Publicado: 20.07.2014 08:32 |Actualizado: 20.07.2014 08:32

"La gente tiene que participar en las decisiones, pero no toda la izquierda defiende este principio"

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A punto de cumplir 92 años, Manolis Glezos (9 de septiembre de 1922) acaba de tomar posesión de su escaño en el Parlamento Europeo de Bruselas, como representante de Izquierda Unitaria Europa. En las pasadas elecciones comunitarias Glezos, referente absoluto de la izquierda griega en su país y en Europa, logró medio millón de votos, el récord histórico en cualquier elección griega hasta la fecha. Siete décadas después sigue siendo aquel joven de 19 años que un 30 de mayo de 1941 subió hasta la Acrópolis de Atenas para tumbar la bandera nazi e izar en su lugar la griega, por lo que sería finalmente detenido y torturado. Siete décadas después continúa al pie del cañón, ahora en el corazón mismo de Bruselas. ¿Por qué? En su Facebook, el pasado 25 de abril, lo explicó así: "Justo antes de cerrar mis 92 años, acepté la propuesta de Syriza para ser candidato al Parlamento Europeo. La razón es obvia: los tiempos sombríos que vivimos. No tengo derecho a abstenerme".

La legislatura acaba de echar andar. ¿Cuáles son sus primeras impresiones?

Fui diputado europeo hace 30 años, en 1984, así que me es fácil comparar las dos situaciones. Actualmente, el Parlamento Europeo tiene muchas más competencias de las que tenía antes, sin embargo no ha logrado todavía cumplir el rol que tiene que tener un parlamento electo y es la Comisión Europa la que continúa teniendo la hegemonía en la Unión Europa. Para mí ésta es la cosa más evidente. Por otra parte, aunque aún no he tenido apenas contacto con parlamentarios ni otros responsables de la UE, sí me ha llamado la atención para bien que hay muchos diputados en el Parlamento que, pertenezcan o no a algún grupo, cuando tienen que exprimir su opinión lo hacen con plena libertad, pueden seguir más o menos una línea marcada por el partido pero se nota que hablan mucho más libremente que antes para decir lo que piensan.

Usted forma parte en el Parlamento del Comité de Cultura y Educación. ¿Por qué ha hecho esta elección?

Lo he decidido yo con el acuerdo de mi partido [Izquierda Unitaria Europea]. ¿Por qué? Es muy sencillo. Los parlamentarios griegos en particular y en general la IUE tenemos una posición muy clara sobre lo que hay que cambiar y la UE debe caminar sin duda hacia una Europa de civilización y de cultura y no la Europa del dinero, de los bancos. Éste es el elemento principal de nuestra política.

Usted ha dicho: "Una nueva izquierda está naciendo". ¿Cómo es esa nueva izquierda?

¿Cuál es la posición de Syriza de cómo es y cómo debe ser Europa, qué nos diferencia de otros partidos de izquierda de Europa? A cualquier ciudadano de la UE que le preguntes va a decir que no puede aceptar que otro decida por él. Pero, ¿es esto verdad? Todo el mundo en Europa, en Inglaterra, en España, en Alemania, te dirá que sí, pero para nosotros en Grecia, debido al rescate, la situación es el doble peor que en estos países. Nuestra postura, por lo tanto, es la siguiente: no sólo no quiero que alguien decida por mí sino que quiero además participar en la toma de decisiones. El problema de esto es que aún no lo están diciendo mayoritariamente los ciudadanos, y desafortunadamente tampoco lo dicen todos los partidos de la izquierda en Europa, y a lo mejor por esa razón se encuentran en porcentaje de niveles bajos.

¿Es ése el motivo del ascenso de Syriza en Grecia?

