marzo. “El resultado es incontestable. Olivier Faure ha obtenido el mejor resultado y considero que tiene la responsabilidad de erigirse en el primer secretario”, ha declarado este viernes por la mañana Le Foll.

Tras haber recibido el apoyo de influyentes dirigentes socialistas, como la alcaldesa de Lille, Martine Aubry, o la exministra de Educación Najat Vallaud-Belkacem, Faure será investido oficialmente como secretario general del PS en el Congreso nacional del 7 y 8 de abril. Un encuentro que, en teoría, debería servir para relanzar el socialismo francés, inmerso en un súbito proceso de pasokización y desaparecido de un paisaje político francés dominado por el proyecto neoliberal progresista del presidente Emmanuel Macron y en el que Jean-Luc Mélenchon (republicano y socialecologista) lidera la oposición, según los estudios de opinión.

Cerca de 40.000 militantes del PS participaron este jueves en la primera vuelta de las primarias internas, la mitad de los 70.000 que en 2015 participaron en la elección del anterior secretario general, Jean-Christophe Cambadélis. La desmovilización de las bases socialistas, cuya participación fue la más baja en los últimos treinta años, resulta una prueba más de la decadencia de esta centenaria formación, que ha pasado del todo a la (casi) nada en apenas cinco años. Mientras que en 2012 los socialistas presidían la República francesa con François Hollande y dirigían las principales regiones y ciudades; su candidato, Benoit Hamon, obtuvo un 6% de los sufragios en las presidenciales del año pasado y cuentan ahora con tan sólo 30 diputados en la Asamblea Nacional (de un total de 577).

“La victoria de Faure muestra como el PS se ha convertido en una formación controlada completamente por el aparato y los cargos electos. Sus bases ya no las integran personas contestatarias”, asegura el politólogo Fabien Escalona, especialista de las socialdemocracias europeas. De hecho, la carrera interna para relanzar el socialismo francés ha reflejado la dificultad de esta formación para regenerarse. Además de Faure, 49 años, y Le Foll, 58 años, han competido en estas primarias internas el diputado Luc Carvounas, 46 años, y el eurodiputado Emmanuel Maurel, 44 años. Es decir, cuatro hombres, con unas trayectorias de al menos veinte años dentro del aparato.

“Nadie ha reemplazado el Partido Socialista”

“Nadie ha reemplazado el Partido Socialista. Ya sea el liberalismo jupiteriano de uno (Macron) o el populismo protestatario del otro (Mélenchon) o el nacionalismo de la tercera (Le Pen), ninguna de estas visiones substituye los objetivos y las respuestas socialistas”, declaró Faure en enero durante el pistoletazo de salida de su campaña para el Congreso. El futuro secretario general del PS, que ha titulado su programa “El camino del renacimiento”, pretende unir la corriente más liberal con la más izquierdista y proteccionista. La misma fórmula intentada por Hollande y que desembocó en el fracaso estrepitoso de su mandato, marcado por las políticas económicas neoliberales y leves avances en materia de ecología, igualdad de género y derechos civiles, como la legalización del matrimonio homosexual.

El expresidente francés Francois Hollande es recibido por miembros del Partido Socialista (PS), a su llegada a la sede del partido para participar en las primarias para elegir alnuevo líder del partido, en París (Francia).. EFE/CHRISTOPHE PETIT TESSON

De hecho, Faure ejerció entre 2000 y 2007 como jefe de gabinete de Hollande, cuando este último dirigía el PS. Durante casi treinta años de carrera política, el nuevo líder socialista, hijo de un padre francés y una madre vietnamita, ha seguido la trayectoria clásica de un hombre de partido. Ha ejercido como como jefe de gabinete del secretario general, colaborador parlamentario, consejero de Martine Aubry en el Ministerio del Trabajo a finales de los noventa… Tras haber sido elegido como diputado en 2012, se hizo con la presidencia del grupo socialista en la Asamblea Nacional a finales de 2016. Un cargo reeditado el año pasado con la nueva legislatura, aunque ahora con sólo 30 diputados.

“La personalidad de Faure no se caracteriza, precisamente, por su gran carisma”, ironiza el politólogo Christophe Bouillaud. Según este profesor de Sciences Po Grenoble, “si ha conseguido hacerse con la dirección de este partido, ha sido por el desinterés de los otros principales dirigentes”. Además de su falta de notoriedad y poca destreza comunicativa, también le reprochan la dificultad de encarnar un proyecto que se oponga al neoliberalismo progresista de Macron. Por ejemplo, le echan en cara que su esposa, Soria Blatmann, ejerciera hasta enero como consejera de Macron en el Elíseo.

El 'sorpasso' de la Francia Insumisa

El espacio político para un centro-izquierda moderado “es muy reducido en Francia. No veo con qué argumentos Faure puede convencer a los electores que voten a los socialistas”, explica Escalona. Según augura este especialista de la socialdemocracia, “difícilmente el PS volverá a erigirse en un partido de gobierno a nivel nacional”. Una trayectoria decadente del socialismo francés que, según Escalona, mantiene grandes similitudes con la crisis del Pasok en Grecia o de los partidos socialdemócratas en Holanda o Islandia.

La única nota discordante en la campaña por la elección de un nuevo secretario general del PS ha sido la figura de Emmanuel Maurel. Con el objetivo de encarnar un Jeremy Corbyn a la francesa, este eurodiputado ha basado su campaña en la necesidad de volver a seducir a la clase obrera y tejer alianzas con la Francia Insumisa de Mélenchon. Sin embargo, este proyecto izquierdista ha fracasado, al recibir el apoyo de sólo el 18% de los militantes. Según Escalona, “el fracaso de Maurel valida las opciones de Mélenchon y Hamon”, que abandonaron el PS para liderar sus respectivos movimientos, la Francia Insumisa y el movimiento Génération·s de Hamon, fundado en julio del año pasado.

El logo del Partido Socialista francés (PS), en una escalera de su sede en París, conocida como 'Solferino'. AFP/ STEPHANE DE SAKUTIN

Después de lograr el 19% de los votos en las presidenciales, Mélenchon se ha erigido en el principal opositor a Macron y aspira a hacerse con la hegemonía de la izquierda francesa. No obstante, la trayectoria de la Francia Insumisa se ha visto estancada ante la debilidad de los movimientos de protesta en Francia y la dificultad de esta formación para tejer alianzas con otras formaciones progresistas, como Génération·s o los comunistas franceses.

“La gran dificultad de la Francia Insumisa es que fue ideada como un movimiento de conquista en un momento convulso del paisaje político francés. Pero ahora parece que la situación política en Francia se ha congelado”, asegura Escalona, quien compara esta situación al final del ciclo de los indignados en España y la actual guerra de posiciones en el panorama político español, teorizada por dirigentes de Podemos como Íñigo Errejón.

De hecho, la principal esperanza para las izquierdas en Francia es que “Macron ha decidido aplicar unas políticas económicas claramente conservadoras. Y esto ha creado un espacio para una oposición de centroizquierda”, afirma Bouillaud. ¿Será el PS quien liderará esta alternativa? No lo parece. “Pero antes de dar por muerto al PS habrá que esperar a las elecciones municipales y regionales de 2020”, defiende este politólogo.