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Una gestora eficaz formada en la lucha revolucionaria

Hija de inmigrante búlgaro, combatió a la dictadura y fue torturada en prisión

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¿Quién le hubiera dicho a Dilma Rousseff hace apenas unos meses que sería la primera mujer en llegar al Palacio del Planalto, la sede del Ejecutivo brasileño? La presidenta electa no cuenta con el carisma de su mentor, pero se ha ganado a fuerza de trabajo la imagen de gestora dedicada y eficaz. Quienes la conocen de cerca la describen como una mujer inteligente, exigente y trabajadora hasta la extenuación: no abandonó su agenda durante el tratamiento del cáncer linfático que sufrió el año pasado. Pero, en Brasil, nadie pone en duda que su victoria se ha debido más a la fuerza de un Luiz Inácio Lula da Silva en la cresta de su popularidad. A partir de enero, Dilma tendrá cuatro años para demostrar a la sociedad brasileña, y a los escépticos de su partido, que es algo más que la delfina de Lula.

Hija de un inmigrante búlgaro y criada en el seno de una familia acomodada en el estado de Minas Gerais, Rousseff (Belo Horizonte, 1947) se formó en economía en la Universidad de Río Grande do Sul, al sur del país. Se cuidó en campaña de ostentar su pasado guerrillero, que genera las simpatías de algunos sectores de la izquierda pero suscita el recelo de buena parte de la sociedad brasileña.

Tiene fama de ser una mujer exigente, de gran inteligencia y muy trabajadora

Durante la dictadura militar (1964-1985), Rousseff militó en la organización política armada Vanguarda Armada Revolucionaria Palmares, fue torturada y pasó dos años en prisión. No está claro hasta qué punto se implicó en la lucha armada. Ya en las filas del Partido Democrático Laborista, ejerció varios cargos en el Gobierno de Río Grande do Sul, y se afilió al Partido de los Trabajadores (PT) de Lula hace apenas una década.

Nunca fue mujer del partido ni tuvo el apoyo de ninguna de las familias que lo integran, pero se ganó la simpatía de Lula con su firme gestión al frente del Ministerio de Minas y Energía, primero, y de la Casa Civil, después. Lula la escogió para estar al frente de la Presidencia tras el mensalão, escándalo de pago de comisiones ilegales a parlamentarios que salpicó en 2005 a varios dirigentes del PT. Fue entonces cuando Dilma se ganó fama de honestidad política, aunque su imagen empezó a cambiar cuando, en plena campaña electoral, un escándalo en el seno de la Casa Civil provocó la dimisión de Erenice Guerra, la ministra que la propia Rousseff había indicado para sucederla en el cargo.

Dilma nunca disputó un cargo en unas elecciones, y esa falta de experiencia se dejó ver en su nerviosismo en los debates, frente a un José Serra que comparte con la ex ministra la ausencia de carisma; pero él tiene a sus espaldas cuatro décadas de carrera política con su punto de mira en el Palacio del Planalto.  'Voto a Dilma porque quiero continuidad. No sé mucho de ella, pero me imagino que si ha llegado hasta allí no ha sido sólo por mérito del presidente', cuenta Richard, un votante.

Mantuvo su agenda incluso durante el tratamiento de un cáncer linfático

Tras meses de campaña electoral, para la mayoría de los brasileños Rousseff sigue siendo una desconocida. Incluso los analistas políticos y los periodistas tienen más dudas que certezas sobre la ex ministra. Se espera que continúe con la línea política que la llevó a desarrollar el Programa para el Aceleramiento Económico (PAC). Se intuye que ideológicamente está a la izquierda de Lula y le agrada la idea de un Estado fuerte. Poco más se sabe.

La pregunta es hasta qué punto Dilma será continuista del lulismo, que ha combinado las políticas sociales de transferencia de renta con las recetas clásicas de la ortodoxia económica liberal que, paradojas de la política, ha llevado a los mercados financieros internacionales a estar a favor de la candidata del PT. 'Creo que Dilma mantendrá la misma línea que Lula: es posible que favorezca al mercado y tenga algunos conflictos en las áreas social y ambiental', opina la politóloga Maria do Socorro Sousa.