¿Dónde está el Partido Comunista Español, el de Francia, el de Italia, por qué están tan abajo y por qué Syriza subió? Porque nosotros hemos añadido esta parte, la participación de la gente en la toma de decisiones. Nuestro slogan central es: Estamos en contra del gobierno, de la Troika, del sistema para que el pueblo llegue al poder. Esto no lo veo tanto que se diga en los partidos del resto de Europa y fue uno de los factores por los que subimos del 4% al 27% y en vez de tener un diputado europeo ahora tenemos seis. Nuestro crecimiento, esto es seguro, tiene que ver mucho con este planteamiento. Esto tiene que quedar claro para los ciudadanos y también para los partidos de izquierda. En aquellos países donde han entendido que integrar esta parte a su discurso han podido mejorar sus fuerzas. ¿Qué dice Podemos sobre esto?

Va a tener que preguntarle directamente a ellos, los tiene muy cerca [los despachos de Podemos en el Parlamento Europeo están a apenas 30 metros del de Glezos].

[Medita unos segundos]. ¿Cuál es la población de España?

Unos 46 millones de habitantes.

Nosotros somos once millones en Grecia, cuatro veces menos... para mí lo ideal sería que los dos partidos de izquierda en España [IU y Podemos] sumaran una mayoría de 24 millones de personas. Ése es el objetivo que tienen que tener los compañeros de España. De momento, ¿cuántos votos sumaron en las últimas elecciones?

Casi tres millones de votos.

[Cabecea, como diciendo: aún se está lejos de eso]. ¿Puedo hacer una reflexión general sobre otro asunto que me preocupa?

Adelante.

Con la crisis, la atención de la sociedad y de los medios de comunicación se está centrando más que nunca en los casos de corrupción, y está bien que así sea pero no hay que perder de vista que esto pasa en todos los países, no hay ningún país que esté limpio de corrupción, es un fenómeno que ha existido siempre, no se puede poner la tacha de que hay países corruptos y otros que no lo son. ¿Cuál es el problema, en mi opinión, entonces? Que se informa y se habla mucho sobre corrupción pero no se explican tanto las razones ni se encuentran soluciones eficaces para frenarlas, y esto debería ser una prioridad. Por este motivo, hay que plantearse: ¿cuáles son las razones que crean la corrupción y cuál es una solución contra la corrupción?

¿Cuáles?

Te voy a poner dos ejemplos: uno de la Grecia antigua y otro de la Grecia actual. En la antigua Grecia el que guardaba el tesoro y los bienes del Estado de Atenas, ¿cuánto tiempo crees que tenía el cargo de guardarlos?

No sé, ¿cuántos?

Tienes que decir algo.

¿Seis meses?

¡Un día! Porque se decía: Si te sientas sobre la miel, la vas a probar. Y no era mediante una votación sino que se sorteaba entre los ciudadanos, para que no se pudieran hacer arreglos ni pactos ni nada. Te tocaba o no, con el sorteo, y punto. Y el cargo era de sólo un día. Esto hoy es inimaginable pero entonces se hacía así. El ejemplo contemporáneo es éste: hace años fui alcalde de mi pueblo, Aparanthos, y pusimos en práctica la democracia directa durante doce años.

¿Con qué resultados?

Los ciudadanos tuvimos que manejar mucho dinero, dinero que provenía a veces del Estado griego, en otras ocasiones de los programas europeos; eran cantidades elevadas, como imaginarás. Hubo gente que denunció errores, pero todo fue controlado y se controlaba y nunca pasó nada. ¿Por qué? Porque fue el pueblo mismo quien manejó su propio dinero, se decidía para cada cosa y todo era en público, abierto, participativo. Nadie podía robar lo que se veía y se tenía que decidir en público y no en secreto. Aquí tienes, el ejemplo antiguo y el contemporáneo. Y ésta es una de las conclusiones que yo extraigo de ambos: es mejor que el pueblo ejerza el poder él mismo.

Sin embargo, ¿cómo se podría eso trasladar a gran escala, no ya a la escala europea con 28 países y más de 500 millones de personas, sino a escalas nacionales, con países con 30, 40, 50 y hasta 80 millones de personas, como Reino Unido o Alemania?

Esto es lo que se pregunta mucha gente. Y hay dos respuestas. La primera es que en el Estado de Atenas en la antigüedad la población era en toda la región de Ática entre 600.000 y 700.000 personas. Hoy en día, son 4,5 millones de personas. Hoy hay 36 ayuntamientos y en aquella época había 174. ¿Comprendes? Cuando distribuyes el poder se encuentran soluciones, hay que ir más hacia lo local, la gestión a pequeña escala, y ahí repartir el poder. Pero aparte de eso, otra vez hablando de la Grecia antigua: ¿sabes cuánta gente era miembro de un tribunal que tenía que decidir si imponer una sanción o no? En este cuerpo, que se llamaba Iliea, había 6.000 personas, y todos ellos eran los que decidían, tenían que encontrarse y decidir. Eran tantos que no se podía arreglar un resultado y todo tenía que ser en público. De todos modos, hay otra respuesta a tu pregunta: antes de hacer un barco, ¿había un barco? No lo había. Antes de hacer un submarino, ¿había un submarino? Tampoco. Pues ahí tienes la respuesta: tenemos que ponernos a trabajar para descubrir la manera de hacerlo. Y, dicho esto, quiero aclarar que no hay que confundir esta idea con un regreso al localismo, sino ver cómo se puede funcionar y qué cosas pueden funcionar en las pequeñas escalas en las que funciona el pueblo como un conjunto social, como una comunidad de personas que conviven y comparten un mismo entorno.

¿Está lejos de esto la Europa actual?

Vivimos en una Europa de Estados, algunos de ellos muy fuertes y de mucho peso, como Alemania, y también una Europa del dinero, de bancos y de grandes corporaciones, y nuestra meta es revertir esta situación. Hay movimientos en todos los países, no sólo en Grecia, y todos ellos tienen misma meta final: que el poder esté en las manos del pueblo, que nadie decida por él. Nosotros abogaremos por una Europa que se autodirija, que sea autónoma, autorresistente, sin que sea una Europa francesa, alemana o italiana, ni tampoco una Europa Atlántica [en referencia a las negociaciones comerciales que la UE mantiene con Estados Unidos]. Queremos una Europa de paz y que sea un factor de paz en el mundo, una Europa que esté a favor y promueva el desarme general. Ésta es la meta común que debería tener toda Europa.

Sin embargo, hemos acabado en la Europa de los rescates, y hemos acabado ahí desde aquella Europa de la prosperidad: préstamos fáciles, abundancia de dinero, un crecimiento económico que cada año aumentaba, en Grecia, sin ir más lejos, se celebraron a bombo y platillo unos Juegos Olímpicos en 2004, y sólo cuatro años después se produjo el rescate. Todo esto ocurrió delante de nuestros ojos, sin embargo, ¿por qué no lo veíamos, estábamos dormidos como ciudadanía, falto autocrítica, qué hizo la izquierda entonces?

Todo lo que dices es cierto, y hay que decirlo. Pero yo añadiría también que hemos estado en todo momento y lo hemos sabido bajo la hegemonía económica de Alemania. Hace dos días en el Pleno yo dije que hace 71 años, en la conferencia de Yalta, se encontraron los llamados tres grandes: Roosevelt, Stalin y Churchill. ¿Y qué dijeron? Se anula la colonización, se promueve la autogestión de los pueblos, el respeto a las minorías, el respeto a los derechos individuales. Pero 71 años después, ¿qué han hecho de cada una de estas cosas? La colonización se ha sustituido por una hegemonía económica y así hemos llegado al siglo XXI. ¿Qué ocurrió con las promesas de Yalta? Por eso digo que los tres son llamados grandes, lo digo con ironía porque no lo son en absoluto. Los problemas están aquí y tenemos la obligación de solucionarlos, y no sólo los que vivimos aquella época de Yalta.

Usted ha dicho: "El desempleo alimenta el fascismo", en referencia al auge de Aurora Dorada en Grecia. Junto a esto, en Europa, a tenor de los últimos resultados en las elecciones europeas, ha aumentado el euroescepticismo en Inglaterra, con UKIP, y en Francia la xenofobia y el ultranacionalismo, con Le Pen. Usted ha padecido a los nazis, a los fascistas italianos, la dictadura griega, una guerra civil. ¿Teme que pueda surgir la violencia porque algunos partidos de estos perfiles aprovechen una crisis como esta?

[Medita la respuesta y dice, sin ambages:] Sí. La extrema derecha no es un peligro de momento de cambio de sistema pero sí que son un peligro de problemas sociales. Por el momento, no van a cambiar el sistema democrático en Europa pero esos diferentes partidos pueden generar muchos problemas sociales y de convivencia en cada uno de sus países. Para Grecia, precisamente, el fenómeno de Aurora Dorada ha experimentado un salto tan grande porque sufrimos la tragedia social derivada de la crisis y del rescate. ¿Cuál sería la manera de enfrentarnos a ellos? Lo he dicho en el Parlamento griego muchas veces. Tenemos que quitarles la máscara, a todos ellos, descubrirlos, revelar su cara verdadera en la lucha social, en los derechos sociales, en las necesidades sociales de la gente. Y luego asegurarnos de que todos aquellos que violen las leyes sean juzgados y encarcelados. Es importante que la justicia funcione en este sentido. En Grecia nosotros mantenemos una gran diferencia con el Gobierno por esto. Hace dos años un diputado de Aurora Dorada golpeó a dos diputadas en el Parlamento y el Gobierno, que tiene un gran poder sobre el sistema judicial, logró que no fuera juzgado por ello. Finalmente lo metió en la cárcel por otro motivo pero sin un juicio, y esto no puede ser así de ninguna forma. Tiene que haber un juicio, estos actos deben ser juzgados, no se pueden dejar pasar.

Cuando escucha usted las arengas xenófobas de Marie Le Pen o pronazis de Aurora Dorada, ¿no le da miedo o dice: "Son cosas que se dicen, son otros tiempos, no va a pasar nada"? ¿Qué piensa usted, qué siente cuando los oye?

Cuando los escucho no se trata de una cuestión de qué siento o qué no, esto no tiene nada que ver con los sentimientos. Pero si tuviera que describir lo que pienso sería: ¿En qué hemos fallado para que hayamos logrado una democracia en Europa y sin embargo haya gente que se exprese de ese modo, que postule esos planteamientos? Yo tengo la costumbre de no buscar sólo en qué falla el otro sino de pensar también cuál ha sido mi fallo, mi responsabilidad, ¿tengo alguna responsabilidad en ello?, me pregunto. Y luego me planteo: ¿Cómo puedo enfrentarme a ello? No hay que claudicar, no hay que delegar en los demás, como te dije antes con la participación ciudadana en democracia, y decir: que sean otros los que lo arreglen, para eso los hemos votado. Hay que ponerse en frente de esta gente, de la gente que piensa así, hay que luchar contra quienes no tienen pensamientos democráticos porque sin lucha no se hace nada, por casualidad no viene nada. En la Grecia antigua se decía: Junto con Atenea, tienes que mover tu mano [Atenea era la diosa que protegía a la ciudad de Atenas].

¿De dónde proviene su activismo político?

Una cosa que aprendí de mi madre, de mi abuela y de mi pueblo natal, Aparanthos, es a tener confianza en uno mismo. Mi madre ha sido la persona que más me ha influido en cómo soy yo. Era maestra. Yo era el mayor de cinco hermanos. El siguiente, Nikos, fue fusilado por los nazis [los otros dos, Giorgos y Vasiliki, ya no viven, pero sí su hermana Baba, que tiene doce años menos que Glezos]. Mi madre fue también mi maestra en la escuela y era muy disciplinada, no podíamos hacer nada malo, ni robar, ni mentir. Un día, Nikos y yo fuimos a un árbol y tomamos unas frutas de él. Mi madre se enteró y se lo confesamos. Intentamos justificarnos diciendo que las ramas del árbol se salían de la parcela de su dueño y daban ya a la calle así que no habíamos robado, pero mi madre, lógicamente, no aceptó aquello y nos castigó. Era muy justa y en casa no se podía mentir y nunca mentíamos.